diplomáticas 48
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Diplomáticas La SI 03/01/48 p. 9
Diplomáticas La SI 17/01/48 p. 17
Diplomáticas La SI 24/01/48 p. 9
Diplomáticas La SI 31/01/48 p. 9
Diplomáticas La  SI 14/02/48 p.4
Diplomáticas La SI 20/03/48 p. 6
Diplomáticas La SI 03/07/48 p. 8
Diplomáticas La SI 10/07/48 p. 6
Diplomáticas La SI 21/08/48 p. 5

 

Diplomáticas
La SI 03/01/48 p. 9

Winant
 Se ha suicidado, apuntado con su revolver a la frente, el Embajador norteamericano en Londres, Juan Winant.
 Era uno de los mayores responsables  de la senda seguida por Mr. Roosevelt, entre cuyos amigos familiares se contaba.
  Los cálculos del círculo de amigos del presidente, gente de poca monta moral y menos todavía intelectual, se equivocaron radicalmente, saliendo los negocios mundiales al revés de lo que ellos habían planeado. Su fin amoral no revista novedad alguna.
 Winant, que ocupó inmerecidamente el alto cargo de Secretario de la Oficina del Trabajo Internacional (que se ha convertido en una “pega” en vez de ser una guía técnica), cayó al fin como Embajador norteamericano en Gran Bretaña. Donde siguieron sus malos consejos.
 Inglaterra, que toca los frutos de la pasada guerra, tenía que mirar aviesamente al mal consejero y encubridor de malos propósitos, por ejemplo, ser el consejero de la caída del imperio inglés. La prensa inglesa no ha hecho mucho caso de su desgracia. Era un gran amigo de los politicastros, pero un mal mirado, y con razón, por aquel pueblo, que está ahora pagando la culpa de los otros.  

Se contradicen
 George Zarubin, diplomático soviético, llegó hace cosa de dos meses a Roma con la propuesta rusa de que, para decidir el futuro de las colonias italianas, sean consultados sus habitantes, tribu por tribu.
 Yendo también para lo mismo a Londres, se encontró que ya habían nombrado dos comisiones los anglos y los norteamericanos, en resumen para llegar a lo mismo.
 El Ministro de Relaciones Exteriores de Saud Arabia ha hecho notar algo interesante, que nosotros vamos a completar: “No se comprende –ha dicho- que, tratándose de las tribus líbicas, se crean con el deber de consultarlas y llamarlas a plebiscito, y, sin embargo, tratándose de un país civilizado como Palestina, los mismos ingleses, norteamericanos y rusos no aspiren ni siquiera a hacer un plebiscito.
 Vamos a dar nosotros la razón de esa disparidad de ideas, que tan bien muestra el político árabe.
 Tratándose de las colonias italianas, están ya recorriendo las tribus ciertos emisarios rusos y norteamericanos (por separado) para convencerlas. Se supone que acompañan a esas comisiones sendos sacos de promesas y algunas bolsas de oro que tintinean en su hora debida. Buscan, por lo mismo, un plebiscito, porque tanto unos como otros están seguros del “resultado”: una “democrática” resolución de las tribus engañadas, coimeadas y henchidas  de promesas vanas.
 Lo cual quiere decir que el “método democrático” empleado en las colonias italianas, y el método fascista usado en Palestina se reducen a uno mismo: “lo que les conviene a rusos y norteamericanos”.

Que paguen los otros
 Mr. Byron Price, subsecretario general de la NU, ha pronunciado un discurso en el sentido de hacer peligrar la NU si se revisaban sus gastos. La sola traducción al castellano de las sesiones la tienen tasada aquellas secretarías en algo más de 700 dólares por sesión.
 Ante tal despilfarro, Argentina ha levantado la voz en contra. Pero no ha salido triunfante. La NU, como otrora la Sociedad de Naciones de Ginebra, ha de tener dinero (que paguen los otros) para llenar de sueldos a los que, solo con este medio, prorrumpirán en alabanzas de la NU. ¿Por qué algún representante no obliga a dar una noticia exacta sobre los sueldos que cobran esos gazapos emboscados en aquellas secretarías dilapidadoras? ¿El sueldo incluso de Mr. Byron, con lo cual quedaría sin fuerza cuanto ese caballero dijera contra las economías?