Hispanoamericanismo 47 03 04
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Hispanoamericanismo 47 03 04
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Estados desunidos ibero-americanos. La etapa del Hispano-Americanismo  La SI 01/03/47 p. 8
Estados desunidos ibero-americanos. Determinismos antipatrióticos  La SI 01/03 p. 8-9
Estados desunidos ibero-americanos. La sangre y el vecindaje  La SI 08/03/47 p. 10
Estados desunidos ibero-americanos. Lo previo y lo combatido  La SI 08/03/47 p. 10
Estados desunidos ibero-americanos. Los valores espirituales La SI 15/03/47 p. 9
Estados desunidos iberoamericanos: el porvenir de América y las crisis mundiales  La SI 29/03/47 p. 7
Estados desunidos ibero-americanos. El Imperialismo de Wallace  La SI 19/04/47 p. 9

 

Estados desunidos ibero-americanos. La etapa del Hispano-Americanismo
La SI 01/03/47 p. 8

 Dice la sabiduría popular que “cada asunto tiene su hora”. Quiere decir que las cosas hechas a destiempo no flotan.
 El tiempo es una cosa milagrosa que nadie ha sabido todavía lo que es. Ni los filósofos más emplumados han podido desentrañar un ápice de lo que sea esa quisicosa que es el tiempo.
 Desde la Antigüedad se han roto la cabeza  -hablando simbólicamente- los cerebros más distinguidos de la humanidad; y ni por esas. Aristóteles se preguntaba angustiado que sería el tiempo. Ya Platón había buscado tres pies al gato andando en busca de lo mismo.  San Agustín dedicó a ello, inútilmente, los mejores instantes de su meditar silencioso; y se preguntaba lleno de azoramiento: “¿Quid est ergo tempus?” Y contestaba sentenciosamente con una respuesta que habrían de tener en cuenta todas las Comisiones de Exámenes de la tierra: “Si no me lo preguntas, sé perfectamente qué es el tiempo. Si me lo preguntas, no sí ni como comenzar para expresarme”.
 Después del Ingenio de Hipona, no han dejado los filósofos de la mano la investigación de lo que sea el Tiempo. Averroes, el pensador del Arabismo, que brilló en París como estrella de primera magnitud, decía no atreverse a meterse con esa entidad rara. Tomás de Aquino, hombre práctico, renunció a perder el tiempo buscando cosas ocultas. Y en nuestros días casi ¿qué hizo Kant sino divagar alrededor del concepto, no logrando saber absolutamente nada de su misma naturaleza? “Es una categoría de los entes temporales”, y con esta definición pretenciosa ,, que Aristóteles había ya enunciado, no dijo todo lo que sabía del Tiempo, que en realidad no es nada.
Últimamente han mezclado el Tiempo en la pelea de ciertas cosas modernas llamadas “las cuatro dimensiones” que inventó Balmes y han desarrollado, a los cien años (y sin nombrar a Balmes) otros ingenios. Pero, a decir verdad, fraseología pura: ni aún en Algebra tiene expresión adecuada eso de las cuatro dimensiones, uno de los fanatismos modernos.
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La verdad es que, desconocido que sea el Tiempo, y aún ignorando si se trata de algo objetivo o de una pura subjetividad, el desconocido y huraño Tiempo es condicionante de tantas cosas nobles. El Espíritu anda por el tiempo como la materia camina por el Espacio. Y no hay cosa humana que pueda realizarse sin que el tiempo se meta en su existencia.
El tiempo, que no sabemos lo que es, no es tan esencial e indispensable, que incluso él hace fracasar, o triunfar, muchas cosas, según como se toma el tiempo respecto de ellas. Porque eso que ignoramos lo que sea, que es el tiempo, está metido de tal modo en esas ecuaciones humanas que son los actos, que no es posible una sola ecuación, en la millonada de actos humanos, que pueda surgir sin tener en cuenta el tiempo debido. Todos los actos están en conjugación indispensable con ese tiempo que no sabemos ni lo que es, que cada cosa tiene su tiempo.
Hay actos, en el terreno de los sucesos humanos, que son buenos o malos según como se entienden con el tiempo. ¿Qué diríamos de un sacerdote que se tomase una siestecita en la cama revestido de los hábitos sagrados? ¿Qué de un dueño de casa que no supiese perfectamente que todo acto tiene su tiempo propio? ¿Qué de un militar que diese órdenes al batallón en voz queda; o que gritase en la iglesia como en un bosque, desaforadamente?
 Esto de que cada cosa requiere su tiempo, se ha llegado a considerar una de las condiciones más esenciales del triunfo. Dice un adagio árabe, y todas las lenguas tienen el equivalente: “La Ocasión llama una sola vez a la puerta”. Lo cual quiere decir, que de tal modo están atadas al Tiempo las cosas de la vida, que se te avisa una sola vez para que lo recuerdes, y así no dejes que tu porvenir camine hacia el fracaso.
 Cuando es la hora para la realización de una cosa, es inútil intentar emprenderla antes o después del tiempo debido. Antes, es el fracaso, como no toca disco la flecha que se clava antes del blanco. Después es otra derrota: clavar la flecha más allá del blanco es perder totalmente la partida.
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 El Hispano-Americanismo habría fracasado, si, como empresa colectiva se hubiese intentado antes, o después, de estas horas internacionales.