Post Guerra 1939 47 05 24
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Estados Unidos bota a Gran Bretaña del Mediterráneo. Gran Bretaña echada del Mediterráneo. La SI 24/05/47 p. 1-3
Falso que se publiquen los documentos secretos tocantes a la guerra La SI 24/05/47 p. 3 col. 3-5

 

Estados Unidos bota a Gran Bretaña del Mediterráneo. Gran Bretaña echada del Mediterráneo.
La SI 24/05/47 p. 1-3

 a) El mar Mediterráneo es, desde hace más de dos mil años, el objeto central de la política internacional del mundo.
 Mar pequeño ahora, era, en otras edades, el mar casi único. Son recientes las hazañas de Colón y de Sebastián Elcano. Porque son una pequeña migaja de tiempo 500 años, ante la gigantesca sucesión de años anteriores a las gestas modernas del descubrimiento.
 Este relativo pequeño mar, fue el corazón de la humanidad durante miles de años. En los brumosos siglos en que Fenicia, en el extremo oriental de ese mar, florecía en civilización, ahora enteramente perdida, y los imperios asiáticos solo anhelaban correr aventuras hacia ese mar para ellos desconocido, ya tenemos el eje central de la cultura, de la guerra y de la vida comercial en ese gran lago que apellidamos Mediterráneo. Y bien puede decirse, en pincelada general que los Imperios de aquellos remotos tiempos tendían a la expansión hacia el Occidente, siempre buscando, aún los más adentrados en el Asia, ese mar Mediterráneo, del cual los geógrafos de la antigüedad contaban tantas maravillas.
 Adviene Grecia a la civilización, iniciando en Creta los tiempos clásicos, y el Mediterráneo es, en una nueva etapa, la civilización de aquella época. Grecia (cuya civilización total han confundido los historiadores, siendo en total atrasadísima, aún respecto a aquellos tiempos, florece en cambio en algunos ramos con florecimiento extremado. La vida del pueblo griego es atrasada y primitiva en todo: en su comida, que poco se diferencia de la actual en las selvas oceánicas; en su vestido, que es elemental para aquellas masas; en sus casas, que no son más que chozas de una pieza, sin ladrillos en el suelo y barro simple en las paredes; en el trato social, consistiendo aquella democracia en la más bárbara tiranía de unos pocos sobre el pueblo tiranizado. Aún en la pintura ¿qué tiene que ver el arte pictórico-arquitectónico griego con el arte egipcio, ya viejo entonces, de Luxor, cuando, miles de años antes, el Nilo serpenteaba por entre los frutos del arte negro del cual aún hoy admiramos las obras escultóricas, arquitectónicas y de la joyería nilota?
 Sin embargo, Grecia sobresale, y es centro de una nueva civilización, en otros aspectos de la vida mundial. Su filosofía fue demasiadamente loada como producto griego, en otros tiempos, y aún ahora en Historias de la Filosofía esas exageradas alabanzas se repiten. Pero ya se conocen las raíces índicas de esa filosofía, que vegetaban en plena Asia. Sin embargo, la falsa originalidad griega fue la causa de tantas buenas cosas en el mundo occidental, que bien puede decirse que de ahí vinieron los ecos de la cultura, y que esa civilización de pleno Mediterráneo ha sido la madre que dio su leche a los pueblos europeos, y luego a los americanos, para que, mediante España, una capa de cultura se derramase por toda la tierra.
 ¿No es mediterránea, igualmente, la cultura expandida por el Imperio Romano, sobre la salvaje Europa de aquellos siglos? ¿No es igualmente mediterránea la cultura integral representada por la fuerza vital del Cristianismo, sentada sobre el Mediterráneo la ola de vida espiritual y material que representaba el Evangelio?
 La Edad Media ha sido eminentemente mediterránea. Dieron la norma de civilización y cultura, entonces, pueblos mediterráneos. Y cuando las diversas monarquías de España florecían en magníficas obras de cultura, y los pueblos fuertemente se organizaban según normas de justicia y democracia, los pueblos no mediterráneos, tras el Loira y el Rhin, solo daban los primeros vagidos de los recién advenidos a la vida civilizada. Porque cuando los nobles feudales ingleses exigían de su rey privilegios para sí, que no para su pueblo, robusteciendo aún más la aristocracia, era ya vieja en la cuenca mediterránea la fórmula vivida del “nos que somos tantos como vos” de la real democracia  de los diversos pueblos de la España medieval.
 Luego, viene la hazaña española de Colón, y están contestes los historiadores en que se acabó el reinado mediterráneo, como centro de Imperio, y se traslada el epicentro de la civilización  al Atlántico, y no falta un soñador inglés que la traslada, hace ya cien años, al Pacífico.
 Pero, henos ahí. Henos ahí abocados -1947- a la llamada del Mediterráneo. He aquí un pueblo atlántico trasladado al Mediterráneo, y desde allí querer dominar el mundo; y henos aquí,