Post Guerra 1939 47 09
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Post Guerra 1939 47 09
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Como la Sociedad de las Naciones La SI 07/09/47 p. 1-3
Un velo de palabras sobre un reguero de pólvora. Palabras y más palabras La SI 27/09/47 p. 1-4
El ingenuo del pelotón La SI 27/09/47 p. 4
Queremos saber lo que cobran. Que se publiquen los sueldos. La SI 27/09/47 p. 5

 

Como la Sociedad de las Naciones
La SI 07/09/47 p. 1-3

 a) El hombre tiene a la experiencia un horror decisivo. El politiquero, exacerbación de lo malo que hay en el hombre, es a la experiencia absolutamente impenetrable.
 Se habría de hacer –ignoro si alguien ya lo ha hecho- un estudio sobre la experiencia y el sentido común. Esa, es el menos común de los sentidos: Aquella es la que da más lecciones, y que es más desoída por los hombres.
 Sería ingenioso probar esto, con hechos que harían ver la natural necedad humana.  ¿No está la historia sembrada de fracasos que la experiencia aconsejaba bien, pero que los hombres, tomando el rábano por las hojas, no han aprovechado, o han aprovechado para hacer lo contrario de lo que debía ser?
 El sentido común se nos ha dado para suplemento de la cabeza. Una especie de brújula, para que nos dé el sentido de las cosas, que no nos puede dar la ciencia abstracta. Una especie de fuente intermedia entre lo espontáneo no voluntario y lo pensado, una especie de lucecita que ilumina misteriosamente las cosas de la vida, a las cuales la mente no puede llegar. 
 Si esa potestad –hechos vivos palpitantes- fuese ejercida ágilmente ¡cuántas desgracias se evitarían y cuántos fracasos se apartarían de nuestro camino! Pero nos empeñamos en no guiarnos mediante esa lucecita escondida, y es ello una prueba más de la libertad psicológica que preside nuestras acciones casi siempre, y que nos da la facultad curiosa, dañina, de poder actuar contra lo mismo que nos conviene.
 Es exactamente lo mismo que la experiencia, lucecita –ésta exterior- que se une al interior sentido común, para orientarnos y escarmentar en cabeza ajena. Porque el hombre está lleno de brújulas para que no le falte como orientarse. Pero el hombre –pequeña cosa malévola- se empeña en ir apagando esas las luces, y guiarse, al final, para la acción, contra toda conveniencia.
 Ambas cosas –la luz exterior del buen sentido y la luz exterior de la experiencia- son guías más claros que la mente humana, precisamente porque no son cosa de hombres, y están actuando más fundadamente que la mente individual.
 El buen sentido, un grado más elevado que la inconsciencia actuante, es cosa nuestra, pero no nuestra: está en nosotros, pero hay Otro que la enciende y mueve. La experiencia, sea quien sea el que la presta, es luz exterior que se nos aparece y enseña. Se nos agita ante nuestros ojos, amenamente a nosotros mismos.  Y maldito el caso que le hacemos la señalarnos con su dedo de luz, lo que, conforme a los resultados de otros hechos parecidos, hemos de hacer.
 El sentido común y la experiencia guían también a los hombres como hechotes de hechos colectivos. Y así es que, al asomarnos a la historia, se nos dice que uno de los fines que se buscan es aprender en la ajena experiencia, para que las lecciones pasadas sirvan a los presentes y venideros de orientación para otros hechos semejantes.

 b) Comparando esta última guerra con la primera mundial, se ve y se toca esa poca virtud de la experiencia, aún teniéndola a nuestras mismas narices, como se diría. La primera guerra, y también la primera post guerra, nos dieron un valor de Experiencia evidente.
 Concretándonos ahora a la post guerra, y en ella a la manera de tratar a los vencidos, se evidenció que fue tal el tratamiento que se dio a Alemania, que resultó como si lo hubiesen aconsejado los patanes más crasos de la tierra. Había hombres geniales, no hay que decirlo. Y ellos aconsejando lo contrario de lo que se hizo, mostraron con evidencia el mal camino que se llevaba, que acabaría en la ruina. Keynes, al frente de todos; algunos videntes norteamericanos, que fueron puestos a la cabeza de algunas Comisiones, los más notados caballeros alemanes, que estaban al tanto de los negocios, fue un grupo notable que profetizó que todo era llevado mal, y que poco en bien, aunque muchos en mal, podía esperarse de una manera tan grosera de arreglar –de ver de arreglar- las cosas.
 Vino la experiencia posterior, todo se pasó como ellos habían anunciado, y aún peor de lo que ellos habían anunciado. Y quedó en la atmósfera, si la post guerra no había marchado mejor y las dificultades habían sido tantas, no era debido más a la mala mano y acción inexperta de los supremos conductores, todo el mundo rebelándose contra la mala mano y escasa maña de