Valparaíso 40
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Valparaíso, ciudad de invierno
La SI 20/01/40 p. 11-12

 Desde unos años a esta parte, esas dos bellas ciudades que son Valparaíso y Viña, regaladamente recostadas sobre las faldas verde-azuladas del gran mar, comienzan a ser centro veraniego de numerosos turistas. De todas partes comienzan a afluir; pero es especialmente de Santiago y Argentina de donde parten esas corrientes centrípetas de familias hacia nuestra hermosa bahía, ávidas de abrir en la monotonía anual de sus vidas ciudadanas un bello paréntesis estival. Graves caballeros, los nervios aplastados por diez meses de intensos negocios o saturadas las almas por la política, los partidarios asuntos y los negocios públicos. Elegantes señoras, que ansían un poco de libertad en una playa grata, donde la familiaridad y la distinción se dan la mano, y puedan liberarse –por unos meses siquiera- de la tiranía de la visita urbana y de esotra tiranía disfrazada del pocker y el bridge. Muchachadas masculinas agotadas en la ciudad invernal por los estudios más serios, en combinación con las menos serias damiselas. Y, por encima de todo, alma y vida de los veraneos, un enjambre de gráciles muchachas, una rosa en los labios y la luz en los grandes ojos, buscando ligeras de ropa en la solitaria playa  un sol benéfico que tueste el sedoso cutis, y meta fuerzas y energías en las carnes vivas, mientras cien ojos que vienen del otro lado sexual se entornan disfrutadotes, paseando la mirada ávida por ese enrevesado diminuto continente encantado que es un fresco cuerpo femenino de veinte años…
 Las corrientes turísticas que nos vienen de Santiago son cada año más decididas e intensas. Habrá siempre en el país diversos centros de disfrutamiento turístico, desde las aguas salidas del sur y los hermosos canales magallánicos hasta las amodorradas costas de más al norte. Pero, la amenaza de desvío de las corrientes hacia nuestras playas,  pueden darse como definitivamente conjuradas. Bella es la vertiente de Tolhuaca, con sus gruesos surtidores hirvientes al pié de un volcán magnífico. Espléndidas, las gigantescas rocas playeras de Constitución amadas de tantos chilenos, meritoriamente por cierto. Los balnearios de Chillán y tantos otros que en las faldas de la cordillera enorme ofrecen sin duda sus rutas de gozamiento, atraerán siempre a no pocos. También, esas pequeñas ciudades que al final del ferrocarril de Melipilla, y esotras de Zapallar y Papudo, atraen con razón a buenas corrientes de gentes veraneadoras. Más, el peligro que de que esas estaciones estivales absorban las corrientes veraniegas ha sido conjurado y ya es una verdad triunfante y libre de todo peligro esencial en el hecho de que Viña y Valparaíso han de ser en adelante las ciudades del veraneo elegante por antonomasia.
 El esfuerzo realizado para lograrlo ha sido, verdaderamente, supremo. Valparaíso se ha hermoseado rápidamente, con paseos espléndidos, calles elegantes, hoteles cada día mejores: esa admirable avenida de Las Torpederas, que ha convertido el camino más sucio, antipático y abominable, en el paseo más lindo de cuantas ciudades veraneantes puedan darse en América o Europa. Y Viña ha hecho todavía un mayor esfuerzo para ponerse a la altura de cualquier centro de atracción mundial. Sus edificios de uso público, como el teatro y el Casino, constituyen muestras evidentes de esa labor, que se ramifica en calles y plazas, negocios y edificios particulares, parques y jardines, baños y deportes.
 Todo a contribuido a que sean cada vez mejor consideradas nuestras dos ciudades como centros turísticos de veraneo, afluyendo a estas playas lo más distinguido de Santiago y numerosas familias de más allá de nuestras fronteras.
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 Más, un aspecto tiene ese problema de Valparaíso y Viña, que ha preocupado demasiadamente poco, por no decir nada, a la opinión, a pesar de haberlo claramente planteado nuestra revista desde años atrás. Y se trata, nada menos, que de algo de primera importancia, relacionado tanto con el interés público de este puerto como con el interés privado de la salud y bienestar de numerosas familias.
 Nos referimos a “Valparaíso y Viña como Ciudades de Invierno”.
 Ante los enormes dispendios realizados para la modernización de estas playas, son no pocos los que aducen una observación que parece sombrear el porvenir del conjunto turístico local. Es esta: no es posible que solo tres meses de veraneo puedan sostener el costo de tanta bella obra que se está construyendo día a día.