China 46
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China 46
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Los aliados vuelven a descuartizar la China. ¡Esa pobre China! La SI 09/02/46 p. 1-3
La broma de la liberación china. ¡Esa China tonta! La SI 09/03/46 p. 1-2
La China tal cual ha quedado. Como chinos La SI 25/05/46 p.1-3 (tener presente una “Explicación Necesaria”. Verla en la “Presentación” del Portal. En “Juan Bardina”. En “Semana Internacional”. Año “1946”)  
China quiere ensayar la democracia La SI 14/12/46 p. 4-5

 

Los aliados vuelven a descuartizar la China. ¡Esa pobre China!
La SI 09/02/46 p. 1-3

 a) Hay una frase vulgar que expresa todo un mundo de verdades: “¡te están engañando como a un chino!”
 Esos aforismos -¿quién no lo sabe?- tienen un hondo significado, y no precisamente teórico, sino práctico. Los adagios tienen esa ventaja: que no responden a cosas de teorismos, y ni siquiera de teorismos morales.
 Las tesis puramente teóricas tienen sus fallas, dada la mediocridad de la humana inteligencia. Y precisamente así está hecho el hombre: pudiendo pensar distintamente, teorizando en su cerebro.
 Eso de haber distintas opiniones, y de deber respetárselas al que las tiene, es tenido como un gran avance, y en realidad lo es quiere decir que se tiene cierto respeto a la inteligencia humana, y que el hombre debe ser respetado en sus derechos opinantes. Ello es, nada menos, que la base primordial de la democracia, que exige respetar la humana opinión.
 Pero notemos que ello significa la pequeñez mental del hombre. Supongamos un axioma cualquiera, o un hecho de experiencia: “el todo es mayor que una de sus partes” o bien “está ahora lloviendo”. La primera afirmación es una frase que indica algo elemental: que un árbol es mayor que una rama suya. Nadie puede ser de inteligencia tan menguada, que no vea con luz de evidencia que es imposible que una parte de una cosa no sea menor que todas las partes juntas. Nadie, tampoco, que no sea un loco, podría estar disconforme en que, en un instante determinado, en que el agua cae a torrentes, está lloviendo. 
 Pero no todas las cosas las vemos tan claras. Supongamos que discutimos de política o de cosas artísticas o sociales. ¡Cuántas opiniones! Piensan os hombres de cien maneras distintas acerca de tantas cosas importantes.
 Ello indica la feblesa y poca sagacidad de la inteligencia humana.  La verdad no puede ser más que una.  Si unos dicen Si y otros No respecto de un mismo juicio, es necesario que, si uno acierta, el otro se engañe. El Sí y el NO, no pueden ser a la vez verdaderos. La verdad es algo objetivo; pero deben juzgar las cosas, subjetivamente, los hombres. De ser su inteligencia superior, incapaz de error, viendo todas las cosas tales como son, todos veríamos una cosa tal como es, y convendríamos en juzgarla todos por igual. Si todos viéramos algo tan claro que no hubiese a su alrededor nube alguna para nuestra inteligencia, todos veríamos una cosa de la misma manera, tal cual es, y las opiniones distintas serían imposibles.
 A sí resulta algo que muestra las deficiencias básicas del hombre: que nuestro respeto a los derechos naturales y la consecuencia democrática, se fundan precisamente en la poquedad del hombre; en sus deficiencias nativas; en que su cerebro es tan chico y poca cosa, que puede ver algo distintamente  de cómo realmente es; y, de este modo, puede haber sobre un mismo hecho, o sobre una misma cosa, distintas opiniones, de las cuales solo una puede ser verdadera; y, a veces, siendo todas absolutamente falsas. 
 ¡Que así es ese pobre ser humano, que funda su misma dignidad en su pequeñez! Tan grande, que su cerebro puede opinar, y ese opinar es respetable y sagrado. Tan pequeño, que en ese opinar puede haber –y hay en realidad-  opiniones distintas sobre un mismo hecho, losa errores en la misma base de la vida humana.
 De allí la importancia vital de los adagios, sentencias y aforismos: que son tan claros, que acerca de ellos todos convienen, no habiendo distintas opiniones. Pueden, por lo mismo, ser acatados como normas de conducta, con un margen mínimo de error: si todos convienen, es que lo ven todos tal cual es.
 De ahí la importancia de la sentencia práctica con que hemos iniciado el párrafo: “te engañan como a un chino”. Es un adagio. Será, seguramente, verdad.

 b) ¿El chino es engañable?
 La milenaria historia diaria es algo que llama la atención de un crítico estudioso. Estuvo ese país, por más de seis mil años, separado de los pueblos del occidente, especialmente europeo. Y, al conocerse después (hace menos de cien años) su vieja historia, uno no puede menos que admirarse de las cualidades de esa raza extraordinaria.