Post Guerra 1939 45 09
Índice del Artículo
Post Guerra 1939 45 09
Página 2
Página 3
Página 4
Página 5
Página 6
Página 7
Página 8
Página 9
Página 10
Página 11
Página 12
Página 13
Página 14
Página 15
Página 16
Página 17
Página 18
Página 19
Página 20
Página 21
Página 22
Página 23
Página 24
Página 25

Japón firmó su derrota La SI 08/09/45 p. 1-3
Quítate tú, para ponerme yo La SI 22/09/45 p. 1-6
Secretos de Guerra alemanes en poder de los aliados La SI 22/09/45 p. 7
Los aliados se preparan para hacerse la guerra entre sí. Los aliados se arman contra sí mismos La SI 29/09/45 p. 2-4

Japón firmó su derrota
La SI 08/09/45 p. 1-3

 a) La paz. ¿La paz?
 Así dicen.  Naturalmente que, no porque así dicen, haya de ser así. Lo que se dice, tal vez sea así, tal vez no lo sea, tal vez sea lo contrario. Lo que dice la prensa (desde que la prensa es “empresa” y su vida depende de otros “empresas” que no son la prensa) ya no es criterio ¿Lo dicen los periódicos? Tal vez digan la verdad. Tal vez se equivoquen. Tal vez mientan adrede.
 Desde el momento, esa paz firmada ahora, a los seis años exactos de disparada la primera granada, no es la paz, sino una guerra peor.
 Las gentes tienen idea tan burda de las catástrofes que trae la guerra de armas,  que se nota con ello el espíritu nulo de raciocinio que se usa ahora.
 En otra ocasión notábamos un hecho que sucedió inmediatamente al fin de la guerra pasada, y que ahora vamos a recordar. Uno se orienta en cuanto a daños producidos por la guerra, especialmente muertes.  No tenemos a la vista las cifras exactas que vamos a citar, pero sí que, en el fondo, la comparación es exacta.
 En el final de aquella terrible catástrofe (1914-19) circularon cifras horripilantes acerca de los muertos  y heridos  que había  producido el terrible flagelo. Fue entonces cuando la revista técnica de París, “La Nature”, publicaba un estudio científico, de varias páginas y numerosos mapas, comparando los desastres de aquella fatal guerra, en cuanto a muertos y heridos, con los desastres de una sola enfermedad no bélica: la gripe, que se había desarrollado en los últimos meses.
 Resultaba que los muertos durante la guerra, todos los países incluidos,  sumaban unos 11 millones de individuos; y podía suponerse que los heridos y enfermos, no bajarían, por lo menos, del triple. En consecuencia, unos 33 millones de víctimas.
 Cosa ciertamente espantosa. Una verdadera siega de hombres, como si todas las furias se hubiesen concertado para matar gentes o ponerlas en estado de estar enfermos toda la vida. Porque 33 millones de bajas humanas, con más de 11 millones de cadáveres –y quién sabe si muchos más no controlados- no son, ciertamente, cien cadáveres. La parca no había cejado en su nefasta tarea. Y aquellas cifras no parecía sino que señalaran la calamidad suma que podía caer sobre la humanidad doliente.
 La citada revista hacía la historia, cifrada y documentada, del camino de la gripe en el año 1918 (último de la guerra), que, comenzando en las remotas regiones asiáticas, había dado la vuelta, en ocho meses, a toda la tierra. Del Asia había pasado a Rusia. De Rusia a la Europa central. De ésta, a la Europa occidental, de norte a sud, es decir, desde Noruega a España, pasando por Gran Bretaña. Se había asomado inmediatamente el Fantomas microbiano al Atlántico, y aparecía en América, de extremo a extremo, de oriente a occidente. En ese occidente la plaga comenzaba a agonizar: no parecía sino que las aguas del Pacífico se hubiesen tragado el microbio, aunque haciendo de las suyas, con intermitentes azotainas, en varias islas del Pacífico.
“La Nature” reunía las cifras oficiales, que, además, estaban marginadas por anotaciones importantes. Helas ahí, en general:
En los países civilizados, la gripe, en 8 meses, había producido 18 millones de muertes. Los dañados y maltrechos, que habían librado el pellejo, no debían ser menos que el cuádruplo, aunque, bajo este aspecto, las cifras no se habían reunido.  Dejemos, por tanto, esa parte, y limitémonos a los muertos.
A los 18 millones controlados, había que añadir lo menos la mitad más, siendo muy benévolos, fallecidos en la Liberia, las montañas hindúes, la China tártara, toda el África, sobre toda la cual las civilizadas potencias democráticas que usufructúan aquellos países no se dignan reunir estadísticas. En la guerra, habían tomado parte millones de tropas de esos países coloniales, y entre los 11 millones de muertos eran los coloniales contados.  Era natural que se contasen también los muertos por la gripe en los mismos países y regiones.
Quedamos, por lo mismo, en 11 millones de muertos en la primera guerra mundial y 29 millones (18 más la mitad) muertos por la gripe en los mismos momentos.