Estados Unidos 45 10 12 a
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Mc. Arthur ocupa los bancos nipones. Mc Arthur equivocó el oficioLa SI 06/10/45 p. 7
“Con nuestros brazos hemos destrozado el Viejo Mundo”. Destripadores La SI 27/10/45 p. 1-3

Mc. Arthur ocupa los bancos nipones; Mc Arthur equivocó el oficio
La SI 06/10/45 p. 7

 Los lectores de estas sencillas críticas saben a qué atenerse  respecto a las cualidades militares del general Mc. Arthur.. es una medianía que no llega a tal, seguramente. Es el hombre de las derrotas gigantescas, fulminantes. El que, en años, y con miles de australianos, no fue capaz de conquistar siquiera las Salomón, defendidas por un puñado de asiáticos. Es el general Clark de oriente, como Clark es el Mc. Arthur del occidente.
 Sin embargo, no saltaremos de aquí a negar a Mc. Arthur toda vocación y aún toda habilidad. Equivocó la vocación, simplemente. Había de haber sido hombre civil, en la sección de fuerza policial, y habría sido seguramente un as, como era un excelente diplomático, magüer que general fracasado, Clark.
 Mc. Arthur, que desempeñó un papel tan poco lucido al frente de un ejército en guerra, viene demostrando buenas cualidades al frente de un ejército que no ha de combatir, convertido en fuerza policial sin enemigos que batir.
 Mc. Arthur ha iniciado en el Japón la dictadura más cruda, en la cual, sin enemigos, va ganando batallas. Él ha establecido la censura permanente para toda la prensa, no sabemos qué cosa temiendo; l eliminado la agencia nipona de noticias, no tolerando que se den al mundo las que él no cree tolerables, aunque sean verdaderas; ha intervenido en todos los bancos del país, apoderándose de su oro, así como de los negocios que tenían allí moneda o influencia; ha echado mano sobre la sección de Inventos y Patentes, comenzando a violarlos y a entregar los esfuerzos nipones a firmas yankis, como se hizo ya en Alemania; ha cerrado todas las escuelas, no autorizando otros libros que los que a él le graden; ha intervenido en el funcionamiento de la justicia, atropellando la función judicial; está eliminando de las próximas elecciones a los que a él le place, tanto como electores, como elegidos, en la seguridad de que, todos los enemigos arrinconados, se queda con una victoria “aplastante”.
 Y así del resto. Mc. Arthur habrá podido ser  un derrotado completo en la guerra. Nadie podría negar que está saliendo victorioso siempre que no tiene enemigos que combatir, convirtiendo la estimación propia en Ley para un pueblo de 80 millones de almas.
 Mc. Entrará en la historia. Pero antes, y en horas sobreras, sería bueno que, autografiándose a sí mismo, escribiese un buen libro que tendría por título “Cómo se aplica prácticamente la democracia”.


“Con nuestros brazos hemos destrozado el Viejo Mundo”. Destripadores
La SI 27/10/45 p. 1-3
(Al centro de la página un grabado con un mapa de Europa, África y Asia y, al medio, sobrepuesto a ese escenario América del norte, “es decir, Estados Unidos”. A los costados y dentro, dos manos, a izquierda y derecha, asen el mapa con los continentes del Viejo Mundo. Arriba y dentro del grabado una leyenda dice: “Sus manos ayudaron a desgarrar un viejo mundo”. Al pie y fuera del grabado otra leyenda dice: “Nosotros vamos a rehacerlo a nuestro gusto y según nuestras necesidades”. 

 a) Este grabado es realmente interesante. En el fondo, el mapa del Viejo Mundo, desde Gran Bretaña y África hasta el Japón y el Asia. Más adelante, América del norte, es decir, Estados Unidos. Sabido es que la Secretaría de Estado de Norteamérica y los diarios del país, sin excepción, llaman a Estados Unidos “América”. El mapa “Mundo Antiguo” del fondo, lo sostienen dos manos simbólicas. Y arriba, la leyenda, también de la revista norteamericana, que reza así: “Sus manos ayudaron a desgarrar un Viejo Mundo”. Y abajo, en una leyenda que no aparece en esta copia, dice así: “Y nosotros reharemos ese Viejo Mundo como nos acomode”.
 La revista está escrita en castellano, pero repito que es enteramente norteamericana. Ello quiere decir que va dirigida a América Latina. Por tanto, la leyenda, va dirigida a los