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¿Habitaciones baratas? El fracaso consumado y otro que se venir BOY Nº 78  15/07/25 p. 1-9

 

l Preámbulo

 

            El Gobierno ha promulgado una ley sobre Habitaciones. Ha creado un Consejo especial para encarnar esa ley en la realidad. Ha publicado ese Consejo un Reglamento abarrotado de sabias disposiciones.
            Tres de los componentes de ese Consejo han estado en Valparaíso, examinando el problema sobre el terreno. Se han ido con un fardo admirable de ilusiones sobre sus optimistas espaldas.
            Quisiéramos hacer unas sencillas observaciones para poner un poco de sentido común en medio de tanta y tan alta técnica. Tan alta, que llegando a las nubes, deja de tocar tierra firme con los pies.
            Si esas observaciones de sentido común representan un  chorro de agua fría sobre tanto entusiasmo, no se nos culpe a nosotros, que hablamos por boca de ganso, esto es, de sentido común. Será de éste la culpa, o, tal vez, de los que al legislar, han curado ponerse de espaldas al sentido común y a la realidad chilena.

ll  No se necesitan habitaciones baratas

            Uno de los vicios fundamentales de los legisladores del siglo XlX –y el XlX dura, para muchos, en 1925- consiste en materializar todos los problemas. La casa, para ellos, es cuestión de higiene, de arriendo y de moral social, o, dígase, de sífilis.
            Hay que higienizar la casa, abaratarla, hacerla impermeable a los males sociales.
            Eso es bueno. Pero es una chica parte del problema. Lógrese esto, casas higiénicas, baratas, no sifilizadas y el problema de la vivienda queda por resolver todavía.
            El “problema de la casa” es el de una casa higiénica, ni barata ni cara, sin ser propia. No hay “problema de la vivienda”, sino “problema de la vivienda propia”. No hay un problema higiénico, baratero, sino un problema familiar, social y patriótico, cuya solución trae, en sus entrañas, el problema higiénico-económico.
            Han de ser todos propietarios de su casa. La familia tiene su nido, su cáscara, su templo donde se perpetúa de padres a hijos. No hay comunista posible dentro de casa propia.
            Hay patriotismo cuando defender la patria equivale a defender lo mío.
            No se necesitan habitaciones baratas sino habitaciones propias.

111 Por qué fracasó el plan antiguo

            Unos años atrás creó el Gobierno un “Consejo de Habitaciones”.          
            Debía andar de sanear las viviendas antihigiénicas y fomentar la adquisición de casa propia. El Consejo trabajó con cierto celo, muy loable. Fracasó. No higienizó los conventillos. No fomentó la casa propia. El por qué de lo primero, lo ignoramos. El por qué de lo segundo, no se lo explicaba el propio Consejo. Nosotros pudimos oír a uno de sus miembros, en 1921, como declaraba que, en las casas propias el Consejo se declaraba del todo fracasado; y no se explicaba el por qué de ese fracaso. Decía: ha construido la Caja de Ahorro tantas casas y nadie las quiere adquirir.
            Sin embargo, la explicación estaba al alcance fácilmente.
            El Consejo había fracasado porque funcionaba a base de absurdos generales de desconocimiento de la manera de ser del pueblo chileno. Veamos.
            a) Hecho chileno. Cualquiera que tenga un quinto de lo que vale una casa encuentra muchos vendedores que le venden a plazo, a condición de entregar ese quinto como pie de compra. Eso lo saben todos.