Asia 45
Barbarie en el Extremo Oriente La SI 27/10/45 p. 7

Barbarie en el Extremo Oriente
La SI 27/10/45 p. 7

 Nos llegan de las islas macronésicas, así como del sudeste asiático, noticias espeluznantes, al lado de otras noticias que nos muestran las ansias imperialistas de los pueblos vencedores en esta guerra

 a) Las autoridades de habla inglesa siguen en esos pueblos de color el absurdo sistema de una tiranía primitiva. Los nativos, al fin patriotas de su Patria, son ahorcados en grupos a la menor manifestación anti-imperialista. Los jefes de fracciones son aprisionados, desapareciendo misteriosamente. La aviación quema aldeas enteras, tostando hogares y asando carnes humanas. No se deja vivos a ninguno de los que tienen ideas distintas de los ocupantes. Y de una carta que tenemos a la vista, cortamos esta frase simbólica: “los patriotas no son fusilados porque no se gastan municiones  colgándolos de un árbol mediante un haz de hierbas de la selva”.
El Extremo Oriente, que está despertando de su infancia, entrando de lleno en la época juvenil, pasa por un estado tal de barbarie como jamás se habría ni sospechado. Todos los medios modernos de “eliminación” se emplean para exterminar todo “peligro” de que aquellas inmensas islas y pobladas se incorporen a la civilización y a la vida independiente, acumulando el imperialismo todos los azotes contra esos jóvenes rebaños humanos.
El exterminio se hace, por parte norteamericana, mediante indígenas neozelandeses y australianos, que apenas han pasado el estado de salvajismo, y en cuyas manos se ponen los peores métodos destructivos. Por parte de Gran Bretaña, la despiadada barbarie se realiza mediante tropas hindúes, que mueren diariamente a manos indonésicas, aunque ellas matando diez por uno en esas refriegas bárbaras.
El Gobierno de la India acaba de mandar una Nota al Gobierno de Mr. Attlee, protestando de que los ingleses, por intereses propios, maten y hagan matar a hindúes, debiendo emplear soldados propios, caso de querer continuar en su imperialismo. Y Attlee y sus laboristas se ríen de esas protestas, fuertes en su democracia opresora de pueblos y conculcadora de los derechos humanos más elementales.
 La estulticia ha llegado a tanto, que tenemos las palabras de un politiquillo francés casi increíbles. Era este uno de los que hallaba plausible, casi heroico, que los maquis franceses fuesen españoles izquierdistas, batallando en casa ajena por la casa aliada. Y ahora este jefe, que tiene responsabilidad en el ahorcamiento de chinos y nipones en Indochina, ha pronunciado estas palabras: “No puede aceptarse que extranjeros en Indochina francesa se alcen en armas en este país”…
 
 b) A la ola de crueldades se une la labor constante, aunque melosa, con que trabajan los aliados, especialmente los norteamericanos, para echar de esas islas a los holandeses, y quedarse ellos con el botín. Tenemos noticias importantísimas sobre este punto, que no podemos publicar mientras no sean debidamente controladas en cuanto a veracidad. Pero son los mismos periódicos aliados (especialmente los de Estados Unidos) los que nos enteran de noticias  suficientes para mostrarnos  cómo se va derechamente  a la expulsión de los holandeses de esa parte oceánica, que constituía su imperio colonial.
 La agencia U. P. envía un telegrama a sus diarios, en el cual, entre otras cosas, afirma que “los nacionalistas javaneses, al frente el Presidente de aquella isla puesto por los nipones, Dr. Sukarno, están alzados y que hay que tener en cuenta, para el porvenir, que los holandeses son muy odiados por los insulares”, debiéndose democráticamente atender esas quejas.
 Quiere decir, que los holandeses han de ser echados de la Oceanía, “protegiendo los norteamericanos los intereses de aquellas islas en sentido nacionalista”. Todos sabemos lo que quiere decir ese lenguaje, y no hay que insistir más.
 Holanda paga el precio de su aliadismo. Ese precio ha de ser  (y solo los tontos y los políticos holandeses podían ignorarlo) la pérdida de su imperio. Que después de esto venga la ruina de Rótterdam y Ámsterdam, la abolición del comercio holandés, la miseria, eso es relativo: la muerte de sus puertos reavivará  los de Londres y Nueva York, según aquella sentencia:  los vivos viven de los muertos, y en la naturaleza nada se pierde ni nada se gana…
 Todos debemos pagar nuestras fallas. La pagará, y con creces, Holanda.