Estados Unidos 46 12
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Un síntoma. Huelga del carbón en Estados Unidos La SI 07/12/46 p. 4-5
Lewis, o la cabeza del avestruz La SI 21/12/46 p. 5

 

Un síntoma. Huelga del carbón en Estados Unidos
La SI 07/12/46 p. 4-5

 a) Comienza el país del norte una nueva vida política. ¿Será una imitación de la que se iniciaba con la caída de Wilson después del año 20, renovando los pasos, y agravando las consecuencias, de aquellos años?
 Respecto a Estados Unidos, hay que saber comprender el panorama; y se equivocará de medio a medio el que se guíe por palabras que no son más que etiquetas permanentes sobre cosas muertas.
 En el mapa norteamericano perduran los vocablos “demócrata” y “republicano” como si respondiesen a cosas reales y efectivas. No son más que reminiscencias fantasmagóricas de cosas muertas.
 En la historia evolutiva de los pueblos en cuanto a partidos y bandos, hay que saber distinguir entre la piel y el meollo, entre la denominación histórica y la realidad presente. Y nunca olvidar que al revés de la naturaleza zoológica, en la zoología de los bandos y partidos, la esencia cambia mientras la piel permanece. 
 ¿Hay actualmente en aquel país dos partidos, que, por lo mismo que son dos, tienen línea divisoria y características propias? Hay dos nombres de partidos y dos grupos de hombres en ellos. Pero la realidad ¿corresponde a los nombres, o bien, no es más que una fantasmagoría? Al tratar de las recientes elecciones norteamericanas dejábamos en claro que no había en realidad tales dos partidos, y que no hay diferencia –ni la hubo desde la mitad de la segunda Presidencia de Mr. Roosevelt- entre esa pura apariencia de dos bandos distintos.
 Se trata –y simplemente- de dos equipos sucesorios de un mismo y único bando, que han sentado todo le necesario para el turno personal y de grupos personalizados.
 Ahora es Mr. Truman el perseguidor de las huelgas,  en un todo conforme con el partido que tiene mayoría en el Congreso. Y, en esta mayoría, figuran, en el problema del carbón los del partido derrotado, en íntimo coloquio con los vencedores.
 No discutimos si tienen razón los huelguistas o los políticos. Es una cuestión importantísima, pero que no nos importa de modo alguno en este caso. Solo nos interesa, como primer precedente, mostrar que no se trata de innovación partidaria alguna, operando ahora, como operaban antes, republicanos y demócratas exactamente de la misma manera. 
 No se cometa, por tanto, el error de pensar que se debe el conflicto huelguístico actual –y la lucha entre los huelguistas y el poder público-  a un cambio de gobierno o de parlamento. Esta huelga es una reminiscencia de la anterior, de los mismos carboneros, que el mismo Truman ahogaba  con la fuerza del Estado y en época anterior de meses a las elecciones, del mismo modo que intenta hacerlo ahora.
 ¿De qué viene, pues, el conflicto, si no es a causa de un cambio de personas o de mayoría gobernantes?
 Esta guerra social pacífica es simplemente un síntoma. Y es muy importante precisamente porque es un síntoma del tiempo, del clima norteamericano y de lo que va a pasar día a día, mudando los gremios en cadena sin fin, hasta terminar en un colapso.
 No es extraño que los mismos “sabios” economistas norteamericanos y hombres de negocios no vean nada de esto. La industria norteamericana será, en cuestión de técnica, lo que se quiera, y nada tiene que ver esto con el asunto. Pero, tratándose de los jefes y dueños de negocios, probado está por varias crisis allí habidas –y sobre todo, por la de 1929- que son de ínfima capacidad que no acertaron a ver lo gigantesco que estaba delante de sus ojos mismos. Y los infelices reputaban prosperidad, lo que era la más terrible antiprosperidad que jamás hayan tenido aquellos negocios.
 Estados Unidos tiene, para su desgracia –y será bueno que enmiende algún día- la mala cualidad del prócer industrial inglés, que medía la riqueza del país por su propia riqueza. Chateaubriand, que conocía a los ingleses y había sido embajador en Londres, decía de ellos: “No he visto país que tenga más oro y los nobles más riqueza; y, en cambio, el pueblo más miseria total. Es el estado más rico del mudo y le pueblo más pobre de la tierra. País de mendigos”.