Post Guerra 1939 46 09 a 12
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La cuestión de los cuatro estrechos. Pasos de agua. La SI 07/09/46 p. 1-3
Matar por matar La SI 14/12/46 p. 5
El triunvirato: M. Blum, Mr. La Guardia y Mr. Baruch. “Tres eran tres… La SI 21/12/46 p. 4
1946, año de fango devenido Derecho La SI 28/12/46 p. 1-2
La burla del “desarme” armamentista   La SI 28/12/46 p.  5-6

 

La cuestión de los cuatro estrechos. Pasos de agua.
La SI 07/09/46 p. 1-3

 a) Un nuevo problema, en estas páginas anunciado hace ya meses, está planteado sobre el tapete de las cuestiones internacionales. Lo acaba de recordar Rusia ante Turquía; o, lo que es lo mismo, ante sus rivales en cuanto a imperialismo mundial. Y es ocasión de recordarlo, porque, no solo se trata de un problema que asomará su cabeza constantemente durante años, sino que él encierra una de las grandes tesis de política internacional y de moral pública, día a día pisoteada por las grandes potencias vencedoras.
 El Soviet ruso acaba de enviar a Turquía una nueva Nota acerca de los Dardanelos, insistiendo en la opinión de que sean solamente Turquía y Rusia los países que controlen esas vías de agua internacional, excluidas las demás naciones.
 Actualmente controlan esos estrechos, literalmente, Turquía; pero, en realidad,  Turquía y Gran Bretaña. O, lo que es lo mismo, Gran Bretaña. Turquía es una pequeña tapadera. Gran Bretaña, en pleno derrumbe su imperio, es la dueña de esas aguas
 Varias veces hemos publicado gráficamente algo referente a esos estrechos turcos, y hoy lo hacemos nuevamente con nuevos grabados. Hay que echar una ojeada inteligente sobre ellos. En el mapa de primera página aparecen dos veces: en el grabado largo y en uno de los chicos.
 Los estrechos de este extremo mediterráneo no han de mirarse solamente como una especie de aguas interiores a la vez de Turquía y Rusia, sino también en cuanto a lugar estratégico histórico, si bien desmerecido y menos importante desde que, abierto el canal de Suez, han perdido los Dardanelos importancia, en vez de ganarla mayor.
 Se trataba, antes de nuestros días, de un rincón impasable del Mediterráneo y de una ruta de los lejanos destierros que infligían tantos los griegos como los romanos. Estos, por el norte, a través hacia el Ponto Euxino. En cuanto a la anchura y a los cercanos reinos del Asia Menor, eran esos estrechos  una como tendida de mano entre la Europa y el Asia, inmortalizada tanto en la guerra (contiendas médicas) como en la paz, por los amoríos encontrados entre sujetos históricos, originales, respectivamente, de las opuestas riberas.
 No tenían esos estrechos mayor importancia, hasta que la invasión turca convertía  la histórica Constantinópolis en la Bizancio romántica y sangrienta de los años turcos. Concentrada la atención de la Europa anterior al siglo XX sobre el entonces Imperio Turco, forzosamente esas aguas cobraban valor distinto del que tenían, meramente romántico, en la antigüedad.  
 Modernamente carecen de todo valor internacional, salvo como punto militar de apoyo, una vez abierto Suez y comenzada la ruta de agua del mar Rojo. Los Dardanelos interesan solo a los países que los poseen dentro de su territorio o de su hinterland. Turquía contiene esas aguas entre sus riberas de ambos continentes y nadie sería tan torpe que le negara este derecho.
 Pero esos estrechos son el “paso único” para el Soviet, que comprende hoy día (por voluntad de Roosevelt y Churchill) Rumania y Bulgaria. Según todos los principios internacionales, esas aguas son necesarias a ese Soviet, so pena de quedar convertida Rusia en país mediterráneo por ese inmenso lado meridional.
 Es, por lo mismo, inaceptable que un país lejano como Gran Bretaña, y con un Imperio colonial en pleno derrumbe, tenga autoridad en esos estrechos, que llevan al corazón de Rusia. Y es igualmente inaceptable que no tenga Rusia nada que decir en este caso.  
 Las ideas de los gobiernos nos interesan poco, por no decir nada, en este caso. Los derechos, derechos son, pertenezcan a quienquiera que sea. Y uno ve con cierta razón en que Rusia reclame autoridad en esos estrechos, y que rechace la de Gran Bretaña.
 Tienen interés –para nosotros primordial- las relaciones entre pueblos de una misma raza, que forman, en rigor, una unidad natural. Rusia, desde tiempo inmemorial, ha tendido a ayuntar consigo toda la raza eslava. Y ese Paneslavismo, mantenido dentro de su esfera, es una tendencia natural y plausible, que debe traducirse en común acción de pueblos que, si no son eslavos en rigor,  los acontecimientos los han colocado en la denominación de eslavos, por ejemplo, Rumania y Bulgaria.