Viña del Mar 46
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Viña del Mar
La SI 14/12/46 p. 6-7


    Las cosas tienen su misterio. Hay estatuas famosas en la historia del arte.  Pero ¿por qué no traspasan el arte mismo todas ellas, y en cambio la Venus de Milo –que no es una belleza- está en todas las lenguas y corazones? Hay islas de belleza suprema, y sobre las del mediterráneo oriental cae todo un acervo de hermosura por todos lados. Sin embargo  ¿por qué Mallorca ha prendido en los pinceles y en los pechos, envuelta la Isla Dorada como en un halo de misterio?
    Hay cosas que lo llevan consigo. Tienen como un halo interior que se introduce en los corazones, y las hace famosas y prendedoras en las cosas de los hombres.
    Viña del Mar es de éstas. Tiene su misterio. Y este misterio que la hace atractiva y famosa, es su Ambiente. Viña del Mar tiene un misterio, que es su ambiente.
    No sabríamos decir en qué consiste esa trama sutil.  No acertaríamos a concretar en qué consiste ese misterio de su ambiente. No podríamos probar qué factores constituyen ese ambiente. Pero, aún así, Viña del Mar lo tiene, como tantas cosas inexplicables que se imponen en las contingencias humanas.
    ¿Habéis gustado sabrosamente tantas bellas cosas de esa ciudad y de su galanía? Sus aguas son luminosas, de día, por la gloria de un sol reverberante. De noche, por la clara suavidad lunar y el especial titilar eterno de los astros. Sus cerros, como se alzan rítmicamente, a la manera de pechos sedientos de tantas cosas gozables. Sus calles se dan, al viajero, ágiles y frescas, con las infinitas rizaduras de sus árboles escogidos. Sus plazas, pulmones que se yerguen ampliamente. Su sol, sol de Viña, porque aquí se muestra el astro-rey con todos sus esplendores. Sus jardines maravillosos, empapan de perfumes el aire y los corazones, con la orgía misteriosa de sus flores: éstas, de un color hiriente que irrumpe poderoso; aquellas, suavidad de suavidades. Y todo alentado por una interior fuerza de una misteriosa manera de ser.
    Pero, en medio de todo, y todo empapándolo, el aire, aliento invisible de la ciudad, misteriosamente reconfortante y prendedor. El aire de Viña. El aliento de Viña. Esa pequeña humedad de Viña, que no es humedad. Ese besar el céfiro los rostros, y acariciarle a uno los ojos y los labios, y ese jugar con los rizos románticos de las mujeres. Ese aire que convierte el calor en fresco y el frío en algo temperado. Ese aire que sopla vestido de canciones y envuelve en rosa azul las coas y las acciones. ¡Ese aire!
    Dentro de él, muévense las personas como transfiguradas, los poetas engarzan sonetos jubilosos. Los jóvenes advienen bien plantados, con la sencillez radiante de un dios antiguo. Las mujeres como que avanzan deshojando capullos, sin rozaduras de problemas. Esa, es una emanación del norte sereno. Aquella, viene de un  cuento oriental. Esa es plena de gracia, y en los remansos de sus misteriosas curvas, se alborotan las reconditeces de los hombres. Y cuando una pareja –mil parejas- muestran a Neptuno sus formas y su corazón, el dios pícaro guiña el ojo en la espuma de las olas, contando a los amantes secretos misteriosos…
    Es el ambiente de Viña del mar. Ecuación misteriosa, que nadie ha resuelto todavía, y que,
como las sirenas del Mediterráneo, atrae a los turistas con deliciosa fuerza. Porque no hay nada más humano y atrayente que lo incomprensible, que nos balancea sobre los bordes de la eternidad.
    Viña es un Ambiente, que es lo mejor que puede decirse de una ciudad. Porque ciudades hay por millares, y grandes, y limpias, y bonitas. Pero hay ciudades que son una aglomeración de casas y aún de riquezas, pero sin carácter, sin fisonomía. Sobre todo: sin carácter que prenda, tire, retenga y deje a uno varado. Ciudades sin misterio, en que se explica todo, en que sale todo afuera a fuerza de análisis, cuya ecuación carece de incógnitas.
    Viña no es eso. Viña del Mar es ambiente. Tiene carácter. Su silueta no es como las demás siluetas. Su Casino no es como los demás casinos.  Su ruleta no es como las demás ruletas.  Su club no es como los demás clubes. Su playa no es como las demás playas.  Sus mujeres no son como las demás mujeres standard de Mar del Plata, de Deauville, Niza, Ostende, San Sebastián o Miami.
    Viña del Mar es Viña del Mar. Y lo que así la constituye, es una incógnita indescifrable, un misterio: algo que se respira y no se toca; que se siente y no se palpa; que se vive sin saber cómo, por dónde ni a razón de qué.
    Y no se habla de estética, de manera de ser, de fisonomía. Se quiere decir dinámica, actitud, fisonomía, espíritu, carácter. De algo que se infiltra por los poros del alma, empapa la sangre espiritual, y late