La Si 47 06
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Preliminar a la próxima Conferencia de Río de Janeiro.  La SI 28/06/47 p. 1-6

 

Preliminar a la próxima Conferencia de Río de Janeiro.
La SI 28/06/47 p. 1-6

1.- La Conferencia económica

 Va a celebrarse dentro de poco una nueva Conferencia panamericana, en la ciudad de Río de Janeiro, capital brasileña.
 Viene muy retardada. Hace dos años que, más o menos, Mr. Roosevelt la tenía planeada. Y no ha podido celebrarse, por oponerse a ella lo que, en el juicio norteamericano, era algo que la entrababa.
 Los norteamericanos habían resuelto celebrar muchas Conferencias para, de este modo, ir recabando de estos pueblos  novo-latinos, una tras otra, multitud de renuncias tocantes a la independencia de estos pueblos. Quien dice “renunciar a la independencia” dice imperializar un pueblo sobre los demás ejerciendo él la soberanía sobre todo el continente.  De esta manera, hoy una conferencia jurídica, y se renunciaba a tal o cual garantía que tenían estos pueblos, en orden a su independencia jurídica. Mañana otra Conferencia sobre policía, y renunciar a tal o cual condición soberana y ponerse en manos de Estados Unidos. Otro día tal otra Conferencia, para renunciar, sin meter bulla, a otra atribución de independencia. Y así ir,  poco a poco, renunciando a multitud de garantías, que venía a ser “ponerse, en resumen todo, en manos de otro país, para que él ejerciera la soberanía nuestra, a la cual habíamos renunciado”.
 Pero había dos órdenes de cosas que necesitaban algo previo para ser estudiado y acordado su colonialismo en Conferencia. Eran las cosas atañentes al comercio y a lo militar. Eran cosas que debían ceder en lo que se llama soberanía de estos países, y había que estudiarlas con harto miedo para que renunciasen a ello los países hispano-americanos.
 De ahí que solo ahora hayan establecido esas dos Conferencias, trazando sus bases con cierto miedo. Cuando, hace unos meses, convocaron para ahora la Conferencia Comercial (en aras a que estos pueblos entrasen a ser colonias consumidoras de Estados Unidos), a pesar de haber circulado la renuncia , chítalas callando, sucedió que ya un país levantó la voz, cuando ya la habían levantado otros, por ejemplo Argentina. Y Colombia lazaba al Gobierno de Estados Unidos  un Documento que, sin decir nada nuevo, ponía los puntos sobre las íes; y podemos decir que, a causa de él, se irá al cielo esta Conferencia, que era la segunda en importancia.
 En el Docum MDCCCXVl (publicado en los números 1311, 11, y 13 de este año) el ministro de Relaciones de Colombia fletaba un Documento al Gobierno norteamericano diciéndole en absoluto que NO, a lo que él se proponía hacer en la próxima Conferencia en sentido de aranceles, comercio y compras y ventas. Para decirlo en una palabra, Estados Unidos se proponía que “todos los países hispanoamericanos se comprometiesen a bajar sus aranceles para Estados Unidos, y que abriesen las puertas aduaneras a los productos norteamericanos,  siendo así que Estados Unidos comprarían a esos países productos naturales, o materias primas, simplemente mineros o agrícolas, pagándolos a modo de las obtenidas en colonias propias”.
 Colombia se niega a aceptar esto, y se manifiesta dispuesta a no acceder a esas condiciones coloniales, poniéndose a las órdenes de Estados Unidos en sentido de trabajo forzado  agrícola o minero. Y asiente con dignidad su finalidad industrial, no sólo dispuesta a no comprar nada industrial a Estados Unidos, si otra nación le ofrecía lo mismo a menor precio, sino que no se prestaría a rebajar sus aranceles matando sus industrias, a condición de que Estados Unidos pudiese introducir en Colombia lo suyo sin contribuciones aduaneras.
 Es decir, Colombia se negaba, desde luego, a ser parte de esa renuncia de otros países; y se erguía ante Estados Unidos anunciándole su oposición a esos maliciosos intentos imperialistas.
 La Conferencia, desde luego, quedaba truncada. Estados Unidos la había convocado para matar la industrialización americana y hacerla depender entera de lo que fabricasen en Estados Unidos. Si una nación se levantase a protestar, las demás seguirían su ejemplo. Y la Política norteamericana, en lo que suponía  esencial para ellos, quedaba sin lograrse; y la primera etapa de su imperialismo sobre América quedaba frustrado.
 Desde tiempo (en los días en que esas Conferencias fueron planeadas, hace ya más de dos años) que desde estas columnas llamábamos la atención acerca de los fines que, con