Hispanoamericanismo 45
Índice del Artículo
Hispanoamericanismo 45
Página 2
Página 3
Diplomáticas La SI 03/02/45 p. 7
El rol de Rusia en América La SI 29/09/45 p. 6
Bibliografía Valencia Cabrera, Pastor: Pensemos en el indio.- La Paz La SI 10/11/45 p. 8
Bibliografía 2886. Allen, Henry J.: Venezuela, una democracia. Buenos Aires La SI 22/12/45 p. 8

 Diplomáticas
La SI 03/02/45 p. 7


    Uno de los fenómenos más interesantes que se notan en el renacer argentino es el de rectificar líneas fundamentales en el sentido de los dictados raciales. Siguiendo en esto –porque lo bueno hay que imitarlo en lo posible- el sentido racista que dan EE. UU. y Gran Bretaña a sus líneas de conducta. Esos dos países accionan a base de su raza. “Tenemos deberes primordiales –decía el ministro Eden- en cuanto a formar una unidad de acción con los pueblos surgidos de nuestro seno. La comunidad británica de naciones independientes se nos impone como deber esencial”.
    Es notable hecho el que, procediendo así los ingleses y los yankis, pretendan que los pueblos hispano-americanos tiren por el lado contario. El imperativo racial es esto: imperativo. Está bien que los sigan los ingleses de ambos hemisferios. No está bien que pretendan  que los demás pueblos tiren por caminos distintos a base de unidad continental, amistad vecinal y otras accidentalidades.
    Amistad vecinal, bien y necesario. Convivencia continental, bien y necesario. Por encima de estas dos realidades geográficas, la realidad absoluta y primordial de la sangre: la raza.
    Argentina, que siempre había tenido –a partir de Hipólito Irigoyen- un sentir racial, ha intensificado ahora esa tendencia, haciéndola base imperativa de la política exterior nacional.
    Muchos pueblos americanos convienen en una comunidad continental. Argentina va a una unión más íntima y estrecha: la unidad racial, sin excluir, por supuesto, a España.        

El rol de Rusia en América
La SI 29/09/45 p. 6


Rusia, evidentemente, tiene interés primordial  en Europa y en Asia. Ese interés será legítimo o ilegítimo. Pero es un hecho, no solo cierto, sino adecuado a las maneras aliadas.  Cuanto hace Rusia  puede criticárselo cualquiera, excepto los aliados: ella ha copiado exactamente sus métodos, buenos o malos, pero suyos.    
    ¿Quiere ello decir  que no tendrá Rusia interés por América?
    Se engañaría quien esto creyera. Y, además, es ello una aspiración legítima. Luchan por introducirse, influenciar, operar en América los yankis, los británicos, los españoles, los franceses, los belgas. No se comprende por qué no tendrán su afán por hacer lo mismo los moscovitas.
    La influencia que se proponen todos los países en suelo de otros es triple: idealística, política, económica. No hay país que no trabaje para que ideología sea compartida por nuevos pueblos, o, por lo menos, por nuevos individuos de esos pueblos.
Es lógico que un país aspire a la mayor influencia política en un país extraño. Y, especialmente en estos tiempos, es un ideal natural que un país pretenda vender cuanto pueda a los demás países, sin exceptuar los americanos.
    Eso está dentro de la lógica usual.
    Pero tratándose de Rusia, hay hechos y aspiraciones que agravan para ellos el problema. Especialmente una especie de deber de desbancar a sus ex-amigos los aliados, en nuestro continente.
    Gran Bretaña, sintiéndose débil, cedía a abusivas exigencias  de Estados Unidos en cuanto  a competencias en América. Creyéndose que, ganada la guerra, Gran Bretaña  se quedaría con Europa, dominándola y económicamente explotándola, mientras EE. UU realizarían lo mismo en América, firmaban un Pacto –podemos asegurar que existe- en el cual ambos países se adjudicaban el respectivo continente, sin entrar cada uno en el del otro. Un imperialismo bipartito, por el cual ambos países se adjudicaban un continente. 
    Pero el curso de la guerra modificaba todo. Rusia se imponía en Europa. Gran Bretaña quedaba atrás. Europa no quedaba ya para Inglaterra.  Estados Unidos retenía América. Gran Bretaña se quedaba sin la linda tajada.
     De ahí varias consecuencias, principalmente tres: