Irán 46
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La tragicomedia de Tabritz  La SI 28/12/46 p. 6

 

La tragicomedia de Tabritz
La SI 28/12/46 p. 6

El ejército de Teherán –el gobierno central persa- acaba de entrar en la región azerbaijana y en el Kurdistán, embocándolo todo a sangre y fuego.  ¿Cuál es el objeto de esas matanzas oficiales? ¿Habrá algo más que el mal ejemplo dado por las grandes potencias, que cercenan el pescuezo a cuantos, más valiosos que ellas, podrían hacerles la competencia, como se la hacían antes, en esto o en lo otro? (mapa 1)
 Es interesante resumir la comedia –a veces, honda tragedia-  jugada en aquel noroeste iránico, para poder hacerse cargo de su esencia.

 a) El Irán -la antigua Persia y Media de los viejos tiempos- no es una nación étnica. Lo era, en la más remota antigüedad, como país nuclear de un Imperio; una región formada por dos regiones parientes –persas y medos- que, acosada por el hambre y la necesidad, se lanzaba contra los vecinos con furia descompasada. De ahí el Imperio persa, más conocido como nación nuclear de ese Imperio militar, que como nación misma y sola.
 Cuando el imperio estuvo en sus buenos tiempos, eran varios los pueblos sobre los cuales imperializaba. Y si el núcleo militar conquistador era conocido y delimitado, los pueblos constituyentes del imperio eran variables, más o menos según el auge de la conquista y la mayor o menor extensión del reino.
 Persia de hoy, como en los buenos tiempos imperiales, no es un Estado nacional, y ni siquiera ahora plurinacional. Con establecer entre las varias naciones que lo formasen lazos federales, quedaría todo pronto y bien concluido. Persia de hoy día, además del núcleos iránico, que tiene toda la fuerza de nación central dominante, incluye varios “trozos” de otras naciones, y todavía con régimen vejatorio de no ser “otras naciones” sino “trozos” sangrantes de otras naciones.  
 (Nada hay más disparatado, trágico y cruel que, en estos tiempos que se llaman civilizados, los Estados no coincidan con la base Nacional, en el desideratum deseado de “una Nación un Estado” ¿Qué puede pensare de reducir a trozos una nación, hacerla sangrar con sus miembros cortados, y pasarlos todavía a distintos Estados, poniendo a hermanos contra hermanos? ¿Podría darse una mayor prueba de lo bárbaro de estos tiempos, de la poca inteligencia de los grandes políticos, de la supremacía de los hechos y las conquistas sobre los derechos y los ideales? ¿Cómo en pleno siglo XX, la humanidad, dirigida espantosamente por la política usual, no ha llegado a comprender los derechos objetivos de los pueblos, y evitar con ello el mayor obstáculo a la felicidad y al buen gobierno de las naciones?).
 La Persia actual, como la de antaño de los siglos obscuros, además del núcleo central iránico, tiene prendidas en sus extremos, trozos sangrantes de otras naciones pisoteadas. En Persia son estos trozos, al menos, media docena. Ahora están en moda dos de ellos: el Azerbaiján y el Kurdistán, repartidos entre la Rusia soviética y la Persia.

 b) De ahí el desequilibrio, el origen de tantos disturbios, la caus de la desazón nacionalista.
 Se habla de la intervención rusa, de la agitación forastera, de tantas cosas raras, como si los microbios de Koch, y no la debilidad pulmonar, fuesen la causa de la tisis. Cierto que Rusia ha agitado el oleaje, tirando porque se acentuase la antinomia práctica entre Persia y los trozos de naciones que ella gobierna. Pero ¿surte efecto una agitación colectiva, si previamente no existen motivos para que la fundamenten, o, al menos, la acasionen?