EDU en La SI Otros 46
Índice del Artículo
EDU en La SI Otros 46
Página 2
Página 3

Debe ser esmerada la educación del ciudadano  La SI 26/10/46 p. 7 Pastor Valencia Cabrera

 

Debe ser esmerada la educación del ciudadano
La SI 26/10/46 p. 7
Pastor Valencia Cabrera

1.- En la Democracia no basta saber leer para ser ciudadano
 En nuestro país, como en muchos países, quizá no es tan peligrosa, para la causa de la tranquilidad y el bienestar sociales, la ignorancia del abecedario que se nota  en las gentes,  principalmente en la raza indígena, que no conoce ni la tilde de la niña que lleva sentada en los ojos, presas de ávida curiosidad a veces de ver lo que acontece alrededor, que no la ignorancia de la primera cartilla que se advierte en un elevado porcentaje de individuos instruidos, que saben leer y escribir correctamente, a quienes, por eso mismo, llamamos muy a boca llena ciudadanos. Porque, en nuestro país, el hombre que no sabe leer ni escribir, siquiera medianamente, no llega a la categoría de hombre válido, es decir, no llega a ser considerado como ciudadano de ley en la República; mientras que, viceversamente, el que sabe leer y escribir, aunque sea a duras penas, alcanza plenamente a situarse en esa altura de benemerencia social, aun cuando apenas sepa leer y escribir su propio nombre.
 Con el severo acento de la ley en los labios, decimos de él que es un ciudadano en ejercicio, “hábil por derecho”, como acostumbran escribir nuestros legistas de por ahí; como si la alta condición de la libre ciudadanía de un país consistiese únicamente, o tal vez, principalmente, a pedido de la ley, en saber deletrear trabajosamente un nombre  y en poder mostrar una firma mal hecha. La elegancia de poder escribir con todos los ringorrangos de la moda, es posibilidad que está al alcance de contadas personas, así en los Reinados como en las Repúblicas; porque más abundan los bárbaros con indumentaria de civilizados que los auténticos salvajes con trajes de plumas.   
 Pero no: la ignorancia es siempre ignorancia, y la ignorancia es siempre peligrosa, aún cuando sea abecedaria; pero es mucho más peligrosa, sin duda, la no ignorancia abecedaria de quienes pasan por gentes letradas, aunque también la letradura ha caído, algunas veces, en sinonimia de maldad, de perfidia refinada, que deja atrás las perversidades del analfabetismo. 
 En efecto: cualquiera encuentra que un ignorante malvado es menos repulsivo a la conciencia que un malvado instruido, esto es, instruido en las escuelas de la perversidad sistemática, a que conduce generalmente la ausencia de moral individual y política, más todavía, la ausencia de verdadera educación del hombre; en tanto que la ignorancia  en que se esté acerca de la maldad que se consuma, puede ser vista con más compasión que con repugnancia. Al ignorante fácilmente se le perdona la culpa, porque se piensa que la cometió por causa de su misma ignorancia ciega; pero no así al sabido, al docto, porque se le acusa de haber incurrido en el mal a sabiendas, es decir, con ánimo deliberado, con propósito preconcebido de causar el daño, porque se lo quiere causar, aún sin que medie el menor antecedente que lo justifique, mejor dicho, que lo disculpe, bajo el signo del ingenuo candor con que el gato de la fábula se prestó a sacar con la mano las castañas del fuego.

2.- Pueblos muy ilustrados, pero no idénticamente educados, son pueblos muy peligrosos  
 Por eso hay ocasiones en la vida de los pueblos, en las que es menester exclamar, con el pecho comprimido por justificado temor de que se hagan algún impensado daño: ¡Oh santa ignorancia de las gentes! y exclamar otras veces: ¡Oh admirable candidez, sin ignorancia de mis caros conciudadanos! Así como en otros trances es fuerza gritar , con odio y desprecio incontenibles: ¡Oh sabida ignorancia no sabida, de los más! Condición característica del ignorante es el ser, esencialmente, un sujeto pacífico, inofensivo como un gamo, y tal vez como una bestia mucho más completa que las que ignoran el arte del raciocinio, que diría Schopenhauer; al paso que es harto distinta la actuación del malvado redomado por su ilustración si fe ni conciencia recta de la vida; la ilustración suele servir, a los tales, de veneno, para picar más mortíferamente a las gentes. Hay cobras venenosísimas no solo en la India, país clásico hasta de las serpientes que se dejan encantar  a los agudos y ondulantes silbidos de una flauta…
 En nuestro pueblo, por desgracia, no han faltado nunca los genios estupendos como analfabetos, llegando a figurar algunos aún en los altos puestos directivos del Estado, con la