Venezuela 45 y 48
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Revolución en Venezuela La SI 27/10/45 p. 4-6
Bibliografía. República de Venezuela. Constitución Nacional. Caracas. La SI 17/07/48 p. 3

Revolución en Venezuela
La SI 27/10/45 p. 4-6

 En Cuba, años atrás, explotaba la revolución de los sargentos. Bien es verdad que el sargento se nombraba coronel pronto, y que Estados Unidos sentía un fervor cálido por ese sargento insurreccionado. En Bolivia explotaba la revolución de los mayores, y en Argentina la rebelión de los coroneles. Y ahora, en vías de llenar toda la graduación militar, tenemos la revolución de los capitanes  en Venezuela, el que parecía pacífico país de Bello, Bolívar y Miranda.
 ¿Qué ha pasado que tan así de improviso se ha levantado la rebelión en los altos llanos de Caracas, extendiéndose –y triunfando- desde las sierras diamantíferas de las Guayanas hasta las aguas petrolíferas del famoso Maracaibo?
 Probemos de explicarlo, sin pretensiones de decir sobre ello la última palabra.

 a) A principios de este siglo “reinaba” sobre Venezuela  el “general” Gómez, pero con esas dos palabras intercomadas.  Reinaba, porque se trataba de un reyezuelo que daba punto y raya al reyezuelo más mandón y cruel de la Europa monárquica. General, porque ese huaso sangriento no era general ni cabo primero siquiera, de la fusta de los bandidos que, acaudillando montoneras, se engalanaban a sí mismos con sendos y brillantes entorchados.
 Gómez imperó sobre aquel desgraciado país por espacio de 30 años, realizando cuanto se le ocurría.  Una caricatura de de aquel emperador romano que llevaba sus mulas al Senado, para que los honorables senadores  adorasen sus mal olientes posaderas. Era ese venezolano tiránico, cruel, cínico. Un enemigo político tenía los días contados (por lo demás, como se hace actualmente entre los aliados), con prisiones especiales.    Una de ellas era para encerrar a cierta laya de enemigos, porque los tenía catalogados en su insana cabeza. Era una mazmorra obscura, en la cual iba el desdichado hundiéndose poco a poco. Al final, se abría una rara puerta misteriosa, tras la cual las aguas marinas abrían sus fauces tragándose millares de víctimas.
 Entre tanto, el general vivía su vida. Para comprenderla bien, recordemos solo hechos comprobados: al morir, dejaba algo más de 500 hijos habidos entre dos o tres millares de mujeres; la propiedad agrícola del país pertenecía en un tercio a él, es decir, más de dos millones de hectáreas robadas; Había vendido al extranjero toda la riqueza nacional, especialmente la petrolera, se supone a cambio de qué.
 Ese bandido ¿cómo pudo durar 30 años? Esa pregunta, que es intencionada, lo es menos -¡mucho menos!- que esta otra: ese  bandido ¿cómo pudo tener partidarios, que llenaban los puestos –honoríficos- de ministros, directores generales y demás cargos para hacer la corte al tirano, a condición de cobrar y “participar” de una manera proporcionada?
 Cuando el tirano murió –porque moría de vejez- se levantaron protestas públicas contra la tiranía ya muerta. Después de numerosos vaivenes y medidas esporádicas, asumía el mando el general López Contreras, cuya Presidencia no fue mala, especialmente dada la situación  en que lo recibía todo: todo lo malo, hecho; todo lo bueno, por hacer.
 López Contreras se distinguía por su política de tolerancia y de fomento  de todos los órdenes de la administración, especialmente desde el punto de vista científico. Contrataba a numerosos técnicos extranjeros, especialmente en medicina y en educación, habiendo ido, solo de Chile, como dos docenas de profesores. Encarriló el surgimiento nacional. Y una cierta paz reinaba, en el sentido de que, olvidando diferencias y el pasado, los adulones de ayer, algunos no sin méritos, y los hombres nuevos, se agruparon a su alrededor para ayudar al renacimiento nacional.
 Al concluir los años de su Presidencia, de común acuerdo asumía el mando el general Medina, que durante la presidencia anterior era jefe de la división militar acantonada en la capital. Es el que ahora estaba en las últimas semanas de su presidencia, debiendo celebrarse elecciones próximamente.
 Los hechos que han motivado esa reacción militar podrían amontonarse, y, juntos, se ve cómo pueden inclinar la balanza hacia un lado determinado. Señalamos algunos:
 1) López iniciaba, hace ya una docena de años, una política democrática y social determinada. Cuando la muerte de Gómez, esa política de López, su sucesor, era interesante. El