diplomáticas 47 06 a 08
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Diplomáticas La SI 07/06/47 p. 9
Diplomáticas La SI 14/06/47 p. 9
Diplomáticas La SI 21/06/47 p. 7
Diplomáticas La SI 05/07/47 p. 7
Diplomáticas La SI 19/07/47 p. 9
Diplomáticas La SI 09/08/47 p. 9
Diplomáticas La SI 16/08/47 p. 9
Diplomáticas La SI 30/08/47 p. 9

 

Diplomáticas
La SI 07/06/47 p. 9

Registro panameño
 Durante la guerra, la continua violación de las leyes internacionales por parte de Estados Unidos se ejerció también en forma de hipocresía, comprometiendo el nombre de países extranjeros. Cuando aquél Gobierno quería violar una ley, fingía que el barco no era norteamericano, sino panameño. Y así fue cómo el gobierno del istmo se ganó fama de violador constante del derecho internacional. 
 Cuando hubo un gobierno panameño que protestó, o exigió que, si Estados Unidos quería violar las leyes, que lo hiciese en nombre propio y no cargando la culpa a otro país, se trabajó una revolucioncita y el Gobierno legítimo fue depuesto por amigos de Estados Unidos, y el presidente desterrado. Hubo ciudadanos que se prestaron a esa comedia antipatriótica.
 En aquel tiempo, los obreros de Estados Unidos no protestaron contra su Gobierno ni chistaron: en aquel país, los obreros respaldan todas las violaciones de sus gobiernos capitalistas contra América.
 Acabó la guerra hace ya dos años, y parece que va a resucitar la cuestión. Algo maquina Estados Unidos cuando desde el 1 de julio de 1945 hasta diciembre de 1946 se han matriculado  81 barcos norteamericanos  como si fuesen panameños, figurando aquel minúsculo país, que tiene no más de medio millón de habitantes, como una de las mayores 10 potencias marítimas del mundo.
 Ahora lo han botado en el Congreso de Organizaciones industriales y protestan por ello. Y ha pedido al parlamento que investigue esa farsa. Por supuesto que aquel parlamento no investigará nada, pues todo es un plan del parlamento y del Gobierno mismo.

El Estado de Terranova 
 Los dominios británicos –ahora países independientes- son conocidos como 5: Sud África, Nueva Zelandia, Australia, Canadá e Irlanda.  Este último se declaró República independiente, y, por lo tanto, solo son conocidos como 4
 Pero si uno echa una mirada sobre el mapa de Canadá, ve en un rincón de la costa la isla de Terranova, con su capital San Juan. Es isla grande, aunque comparada con la extensión del Canadá, relativamente pequeña. En la costa continental, frente a frente del Canadá, hay un pedazo de tierra o costa que se pinta en los mapas del color de Terranova. Las dos extensiones (isla de Terranova, y lonja de tierra costera del continente) forman un nuevo Dominio, desde hace siglos, llamado en conjunto, Terranova o sea New Founland. Este pedazo de costa es la parte más oriental de la llamada península del Labrador.
 Esto es un nuevo Dominio, ya viejo. El dominio sobre estas tierras tocaba a Francia y su calidad de dominio, completamente separado del Canadá, es viejo. Tiene esta tierra calidad de dominio absoluto: tiene parlamento, delegado del Rey de Inglaterra, y su población está constituida por puros pescadores e industrias derivadas.
 Aquí, precisamente, tuvo lugar una de las mañas más detestables de los aliados (capitaneados por Roosevelt) en la guerra pasada. Aquí, en la soledad de esos pescadores, en una bella bahía,  fue engendrada y rubricada la famosa y embustera Carta del Atlántico, que tenía dos fines: empujar a Gran Bretaña a que ella misma firmase (el inconsciente Churchill)  el derrumbe de su imperio; y que los países de la tierra, con una caterva de sometidos a su frente, creyese en las mentiras aliadas sobre libertad de los pueblos.
 Terranova fue arruinada por la guerra. Roosevelt, que preparaba un plan, cortó su manera de vivir, que era la pesca  y las industrias derivadas; y la privó de la riqueza de sus bosques, comprados por yanquis para pulpa de papel y otros objetivos. Durante la guerra tuvo que vivir de los préstamos, debiendo actualmente alrededor de 100 millones de dólares.
 En esta situación, ha nombrado una comisión para que estudie el problema de que Terranova pierda su independencia y se agregue al Canadá como una décima provincia.
 La idea del Canadá ha sido recibida con hostilidad, pues no traería a New Foundland más que deuda, su pobre tierra y sus industrias arruinadas por los yanquis.