Inglaterra 48 01 06
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Inglaterra 48 01 06
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Eden otra vez en los Balcanes. Eden conteste La SI 10/01/48 p. 2
Mr Churchill tiene, todavía, sus últimas agallas. Churchill babea  La SI 31/01/48 p. 6
Palabras sobre la vieja unión del occidente La SI 03/04/48 p. 3-4
Juan Smuts es vencido en Sud África  La SI 05/06/48 p. 3
Los lords en agonía La SI 19/06/48 p. 1-2
Laboristas como los otros La SI 26/06/48 p. 1

 

Eden otra vez en los Balcanes. Eden conteste
La SI 10/01/48 p. 2

Mr Churchill está enfermo. Herido en su amor propio, por el rechazo de su mismo pueblo; debiendo vivir su fama autofabricada, de los retazos de diarios extranjeros, todos, hasta los de su propio partido, le hacen el vacío. Actualmente en Gran Bretaña es cosa común  la repulsa que merece Churchill a los de su propio bando, encontrándose entre los que lo critican, y lo hacen responsable de las actuales miserias de la post guerra, sus propios ex ministros.  
Mr. Eden, entre ellos. Al ex joven canciller se le hacen los días cortos, para ver de asumir la suprema dirección de su partido. Los años pasan, la vejez se acerca, y Mr. Churchill se emperra en vivir demasiado. Y Eden se ha impacientado, y ha comenzado ya las declaraciones públicas contra su antiguo jefe.
Entre tanto, Eden ha marchado al Medio Oriente, pasando antes por los Balcanes, en la parte que son colonia de Gran Bretaña de otrora. Y ha comenzado por Grecia. Ha tocado en el Pireo y ha subido otra vez a la Acrópolis. ¿Qué pensamientos le habrán acudido, al extender la vista sobre Atenas?
También corrió al mismo lugar  después que la organización alemana había aplastado a los británicos en Noruega, a los polacos traicionados por Eden, a los desorganizados franceses, a los belgas abandonados por orden del entonces canciller. Partió a Atenas para hallar a un pueblo que “entretuviese” a los alemanes, muriendo y sufriendo.
Pero en Atenas mandaba Metaxas y no el rey que tenía Inglaterra sentado en el trono. Era una tarde límpida.  Eden tenía reunidos al rey y a Metaxas, que ejercía la dictadura respaldado por soldados británicos. Su rol era convencerlos de lanzarse contra Alemania. Habló, habló largamente. ¿Por qué la charla de Eden no logra convencer nunca? ¿Por qué marcha a la deriva cuánto él defiende?
Metaxas no se dejó convencer. Grecia no se metería en la aventura de la guerra.
No replicó Eden. Alta ya la noche, se fueron a dormir. A la mañana siguiente, Metaxas aparecía asesinado en su lecho.
Responda Eden, recordando al instante y rememorando, si le parece,  los individuos del “Servicio de Inteligencia” (Gestapo británica) que lo acompañaban:
-¿Quién asesinó al general Metaxas?
Asesinado el dictador, el rey declaraba la guerra a Alemania. Entraban los alemanes. Morían 50.000 griegos. El rey, ya difunto, corría como un conejo a ocultarse en Creta, al delta nilota, a Alejandría,  a un barco inglés que lo llevaba a su patria, Londres.
Pero Eden no contesta. Desciende de la Acrópolis y piensa en Churchill, enfermo en Marrakesk, corazón del mediodía marroquí:
- ¿Por qué diantre no hará crisis ese hombre? 
Porque hay hombres, como hay pueblos, que, para sobresalir,  necesitan la desgracia de otros hombres  o pueblos.

Mr Churchill tiene, todavía, sus últimas agallas. Churchill babea
La SI 31/01/48 p. 6

Churchill es un ave negra. Cuanto ha sido por él intervenido, ha traído a su pueblo  largas desgracias. Cuanto él ha iniciado, ha sido un fracaso enorme. Es un hombre destructivo, que engorda atacando; es ajena a él la obra edificadora y constructiva.
Los ingleses ya lo sabían, pero el inglés es un pueblo de mala memoria. Las maneras pragmatistas exigen esto: no tener memoria, para no notar las continuas contradicciones. Y, respecto a Churchill, no ha tenido ese pueblo memoria.
En su juventud, a pesar de los medios económicos –que le venían de costumbres familiares shilokianas- Churchill no lograba escalar puesto alguno. Era un roedor. Y su trabajo capital era roer y hacer la cama. Siempre contradecir, esperando vacíos. Nunca aportar un grano de arena a la solidez de la patria.