Estados Unidos 47 03
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Truman y el ideal de lucha para vivir. Mr. Truman, la reunión de Cancilleres y otros excesos La SI 22/03/47 p. 1-6

Truman y el ideal de lucha para vivir. Mr. Truman, la reunión de Cancilleres y otros excesos
La SI 22/03/47 p. 1-6

 a) Las cosas humanas, bajo cierto aspecto que se las mire, son como las corrientes fluviales. Miradas desde cerca, desde la orilla que cada pueblo tiene sobre la corriente del río propio, uno admira las aguas según el microscopio de los intereses individuales. Y entonces se admiran una letanía de cosas interesantes, que prestan idealidad y utilidad a esa corriente.
 La utilidad local del río. Mueve máquinas su agua, que se desliza suavemente, baratamente, haciendo mover la vida económica local. Riegan sus ondas las parcelas, tonificando plantas y sembríos, y, a la larga, la cartera del trabajador. Lavan las mujeres allá abajo, a la sombra de un amplio sauce, la indumentaria hogareña,  limpiándola de las mugres usuales e inusuales. Beben los animales de Dios la vida en aquella corriente, y también la beben los que no son animales, pero sí de Dios. La panzuda tinaja, asentada sobre las ruedas de un vehículo, sujeta al suelo los polvos de la calle, con un riego olor de tierra que alegre los corazones. Y así de otras utilidades inmediatas, que llevan mil venturas a las ciudades.
 Porque, si tratásemos de enumerar las riquezas materiales y los vacíos que llena una corriente fluvial, no acabaríamos el panegírico en muchas horas.
 Y ¿las ventajas que escapan a la investigación económica? ¿Y la poesía que emana de nuestra hermana el agua corriente, empapando los corazones de suavidad? ¿Y el murmullo eterno de sus aguas; y las florecillas que inclinan suavemente su policroma corola sobre las ondas fluyentes; Y el tornasol de sus cristales, y la riqueza de peces que zigzaguean por sus aguas, y la fronda de los sauzales que se mecen sobre las aguas, y la canción eterna de los altivos álamos frufruantes que hablan de cosas raras  con las mil lenguas de sus hojas plateadas, y la siesta soñolienta del viandante, que repone sus fuerzas cabe la poética corriente, mientras las oruguitas pasean, alta la cabeza, por las riberas, orgullosas de su cabaña asentada sobre tanta poesía?
 Pero, levantemos la cabeza y echemos un vistazo desde un avión, o siquiera, sobre las hojas policromas de un mapa. Y nos remontamos, desde la belleza inmediata del río, hasta la suprema economía de la naturaleza, que ha dibujado sobre la tierra una red de aguas y una conjunción de ríos que, iniciando su vida en las sumas laderas de los montes, van recogiendo sus aguas metro a metro, reuniéndolas en cien riachuelos; Y entroncan unos y otros, y mezclan sus aguas, y forman anchas corrientes,  y vacían, al fin, en la matriz fructífera del hondo mar, una caudal de aguas de vida, de fuerza y de gracia que tantas riquezas engendra, tantas utilidades presta, tanta poesía tocada de grandiosidad brinda al hombre que sabe reunir esas aguas y contemplar esa red acuática en unidad, desde las fuentes de los torrentes de las altas montañas, hasta los grandes deltas –de tierra o de agua- que son la puerta de entrada al gran estanque común.
 Y hay que saber ver, en los ríos y en lo que, pareciéndose, no son los ríos, esa unidad entre ellos, sabiendo comprender cómo nutren una gran corriente veinte ríos, y cómo, obra de varias causas, producen efectos unidos, acabando en la misma fosa común, tantas corrientes maravillosas que no acertábamos a contemplar desde bajo las ramas frondosas del sauce paterno.
 Los acontecimientos humanos son así, y la gran causa de la ligera interpretación histórica, y de errores sumarios, pende de esto: de que los ríos, amén de saberlos gozar en la casa pairal, hay que saber ver su entronque, y saber ponderar la poesía y la utilidad de ese entronque, sabiendo a qué red pertenece cada corriente y a qué cuenca común deben atribuirse.
 He ahí, en la actualidad internacional, una multitud de ríos y hechos que, contemplados en su significación local, tienen sin duda su utilidad y su poesía; pero que, si sabemos enlazarlos y poner atención en su curso y en el mapa de la red fluvial, veremos como corrientes que se tenían por extrañas, son de común origen; y cómo unas aguas que nos parecían singulares y solas, no son más que parte de una gran cuenca en unidad, que vienen de un común origen, y acaban en una fosa única.
 He ahí el discurso de Mr. Truman, la Conferencia de Cancilleres, la actual desocupación norteamericana, y otros hechos más, que no son hechos aparte, sino parte esenciales de una red