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Dos complejos: el del mundo y el de Mr. Bevin. Cuestión de “complejos” La SI 05/07/47 p. 1-2
Inglaterra, descontrolada La SI 19/07/47 p. 1-3

 

Dos complejos: el del mundo y el de Mr. Bevin. Cuestión de “complejos”
La SI 05/07/47 p. 1-2

  a) El mundo actual nos maravilla por mil cosas. Singularmente por ésta: que cada día va retrocediendo, mientras el mundo-cada día más idiota- admite que vamos avanzando.
 Es un mundo de contradicciones, que el alfabetismo moderno (que está atrofiando el pensar de las gentes) proclama que no son contradicciones.
 (Es de pensar en esto, si es que tenemos tiempo de avanzarnos al error. Muchos autores, entre ellos, Mrs. Roosevelt, viuda del ya casi olvidado Presidente, han estudiado el maquinismo industrial moderno, y sacan la consecuencia de que se extiende el peligro grave de ir amenguando la inteligencia y el libre uso de ella, a medida que la máquina impide al hombre, cada días más, el hacer uso de su voluntad y de su inteligencia. Pero la señora Roosevelt, y los de su gremio, no han pensado en otra cosa, aún más grave: que, al lado de la máquina industrial, hay la máquina del alfabetismo que, aliado de los librotes que se publican, está atrofiando la mente humana, imponiendo mil absurdos dogmas laicos, que no son, muchas veces, más que manifestaciones claras del atraso mental de la gente actual. De ahí derivan dos corolarios, que someto a la consideración de las gentes que todavía estén sanas: uno, la cura grande que hay que tener en reformar todos los centros de enseñanza, más atrasados hoy día que en la época de oro de la Sorbona y Salamanca; otro, que hay que ir con suma cura en que lo se calcule como “reforma”, no sea más atraso, todavía arcaico, que lo que se quita).
 Y ese atraso en que nos hemos metido, y que está avanzando a ojos vista, para mayor mal, toma nombres nuevos para lo que no es más que cosas viejas.
 Esta manía por dar nombres nuevos a cosas más viejas que el ir a pié, va cundiendo en exceso, y la gente se va acostumbrando a creer que la cosa es nueva porque su palabra es novata. Pasa esto aún en lo sagrado de la ciencia, entrando ya la universidad y el laboratorio en la comedia.
 La causa es la misma ignorancia progresiva en cuanto a la facultad de discurrir. Ahora se llama “libertad” al atropello mayor que haya existido, y ante el cual el nacismo era una amplia y fresca democracia. Está a la vista el sistema, pero las mentes, enquistadas en un mar de bruma, no ven siquiera lo más claro: que estamos en un época que, con el nombre de “libertad”, se gobierna con el más burdo despotismo; en que con las más descarnada crueldad y con el mayor desprecio que se haya visto, se manosean las libertades naturales del hombre.
 Así lo saben los médicos, los cuales, remontando a las edades primitivas del hombre las enfermedades más generales, las visten ahora con ropaje gramatical nuevo y orondo, como si los vocablos hiciesen las cosas y las determinasen realmente. Y así se pasa en todas las demás ciencias.
 Modernamente, en la ciencia educacional, desde hace ya unos treinta años, están apareciendo una serie de innovadores que inventan alguna palabra sonora y se quedan tan contentos.  Acabo de leer uno de esos “innovadores” celebrado en el mundo de la educación: pone en las nubes su invento, floreado con palabras retóricas pomposas. Y, al celebrarse a sí mismo su invento, ignora el pobre –porque andamos de historia como en los días de Tácito- que su “invento” había sido imaginado y explicado por Ramón Llull en el siglo Xlll; que se había ocupado de él, largamente, el filósofo valenciano, Luis Vives; que lo había anunciado y explicado, con palabras lapidarias, el italiano Vico. En fin, que ya había sido zarandeado por un montón de sabios que el actual “sabio” no ha leído, y que, si indica algo que en realidad vale la pena,  es solo uno de tantos que da en el clavo.
 Una de esas palabras nuevas, y uno de esos inventos “arcaicos”, es la palabra “complejo” que nos explican los modernos, y que ahora pide un comentario, puesto que de él se sirve para legitimar su incapacidad Mr. Bevin, uno de los fantoches más estériles del Laborismo inglés.

 b) El cual dice para disimular sus fracasos, y los de sus colegas, lo siguiente: “Lo que estorba que exista una paz verdadera, es la existencia del “complejo de crisis” que existe en todo el mundo”.