EDU en La SI Otros 48
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Bibliografía. La admirable autarquía indiana. Valencia Cabrera, Pastor La Paz.  La SI 20/03/48 p. 6
Es preciso llorar para redimirse. Pastor Valencia Cabrera La SI 03/04/48 p. 4

Bibliografía
La admirable autarquía indiana. Valencia Cabrera, Pastor La Paz.
La SI 20/03/48 p. 6

 Sobre este libro (que todavía no hemos recibido para hacer una crítica) dice “La Prensa” de Buenos Aires, elogiando la obra de nuestro colaborador:
 “El escritor y sociólogo boliviano Pastor Valencia Cabrera ha publicado “La admirable autarquía indiana de los grandes siglos incaicos”, constituida por una serie de ensayos de carácter económico-sociales con referencia a la actualidad mundial.
 La obra, si evidencia cariño admirativo  hacia la vieja civilización del Tahuantisuyo, está enfocada con imparcialidad y criterio muy personal, pues señala las cualidades y los defectos  de esa organización autóctona, y establece parangón bien logrado sobre los problemas del pasado y del presente mundial.
 En los doce ensayos que integran este libro, Valencia Cabrera describe y analiza sintéticamente las características de la geopolítica incaica, su eficacia política, la situación económica del mundo moderno, semblanzas de algunos incas ilustres (Manco Capac, el legislador,el Inca Ripoc y su dramática vida, el Inca Pachacutec y Atahualpa, último emperador del Perú) la verdad con respecto a los fundamentos de la autarquía indiana, la cuestión social en América, enfocada desde los tiempos incaicos y otros temas, algunos de los cuales tienen interés en ciertos países de nuestra América, pero que evidencian en el autor una noble preocupación humana y civilizadora, frente al estado económico de las masas campesinas y urbanas, cuyo mejoramiento será factor decisivo para el progreso integral de nuestro continente". 

Es preciso llorar para redimirse
Pastor Valencia Cabrera
La SI 03/04/48 p. 4

 A pesar de que el célebre historiador  Tito Livio había escrito: “Los hombres son más sensibles al dolor que a los placeres”, viniendo desde los tiempos de la antigüedad romana en que lo escribió hasta nuestros días de aparatoso modernismo democrático, vemos que, procediendo con palabras cónsonas con la realidad, habría que poner la metáfora al revés. Pues hoy, según se observa, los hombres no quieren sufrir por nada ni para nada, porque el sufrimiento, para ellos puede ser muy considerado como una cosa del pasado, que, por tanto, ya no reza con la apacible y dulce actualidad que vive el mundo moderno; pero eso sí puede gozar grande y fuertemente, sin el menor obstáculo de algo que rebase la medida.   
 Es la filosofía del placer, sistematizado conforme a las doctrinas de Epicuro, que no la augusta ciencia del dolor, enseñada por el magisterio de la vida misma, que se infiltra inconteniblemente en el organismo social. he ahí porque nuestra sociedad, cada vez con relieve más pronunciado resulta dada a la molicie de la vida, a la pereza del intelecto y al achatamiento del carácter, produciendo todo ello un modo de ser tan distinto del viejo temperamento de los romanos de los tiempos clásicos, que fueron precisamente los de Tito Livio, cuando, realmente, había en el mundo más sensibilidad humana para el dolor que para el placer. Buena prueba de lo dicho, entre los griegos, constituye también, con o sin ironía, para la crítica, el comportamiento de los estoicos, que preferían el dolor al placer.
 En efecto, veamos los términos racionales de las cosas: desde luego la risa no redime de la culpa; el llanto sí, lava las manchas del alma y borra las huellas de los pecados. Es a fuerza de llorar y de orar que la humanidad ha conseguido su ansiada redención; y eso gimiendo y orando sin cesar por espacio de siglos y siglos, que parecían no tener fin para alcanzar el perdón. Los niños lloran ante sus padres, y a veces lloran a lágrima viva, como pidiéndoles el consiguiente perdón,  cuando han hecho que no les parece que es bueno, aún según los cortos alcances de su tierna inteligencia. En su conducta ellos ofrecen  ciertamente una muestra  patente de sincero dolor de corazón y de alma, al mismo tiempo, cuando han incurrido en algo que no es signo de docilidad y obediencia para con sus queridos progenitores. ¡Qué fina, delicada y exquisita sensibilidad la suya!