Estados Unidos 46 10
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Estados Unidos 46 10
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Eisenhower es optimista La SI 05/10/46 p. 5
Las Feroe independientes La SI 05/10/46 p. 5
Murió Stilwell  La SI 19/10/46 p. 5
El fondo del discurso de Mr. Byrnes La SI 26/10/46 p. 3
Japón, la paz y la guerra La SI 26/10/46 p. 3-4

 

Eisenhower es optimista
La SI 05/10/46 p. 5

 Muchos creen que el optimismo y el pesimismo son cosas objetivas. Un estado real fuera de nosotros, bueno o malo, tras el cual el ánimo se manifiesta esperanzado y contento, o bien aturdido por la desgracia.
 Sería esto lo lógico, pero no es así. Optimismo o pesimismo son estados de alma, es decir, algo esencialmente subjetivo. Uno no tiene nada y ríe que se la pela viéndolo todo de color de rosa.  Otro está en la cúspide de la fortuna bajo sus varios aspectos, y se aburre y entristece con el más negro pesimismo.
 Esos estados de alma ¿cómo se producen? ¿Qué causa influye en ellos como cosa determinante? ¿Cuál es el camino que siguen para producirse? Se ignora. Solo se sabe que la situación externa y objetiva poco vale en este caso y que las leyes de esa manera de ver las cosas tienen de oculto mucho que no acertamos a ver.
 Claro que mucho influye, al parecer, la parte de satisfacción apetitiva. En una zarzuela muy vulgarizada –debida la música a un verdadero psicólogo, el maestro Vives- hay un pasaje muy bien hallado que refleja esa influencia de lo material  en lo que toca a pesimismo u optimismo. Un estudiante parisién, que vive su vida en el pleno invierno nevado de la capital de Francia, pasa sus apuros como tantos estudiantes bohemios de aquel centro docente universal. Tiene el estomago vacío y todo lo ve (él cree que a través de la nieve que cae; pero en realidad es a través de su estómago vacío) todo lo ve pesimista y negro. Le invitan a comer opíparamente en el restaurante de la esquina; pasan unos pocos instantes, y el bohemio sale más que satisfecho de la manduca, exclamando en medio de la nieve: ¡Qué bella es la vida!... después de comer, por supuesto.
  Eisenhower es optimista, y así lo declara en unas revelaciones vulgares que no merecían correr por los sin hilos de los cables.
 Para él, todo va bien. El mundo de la post guerra es un mundo admirable, con sus dificultades, naturalmente, pero pequeñas y solventables. Buena la marcha de Estados Unidos,  buena Gran Bretaña, buena la Europa vencedora, buena la Europa vencida, buena la situación de Alemania…
 Eisenhower es un hombre de peligro. Ahora dice un cable que le quieren dar, a semejanza del “comercialista”  general Clark, un alto empleo, para que dirija las finanzas de una empresa.  Y es peligroso el pie con que entraría a manejar el eje económico de la entidad. Ha de haber optimismo en un buen industrial. Sin esa rueda poco se hace. Más, no es posible que ese optimismo pase de límite. El comerciante que fuese optimista ante su quiebra segura, se pasaría de tonto.
 Todo lo ve optimista Eisenhower. Es que come bien y está satisfecho. No importa que nieve, como el estudiante del cuento. La nieve alegra a los satisfechos y vuelve, la misma nieve, más triste a los hambrientos.
 Si el general fuese un hambriento alemán; si le privasen a él, como él priva a los demás, de su libertad;  si sus obligaciones económicas no pudiesen saldarse; si hubiese guerra civil en su patria y esa guerra le agujerease el pellejo;; si nevase sobre su cuerpo desnudo y sin techo, el optimismo de Eisenhower sería, a estas horas, negro y triste pesimismo. 
 Bueno sería que un general fuese algo menos superficial, y no hablase de su optimismo, sino que considerase, fuera de su estado de ánimo, las condiciones objetivas del momento. Que viese por lo menos, ya que no estudiase, las condiciones de Europa, debatiéndose, no entre la abundancia de un soldado norteamericano, que puede saciarse, sino desde una habitación vacía y con la mesa no vacía, porque no hay siquiera mesa; bueno sería –y él tiene cierta obligación de ver las cosas como son, y cómo son para la generalidad- y entonces posiblemente lo vería  con unos tintes un si es no es pesimista.  

Las Feroe independientes
La SI 05/10/46 p. 5