Post Guerra 1939 47 05 10
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¿Se prepara una tercera guerra mundial? La SI 10/05/47 p. 1-6

 

¿Se prepara una tercera guerra mundial?
La SI 10/05/47 p. 1-6

1.- Todo está subordinado a esto

 a) En el mundo nada nuevo aflige a la gente. Pongamos en lista los grandes problemas de antaño, comenzando en siglos antes de Cristo. O se trata de cosas relativamente baladíes, o se trata de problemas exactamente iguales a los nuestros.
 Cuando se habla de progreso, hay que saber distinguir. La humanidad ha avanzado no poco materialmente. No es igual la carreta de bueyes, que el avión a chorro de a 1.000 kilómetros por hora. No son iguales unas gafas con qué se corrigen los ojos gastados de alguna persona, que el microscopio electrónico o el telescopio de 2 metros de radio el lente, que nos acerca lo ubicado en el cielo de las estrellas. No es lo mismo sacar sangre a tajos de navaja, que hacerlo con ciertas maquinillas.
 El progreso, cuando el lado material se le quiere medir, es algo extraordinario. Se comenzó avanzando a paso de tortuga, pero avanzando. Se ha llegado en el avance a paso de gigante. Las botas de siete leguas se han quedado muy atrás, ganando la realidad a la más ufanosa fantasía.
 Pero el hombre no es pura materia. Todavía diríamos que, en el hombre, no es la materia lo más importante Y ¿ha progresado la humanidad desde las centurias que vieron los rebaños de Abraham o las mesnadas de Gengiskan?
 Se habla mucho de Progreso y aún de progreso moral. Muchas veces –no diríamos todas- pura Ideología. Yo llamo así a los conceptos no acompañados de las obras. Hablan, hablan, hablan. Hablan demasiado.  ¡Cierto que la abundancia de palabras quiere ocultar la escasez de obras! ¿Quién distinguiría un político del ateísmo de un nuevo político de la llamada democracia cristiana? Obran, para los negocios públicos, exactamente. No hallaría diferencia alguna entre Bidault y el ateo Herriot el que mirase sus respectivas políticas. ¿En qué se distinguen, en política internacional, humana, Bevin el laborista, y Eden el conservador?
 Falta un libro, escrito sensatamente, sin radicalismos, acerca de las Ideologías, es decir, acerca de los Programas de todo orden predicados y ensalzados, y la realidad, contradictoria de lo anterior, que son los hechos
 ¡Cuán poco se ha avanzado en cuestiones morales, mirándola por el lado de política externa.
 Cuentan de León Xlll una anécdota ilustrativa. Era ese Papa hombre de claridades. Por ejemplo: al hablar en la Encíclica pionner “Rerum Novarum” se atreve a poner esta exacta frase: “El obrero de nuestros días que se diferencia en muy poco de los antiguos esclavos”… Un escritor cualquiera se habría arrancado por los andamios de la Retórica para mostrar la diferencia entre un textil de hoy día y un esclavo de un patricio cualquiera. Y, montado sobre el macho de la palabrería, hallaría diferencias mil que mostrasen el progreso. León Xlll, en todos sus escritos, huye de la Retórica y sabe apearse de los conceptos y meterse de cabeza en la realidad viva. Ya aquí, usa los vocablos convenientes según dictado de esa realidad.
 Dicen, pues, de León Xlll que estaba tan amargado por la sinvergüenza de la política internacional sobre China, que no perdía ocasión de ponerse del lado de aquellos infelices amarillos.  Un día le visitaba un político inglés, el cual urgía su palabra pública, para “civilizar” a los chinos, es decir, para hacerlos más mansoides ante el imperialismo  de las potencias dominadoras… se enojó el Pontífice, contestando:
 - La llamada política cristiana en China no solo no es cristiana, sino todo lo contrario del Cristianismo.  El mayor obstáculo al avance del Cristianismo en los países bárbaros es precisamente el grosero Imperialismo y la dura explotación que hacen pasar ustedes como Cristianismo. ¡Hay que acabar con estas simulaciones!
 Créese que de ese contacto real viene la política de aquel Papa, que comenzó a inspirar a las autoridades eclesiásticas en los países coloniales. Prohibió a obispos y sacerdotes que trabajasen a favor de sus propios países, posponiendo a la China. Comenzó la jerarquía de color, ungiendo a los primeros obispos chinos. Dio orden terminante a sus Delegados en aquellos