diplomáticas 46
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Diplomáticas La SI 04/05/46 p. 7
Diplomáticas La SI 25/05/46 p. 6
Diplomáticas La SI 03/08/46 p. 10
Diplomáticas La SI 17/08/46 p. 8
Diplomáticas  La SI 24/08/46 p. 7
Diplomáticas La SI 07/09/46 p. 10
Diplomáticas La SI 05/10/46 p. 7
Diplomáticas La SI 12/10/46 p. 9
Diplomáticas La SI 26/10/46 p. 9
Diplomáticas La SI 16/11/46 p. 10
Diplomáticas La SI 02/11/46 p. 8
Diplomáticas La SI 14/12/46 p. 9

 

Diplomáticas
La SI 04/05/46 p. 7

Peor que ante de la guerra
 Han tenido lugar, por segunda vez, graves roces diplomáticos entre Estados Unidos y el Soviet a causa de ciertos vuelos de aviones norteamericanos sobre la zona rusa de Port Arthur.
 El asunto tiene dos fases distintas y es lógico que la prensa a las órdenes de los aliados se calle el primero de estos aspectos.
 EE. UU. –el incorruptible Roosevelt- entregaba en Yalta al Soviet la península china de Port Arthur, a cambio de que Rusia interviniese contra el Japón a favor de Estados Unidos. Es decir, para agradecer un servicio a Estados Unidos, Roosevelt pagaba con suelo y con cabezas humanas de China. a base de esa doble inmoralidad, era lógico que Estados Unidos se abstuviese de volar por los cielos de aquella península, y menos con aviones fotografiadotes. Norte América, así, se metía de lleno en una especie de “contratar algo”, y es lógico que Rusia ha protestado, incluso cañoneando al avión “descarrilado”
 La otra faz del suceso es más grave todavía. Nos habían jurado los aliados que hacían la guerra contra Alemania y Japón para acabar de una vez contra el armamentismo y las sospechas mutuas. Era la razón justificante  de una mortalidad tan espantosa.  Acaba la guerra; y en entre las naciones “unidas”, es decir, aliadas, continúan reinando, más gravemente que antes, las mismas sospechas, las mismas tretas, los mismos egoísmos, el mismo armamentismo.
 Pura farsa, pero ahora envuelta en sangre de más de 20 millones de hombres.

El famoso Dr. Benes
 El gobierno húngaro acaba de enviar una nueva Nota al gobierno de Praga, protestando por la política de persecución y lesión de los derechos elementales del hombre que viene ejerciendo Checoslovaquia contra Hungría y los súbditos húngaros.
 No ha de venir de nuevo esa noticia. El recordado Benes, durante los 20 años anteriores a esa guerra, actuó de dictador contra eslovacos y moravos, conculcando todos los pactos firmados. Para qué decir su dictadura contra los 3 y medio de millones de alemanes que patrióticamente habían sido entregados a Checoslovaquia, sin siquiera ser consultados, por los famosos demócratas de Versalles.
 Mr. Benes, al invadir Alemania Checoslovaquia, abandonaba su puesto y arrancaba como liebre no mparando hasta Londres, refugio de dictadores democráticos. Durante la guerra cobró sueldo constantemente, a cargo de ir a Checoslovaquia después de la guerra, dedicándose –el dictador- a hablar contra los dictadores del Eje.
 En acabando la guerra, sin previa consulta a los interesados, entrega parte de su “indivisible Estado a Rusia, a cambio de que el Soviet protegiese  su vuelta al gobierno de Praga. Para él, la “patria” checoslovaca incluía Rutenia, como había declarado constantemente. Al entregarla a Rusia, traicionaba a su patria y la desmembraba.
 Llegando nuevamente a Praga bajo las bayonetas rusas y norteamericanas, ha dedicado su tiempo a perseguir rudamente  a cuantos no piensan como él, apropiándose de las propiedades y los bienes de 3 y medio millones de alemanes.
 Y ahora se dedica a dictatorializar contra los polacos, contra los húngaros, contra quien se le pone entre ceja y ceja: porque es hombre de carácter dictatorial.
 El gobierno húngaro protesta tontamente: Benes es Benes, y su dictadura es respaldada, a la vez, por Rusia, Gran Bretaña y Estados Unidos, los países de las Democracias.
Murió la gentil Mafalda
 El rey de Italia, magüer su manía antifascista y la entrega del país a ejércitos extranjeros, tenía unas lindas hijas. Acaba de saberse el fin trágico de una de ellas, nacida, como se ve, para el infortunio: la princesa Mafalda.
 Cuando su padre, el rey de Italia, se entregaba a los aliados, la hija (casada con el príncipe alemán, Phillip, del cual tuvo cuatro hijos, ahora de 18, 17, 8 y 5 años, respectivamente) era relegada por Hitler a una ciudad del interior. Allí moría, a causa de un destacado ataque aliado a ciudades indefensas, agosto de 1944.