Post Guerra 1939 46 06 08
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Malvinas, Belice, Indochina y la Carta del Atlántico. Demócratas que agarran y no devuelven La SI 08/06/46 p. 1-2
Petróleo La SI 22/06/46 p. 3-4
Una saludable reacción mundial La SI 22/06/46 p. 4
Nueva farsa en París La SI 22/06/46 p. 4-5
Nuevo experimento sobre la atómica. La bomba atómica otra vez  La SI 06/07/46 p. 3-4
Los acólitos en París. Pueblos que dicen “Amén” La SI 10 /08/46 p. 4
El sainete del Ultimátum. El sainete de los aviadores La SI 31/08/46 p. 4-5

 

Malvinas, Belice, Indochina y la Carta del Atlántico. Demócratas que agarran y no devuelven
La SI 08/06/46 p. 1-2

 a) El mapa 2 nos muestra a las islas Malvinas, ya en sí, ya en relación con la República Argentina. O como las llaman los ingleses, las Falkland.  No se ha escrito una opereta en su loor, pero podría escribirse. Una opereta imperialista, que acaba siempre en tragedia. O, cuando menos, en drama.
 Las islas Malvinas constituyen una gran extensión de suelo, que pasa de los 15 mil kilómetros cuadrados. En ellas no hay árboles, pero sí pasto. Tierra ideal para crianza de ganado y también para las mentes románticas: el archipiélago es una égloga viva, paraíso de ciertos caracteres dados a la sentimentalidad y a las fruiciones de la madre tierra.
 España., única colonizadora de Sudamérica, era la dueña de las Malvinas, desde que fueron conocidas. Nadie se las había disputado. Habían pasado por las islas, y por el estrecho que separa a las dos mayores, varios extranjeros: siempre habían pasado por ellas, sin permanecer en ellas. Iban de pesca al sur, y allí hacían escala.  En 1594 pasaba por allí un buque inglés, y las llamaba por vez primera Falkland y también Maiderland (tierras vírgenes) en honor de su reina, la discutida reina virgen, Isabel, hija de Enrique el Gordo y de una de sus numerosas mujeres.
 Pasaron también los holandeses –siempre de pesca hacia el polo sud- y franceses, éstos con ciertos intentos apropiadores, aunque tuvieron que irse. Poco a poco fueron poblándose  con unos cuantos gauchos.
 Habían de ser los norteamericanos los que enredasen años atrás las perspectivas malvínicas, y dar ocasión a que los ingleses se establecieran en ellas. El gobierno de B. Aires –que había heredado el derecho de España a las Malvinas- concedía ciertos derechos de pesca y estancia a un tal Pacheco, el cual traspasaba sus derechos a otro tal Verter, el cual fue nombrado gobernador de las islas, con órdenes de no dejar pasar a su alrededor a buques que no tuviesen permiso. Cumpliendo órdenes apresaba a dos buques de pesca norteamericanos (1831) acudiendo una fragata yanqui, se apoderaba ilícitamente del representante del gobernador y destruía el puerto principal.
 Estados Unidos que jamás había tenido relación con las islas Falkland, presenta una reclamación diciendo que le pertenecían aquellas islas, desde hacía 50 años. Días después (1832) se presentan buques de guerra británicos; destruyen el buque oficial argentino; arrían la bandera argentina de las islas y enarbolan la del Imperio. Estaba ya en función el imperialismo británico, que tantas desgracias ha acarreado a la humanidad en las jornadas sangrientas de su Imperio.
 Desde entonces, el gobierno argentino, barrido de sus islas por la fuerza bruta, no ha cesado de reclamar las islas a G. Bretaña. Sin resultado alguno. La protesta ha sido constantemente desoída, continuada ineficazmente hasta hoy día.
 Hacia 15 años atrás, al gobierno inglés se le ocurría conmemorar la fecha en que se apoderó de las islas, echando a los argentinos. Para ello, editó una estampilla apropiada. Protestó el gobierno argentino, y aún reforzó la estación meteorológica que tiene en otra isla más al sud, que también los ingleses dicen ser suya y se han apoderado de ella. Protestó el gobierno de Buenos Aires. Pero en Londres oían como si tal cosa, cuanto se refiriese a su imperialismo.
 Cuando comenzó a delinearse el conflicto alemán, Estados Unidos, que tomaba la cosa como ocasión de hacerse con algo nuevo, presionó para que América decidiese que las posesiones que poseían los europeos en América debían pasar a posesiones americanas, es decir, propias. En esta ocasión, y en otras dos, Argentina no firmaba sino con la corrección de que las Malvinas le pertenecían, y que Gran Bretaña solo debía devolverlas a su poseedor único.
 En varias ocasiones hemos repetido que los famosos demócratas laboristas de Inglaterra, eran exactamente igual, en cuanto a imperialismo, que los conservadores.  Lo acaban de probar editando un nuevo sello (en estos días se ha puesto a la circulación) por el cual continúan en posesión del despojo argentino. El sello o estampilla que tenemos a la vista, está formado por un mapa, en el cual aparecen, desde el Polo Sur,  cuanto hallan a mano, hasta las Malvinas, con el