La SI 48 04
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Prólogo a Bogotá. Preliminares a Bogotá La SI 03/04/48 p. 1-2
Bogotá no quiere ocuparse: para mañana. Dejemos para mañana La SI 10/04/48 p.1-2
La Conferencia de Colombia teñida en sangre La SI 17/04/48 p.1-3
Fracaso de la Conferencia. Fracaso total La SI 24/04/48 p. 1-2

 

Prólogo a Bogotá. Preliminares a Bogotá
La SI 03/04/48 p. 1-2

a) Ahí van a Bogotá. Caravanas de políticos, con sus apéndices manipuladores de los trabajos, secretarios que no son ya “oficiales de secretos”, y su consabida retahíla de circundantes, que van hacia el nuevo Sinaí, en parte a oír las nuevas órdenes, y en parte, así lo creemos, a escribir, no diremos sus órdenes, pero sí sus sencillos anhelos.
 Ahí van camino de Bogotá las espesas caravanas de emisarios, que van hacia la alturas, a oír, acostumbrados ya a ello, la voz de los que mandan, aunque no deberían mandar.
 Les serán extraños los caminos. Aunque no deberían serles. Bravos caminos. ¿Han notado nunca, esos emisarios, como en Bolivia, apenas se llega al norte de Chile, l espinazo de América se bifurca, y tenemos desandes; y, rellenado el hoyo entre los dos brazos, se engendra el Altiplano, alzando la cabeza en el rellano, La Paz y Oruro? ¿Han notado esos vagabundos de las mil Conferencias, cómo la unidad de los Andes se trifurca al entrar en Colombia, reparando en esos trillizos de piedra, que alzan sus cabezas gigantescas entre hondos valles, y zigzagueando de arriba abajo, llegan a la sábana bogotana, de la cual es reina Santa Fe de Bogotá?
 Generalmente, no ven ni tocan, esa clase de emisarios. Van a… En su mente está fijo su destino. No les importan mucho los caminos.  Porque, si de lejos les hubiesen importado algo, ya tendríamos esos pueblos desunidos de América Latina nuestras Anfictionías establecidas y nuestra común nacionalidad  soldada en un Estado, y no nos veríamos gobernados por huasos torpes a los cuales cuadra mejor  a sus intereses ser cabeza de ratón en sus rinconadas, que no cola de león único, potente y huraño ante las avaricias ajenas. La naturaleza nos ha hecho unos. Y habríamos visto, en la unidad materialista continental, una separación definitiva, delineándose entre el norte ajeno y el sud nuestro una valla separadora constituida por cien odios, mil envidias, un millón de perversos afanes.

 b) Conocida es nuestra repulsa contra los paniaguados que se lanzan por esos caminos de las Conferencias propulsadas por nuestros desemejantes del norte. Así que entran como sujeto de observación en nuestras críticas, les imputamos toda suerte de malas cualidades.
 No aconsejan los hechos otra manera de juzgamiento. La  frase “el Congreso baila” que se hizo célebre hace ya casi un siglo y medio, dando a entender los “trabajos” a que se entregaban los congresistas de Viena, de Verona, de París, llevando esos trabajos con compás de valses de etiqueta, olores bien venidos de las cocinas congresales y rociados con el champagne maravilloso que de luengos años esperaban una boca ansiosa en las cavas de Reims y sus vecindades; aquella frase tiene en nuestros días la fama bien ganada para ser extendida a las innumerables reuniones veraniegas o invernales consiguientes a las dos guerras últimas.
 Pero, aún dejando sentado este precedente inmoral ¿no hay alguna chispa nueva que delata un fuegecillo interior? ¿No estarán en Bogotá, entre mucha gente del ayer diplomático, gentes nuevas, que hacen esperar una nueva luz?
 Los gobiernos han aprendido mucho en los últimos dos años. se les había llenado tanto los oídos con la palabrería vana de los pueblos imperialistas, que encontrábamos natural que se dejasen tomar el pelo en esas Conferencias. Sabemos de dónde son extraídos los políticos y cuán chicas son sus entendederas.  Conocemos como la democracia tiene unos mandatarios que se avienen bien al analfabetismo de la plebe. Sabemos como la famosa ilustración moderna, ha cerrado con cal y canto las molleras de los salidos de esas bastas Universidades dogmáticas. Criticábamos a esa gente. Pero digamos en verdad que hallábamos natural que esa gente tan mal preparada se dejase tomar el pelo y creyese en tantos fanatismos como juraban.  
 Pero han pasado dos años de la guerra. Ahora han visto los gobiernos (muchos de ellos fruto de revoluciones) la mentira de esas promesas. Cómo no han cumplido nada de lo que decían. Cómo no se ha fundado una NU para evitar guerras, sino para encenderlas. Como han hecho todo lo contrario de lo que decían y no han buscado más, ni buscan más, que enseñorearse del universo mundo, y cazar en sus redes mentirosas a los pueblos unos después de otros.