México 46
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Nuevo Presidente mexicano La SI 07/12/46 p. 5-6

 

Nuevo Presidente mexicano
La SI 07/12/46 p. 5-6

 a) Ha iniciado su mando un nuevo personaje en el país hermano de México. Es el primer Presidente civil habido en aquel país, desde muchos años de corrientes,  no militares, como dicen algunos, sino caudillescos, porque esos militares ni siquiera lo eran, sino caudillos improvisados y auto-nombrados generales. Ahora, con el Dr. Alemán, se hincan las Presidencias civiles.
 A esto le dan suma importancia los críticos asalariados. No tiene ninguna. Y, ¿podríamos decir que, por ventura, tiene importancia distinta y contraria a la que le asignan los comentarios?
 Es un hecho, especialmente en los países de América más avanzados, que mientras los civiles han iniciado y hecho perdurar la farra política, sin importarles nada los problemas nacionales, y “organizando” una política para sí y para sus huestes, toda reforma social efectiva –que no charlada-ha venido de Gobiernos y Presidentes militares. La cuestión parece absurda. Pero hay que agachar la cabeza ante los hechos. 
 Si se repasan las reformas sociales y los planes políticos “realizados” en toda América, la lección que se saca es elocuente: las grandes empresas civiles y las mismas reformas sociales de envergadura, se deben a militares, y aún a militares dictatoriales. Claro que en sentido de charlar y prometer, son los civiles los que ganan la partida. Lección que los civiles habrían, al fin, de comprender, para en lo futuro volver por lo que suele llamarse “fueros de la democracia” y que lo serían, si la democracia fuese real y tangible. 
 México, a vuelta de cien revoluciones, de mil asonadas y de mucho sufrir, ha realizado en unas dos décadas un montón de reformas que los espíritus superficiales miran nada más que por su aspecto especial, pero que vienen a ser casi integrales: nacionalización del petróleo, que la avidez extranjera explotaba, y no moralmente; repartición de tierras agrícolas, aunque manchada esa repartición por los incontrolados que la han realizado, y al fin aparecidos como terratenientes;  reforma a fondo de la enseñanza de un nuevo tipo en la cual tan acerbamente trabajaban Vasconcelos y nuestra Mistral; Modernización de impuestos, cargados sobre las utilidades, que no sobre lo necesario para la vida; aireamiento de la política, tan sangrienta a veces, tan maleada, pero, al fin y al cabo, desraizada la vieja política de camarilla; organización social imperfecta, aunque necesitada de reforma verdaderamente democrática y gremial, pero al fin, organización del trabajo; un nivel de vida todavía bajo, pero con una iniciación ascensional evidente; y, para no alargar la lista, modernización, en cuanto a método y vida activa, de aquella Iglesia, que vivía apolillada en las antesalas latifundistas, sin darse mucha cuenta del cambio metodológico necesario, y que ahora, ayudada por millares de seglares selectos y una poblada realmente cristiana, está realizando obra de reconquista realmente notable. 
 México, en el lapso de una serie de revoluciones sangrientas y algunas llenas de barro ha inaugurado una nueva etapa en su historia. En ella va a ser un nuevo anillo –tal vez el principio de una sub etapa nueva-  el nuevo Presidente.

 b) Al iniciarse la campaña electoral, eran dos los candidatos que se disputaban la Presidencia, ambos civiles y ambos ministros del presidente cesante, señor Ávila Camacho: el hoy triunfante Dr. Alemán y el canciller Dr. Padilla.
 El primero tuvo el apoyo de las organizaciones obreras, especialmente de las controladas por la política, y era natural esperar su triunfo. El Dr. Padilla viene explicando a quien quiera oírle que se le ha arrebatado el triunfo y que Alemán es hijo de la trampa política. Será cierto ese aserto, aunque no ha sido probado. Pero habrá pocos que lo crean.
 Padilla, para ser elegido, había de ofrecer un programa de aliciente, novedoso; y, además, había de dejar tras sí menos rencores y más esperanzas en vista de su actuación como canciller.
 En lo internacional, no diremos que traicionó los deseos del pueblo mexicano, en el sentido de querer presentarse como campeón de una democracia imperialista y enemigo ciego de los perseguidos alemanes y japoneses; pero no supo cuadrarse como canciller de un pueblo libre y plantar cara a quien sea. Las actitudes valientes, sobre todo si a la vez son nacionalistas,