Estados Unidos 47 02 03
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Estados Unidos 47 02 03
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Mr. Messersmith llega a Buenos Aires entre palmas La SI 08/02/47 p. 5
Roosevelt criticado. Roosevelt en una nueva etapa La SI 22/02/47 p. 5
El “escamoteo” de las patentes e inventos ajenos La SI 01/03/47 p. 5-6
Padres de la Patria que dicen leseras. Un fenómeno senatorial La SI 08/03/47 p. 3-4
El yanki bromista. Gran Bretaña, provincia de Estados Unidos La SI 08/03/47 p. 5-6
Mr. Braden sigue disparatando. Mr. Braden habla todavía La SI 15/03/47 p. 4-5
Mr. Truman ha ido a México  La SI 15/03/47 p. 5

 

Mr. Messersmith llega a Buenos Aires entre palmas
La SI 08/02/47 p. 5

 Ha llegado a Buenos Aires, nuevamente, el embajador de Estados Unidos, señor Messersmith. Ha estado un mes en su patria, debido a un llamado del propio Presidente Truman. Debía ventilarse el problema de Argentina, en el nombre. Realmente no hay problema argentino ninguno, sino el lío que se llevan Braden y Messersmith, los dos polos opuestos en un lío en que se metió el primero, bastante faltado de alcances diplomáticos, al meterse en camisa de once varas en Argentina, creyendo en serio, en un rol imperialista que la Argentina no acepta.
 La política de Estados Unidos, que sufre varios defectos, tiene el no saber cómo libertarse de las influencias metálicas: Braden es hijo de Braden. Y Braden y la familia están reventando de cobre, oro y otros metales. Y cuando un supermillonario se mete mal en algo, hay que ir con cuidado en dejarlo en ridículo, por miedo a que toda la caterva superadinerada dispare sus rayos mortales –son los amos- sobre el infeliz ciudadano o Gobierno, que se atreva a contradecirlos.
 Hace ya semanas y meses que el Gobierno de Estados Unidos sabe que, en el pleito Braden-Messersmith, el primero perdió a todo perder la partida. Hace meses que el señor Braden cobra como Subsecretario de Estado, sin que pueda meterse en nada. Esta es la hora, sin embargo, que ni el Presidente mismo se ha atrevido a decirle a Braden que se vaya silenciosamente y que, puesto que no trabaja y le sobra la plata, se deslice modestamente hacia la calle.
 ¿Cuántas veces se ha dicho en estas columnas que hay dos personas que sobran a todo sobrar en el departamento diplomático, que son Braden y Hull, y que hay que dejarlos sin trabajar y sin cobrar? No hay, desde el presidente abajo, quien se atreva a sacar a esos dos caballeros del presupuesto diplomático.
 No obstante, dejados allá o salidos, siempre será Messersmith el triunfante en esa pelea. Braden tiene la simpatía de los norteamericanos. Messersmith tiene la simpatía de los argentinos. Y esos son triunfos, que no el oro.
 Por eso, al volver ahora el Embajador a su puesto, lo reciben los argentinos en triunfo, y suenan las sirenas, y lo aclaman las muchedumbres, y, en el fondo del Palacio Rosado, aplaude también Perón con ambas manos. Porque el que se creyó con derechos para disponer de un pueblo extranjero, está ya bien vencido y derrotado. Saquen a Braden o no lo saquen, Messersmith –es decir, Argentina- ya lo ha arrinconado, aún en Estados Unidos mismo.

Roosevelt criticado. Roosevelt en una nueva etapa
La SI 22/02/47 p. 5

 Uno de los hombres más funestos de la primera guerra mundial, fue el Presidente Wilson. Difícilmente hallaríamos entre los Presidentes norteamericanos, uno más antidemocrático, más imperialista, más atropellador de la soberanía de otros países. Y uno de los hombres más dictatoriales, y más equivocado, de esta segunda guerra, ha sido Roosevelt, sobre cuyo nombre los aliados de la pluma escribían loas que no se merecía, dictadas por él mismo.
 Roosevelt, que hacía todo lo contrario de lo que decía, ha pasado por el período en que, en su mano la censura, nadie podía decir una palabra en su contra. Ahora ha comenzado en Estados Unidos mismos la baja, criticándose ya multitud de medidas del dictador.
 Un senador ha declarado ya en pleno Senado, que cuando los japoneses atacaron Pearl Harbour, Ya Roosevelt había declarado la guerra al Japón cometiendo la iniquidad de atacar y hundir sus submarinos en plena paz y sin previo aviso.
 Un diputado yanki acaba de declarar que en las reelecciones de Roosevelt, superaban los empleados públicos la diferencia que le daba el triunfo. Lo cual quiere decir que amañaba sus elecciones con dinero del pueblo cohechado.
 Otro senador acaba de decir que la dictadura de ese hombre era tal, que acordó Tratados secretos sin dar conocimiento de ellos ni al Senado, conculcando la Constitución Nacional, ni a