Rusia 46 07
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Rusia expande su Imperio La SI 13/07/46 p. 1-4
Una nueva purga en Rusia La SI 13/07/46 p. 4-5

Rusia expande su Imperio
La SI 13/07/46 p. 1-4

 En esta época de confusión en que las Edades históricas entremezclan sus aguas, es necesario tener ideas claras de los hechos y actuar sin confusiones. De lo contrario, el simple lector no tiene una idea clara de las cosas, y el actor –político, económico, social- las equivoca siempre, a varios kilómetros de las verdaderas soluciones.
 En varias ocasiones hemos hablado de las ecuaciones sociales, para cada una de las cuales hay que hallar, no la solución verdadera que se nos antoje, sino la que pidan los datos reales de la ecuación. Si no se busca la solución que dan los datos, se trata de una solución ficticia, de una no-solución; y el fracaso es indudable. Puede que, por un tiempo corto, aparezca como solución la que no daban los datos. A lo corto o a lo largo, las fantasmagorías se esfuman, la pseudos-solución no soluciona nada y el problema ha quedado por resolver, con todas las consecuencias políticas, económicas o sociales que, como chorrera ciclópea, aplastan después todo lo que encuentran a su paso.
 En el cientismo absurdo del siglo XlX se creía en los principios distintos para cada ciencia, y en los métodos distintos que cada una exigía. Para ellos, los métodos matemáticos no se podían aplicar más a las matemáticas; y otros métodos especiales había para las ciencias morales, políticas, económicas, etc.
 No. Todo hemos de concebirlo en Unidad. Han pasado los tiempos fútiles en que se hablaba de múltiples cuerpos simples, de fuerzas de varias clases, de axiomas para esta materia, unidad de fuerzas, unidad de leyes, unidad de principios. La ciencia moderna, entre ellas la química, ha vuelto al aristotelismo, a la materia prima y a la forma substancial. Hemos saltado a Ramón Llul, con su “Arbos scientiae”, todo en unidad de raíces y aún de tronco, y a la vieja alquimia que, (suponiendo esa unidad) se esforzaba –y se ha logrado ya- hallar la piedra filosofal convirtiendo en oro cualquier otro cuerpo, el plomo por ejemplo.
 Era antes una blasfemia hablar de las “ecuaciones morales”, como si todas las ciencias en que el espíritu interviene como factor no pudiesen tener ecuaciones. Y en verdad os digo que aquel que no sepa buscar los términos y factores de una ecuación moral, y arquitecturar (o plantear) esos términos, podrá saber realizar operaciones; pero siendo falsos los términos, no darán aquellas operaciones la solución debida.
 En los límites de dos Edades (y estamos ahora en ellos) es más difícil plantear debidamente una ecuación en el doble sentido de hallar todos sus términos (y no más que los que la forman) y arquitecturar esos factores, es decir, plantearla.
 A la gravedad usual de saber hallar los términos de un problema (dice Balmes): “Muchos no ven lo que hay y ven lo que no hay”, se añade la gravedad especial de la época, es decir, de la turbiedad, de la confusión de dos épocas. Dos épocas son dos épocas, es decir, distintas. Entremezclar sus factores es una especie de mezcolanza necesaria de cosas distintas. Entremezclar sus factores es una especie de mezcolanza necesaria de cosas distintas y la confusión aumenta por ello mismo.
 Hay no pocos que –trasladando a la realidad objetiva- a los problemas, su deseo o conveniencia, ponen entre los factores del problema algunos que no son del problema mismo, sino de su caletre solamente, o sea de su egoísmo o conveniencia. Y, viceversa, no ven en los problemas máximos del día factores que realmente existen, pero que su egoísmo no les permite ver.
 Uno de los problemas más graves de ese instante –el problema matriz de los demás-  es este de saberlos ver tales como son. Una equivocación o un paso en falso es perder la partida. Y el egoísmo, que es el que impedía ver en sí los problemas, es la primera víctima de ese vacío.
 Uno de los problemas que debemos ver en estos instantes es cuanto atañe a Rusia y a Estados Unidos, es decir, las relaciones mutuas entre ellos, de las cuales penden cosas graves que interesan a todas las demás naciones.  

 b) El imperialismo que ha sido la causa de dos guerras mundiales, es por esencia, Único. Es un absurdo suponer dos imperialismos que se reparten el mundo. Ese error substancial (en el que comulgan tantos) hay que rayarlo y volatilizarlo. El Imperialismo es siempre –tiende