Hispanoamericanismo 46 11 12
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Hispanoamericanismo 46 11 12
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Estados desunidos ibero-americanos. Solución única: el triángulo  La SI 16/11/46 p. 7
Estados desunidos ibero-americanos. Argentina accede La SI 23/11/46 p. 7
Estados desunidos ibero-americanos. Recibimos y publicamos (parte de una carta) La SI 23/11/46 p. 7
Estados desunidos ibero-americanos. Vinos sudamericanos La SI 14/12/46 p. 8
Estados desunidos ibero-americanos. La familia racial La SI 28/12/46 p. 2
Estados desunidos ibero-americanos. Pónganse de acuerdo La SI 28/12/46 p. 2

 

Estados desunidos ibero-americanos. Solución única: el triángulo
La SI 16/11/46 p. 7


    Cuando se examina algo que se relaciona con la acción humana, hay que buscar inmediatamente el fin, es decir, el objetivo que se busca.
    Decían los lógicos (cuando las gentes racionaban con lógica) que el fin u objetivo de una acción es la causa de ella. tanto, que sin esa finalidad buscada, la acción no se realizaría. Usted juega a la lotería porque quiere ganar. Esa es las finalidad que bueca. Sin ella, usted no jugaría a la lotería, para perder miserablemente el tiempo. por esto decían los escolásticos:  “Primum in intentione est ultimum in executione”. O sea: lo último que se consigue es lo que se intenta primero.
    Por esto, al tratar algo tan esencial con es las relaciones internacionales, y al examinar los medios de que cada cual se vale, hay que preguntar o presuponer “qué busca” al hacer esto o aquello.
    ¿Qué busca Estados Unidos con su política vis a vi de los Estados hispanoamericanos? ¿Qué busca España, que también anda tras ellos? ¿Quieren imperializar sobre ellos? ¿Buscan solamente aquella amistad que se basa en algo natural, aunque vengan tras ellas ciertas ventajas –o ciertos inconvenientes- económicos?
    Y hemos de basarnos, en este caso, en que de manera alguna se busca el Imperialismo. Nada, como cosa principal, económica. Nada, por supuesto, de orden colonial,  auspiciando servirnos de esos pueblos, sino amistar con ellos de una manera condigna.
    Sabemos, y lo sabe todo el mundo –y lo ha dicho Roosevelt- que Estados Unidos han buscado, hasta ahora, imperializar sobre estos pueblos. Antes de Roosevelt, con Roosevelt y después de Roosevelt.
    Pero nosotros nos basamos en otra finalidad. Si quieren colonizarlos e imperializarnos ¿a qué argumentaciones? ¿a qué razones?
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    Hemos de basarnos en lo que es, en lo natural, y, sobre todo, en lo que forzosamente hay que reconocer, sin poder prescindir de ello, por esfuerzos que se hagan. Y las dos cosas, cuyo fundamento está en la naturaleza, como se dijo aquí mismo el otro día, son la Sangre y el Vecindaje, la Raza y el Continente.
    No se puede, ni que se quiera, prescindir de la Raza, del parentesco,  del origen de nuestra gente. De Estado puede cambiarse, no así de Nación. Un chino es chino, aunque se rompa la cabeza para no serlo. Un francés es francés y lo será siempre, por mucho que cambie de Estado. Cuanto haga uno para olvidar su Familia, es inútil. No va a lograr ese olvido. Estamos atados a la Familia por un lazo de naturaleza.
    Puede un descastado no pensar en la Familia. Puede, un invertido, pelear contra ella. Puede acarrearle daños y odiarla todavía. Así y todo, con todo eso, es de la familia y pertenece a ella.
    ¿Qué pasará si un infeliz se pone contra la Familia? ¿Qué le pasará al que, queriendo derribar la muralla, da de cabezazos contra ella? Que se romperá la cabeza, no la muralla. “Apartad lo natural –decía el gran preceptista francés- y él volverá al galope”. Porque lo natural es lo natural, y será en vano que algún tonto quiera prescindir de él, a no ser que pueda andar patas arriba.
    Lo mismísimo diríamos del Vecindaje. Si se trata de una Familia hogareña, cabe trastornar su vida y cambiarse a otro pueblo, a otra nación, a las antípodas. Pero no es esto lo natural. Una Familia racial, una nación, está ubicada donde está, y no hay manera de arrancarla de raíz de donde está. Chile es Chile, y está en el continente americano, sin que, por su voluntad, sea dable arrancarle la Vecindad y trasladarlo al África.
    Tenemos, por tanto, dos hechos: la Sangre o sea la Familia Nacional, y la Vecindad o sea el Suelo.
    Ha de atenerse a las dos cosas a la vez, el quiera vivir en paz y a conciencia.
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    Es esta la cuestión del Triángulo.
    Un país (1) ha de vivir dando cara a otros dos: a la Raza (2) y al Vecino (3).