Rusia 48
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El bloqueo soviético de Berlín. Los Soviets mandan  La SI 10/07/48 p. 1-2

 

El bloqueo soviético de Berlín. Los Soviets mandan
La SI 10/07/48 p. 1-2

 a) Stalin estaba mal acostumbrado.  Era interesante para él que todo le salía a pedir de boca. Mandaba y era obedecido.  Exigía y se cumplían sus exigencias. Hablaba, y los amos del mundo se postraban a sus pies: el que parecía amo, aunque no lo era ya, Churchill; y el que también parecía amo y era un esclavo de Rusia, Roosevelt, que con sus ínfulas de amo del mundo, se arrastraba como un criado negro a los pies del dictador ruso.
 Los que parecían amos de la tierra, con tantos gestos de señores y tantas farsas democráticas, eran los servidores absolutos de Stalin. Y a cada exigencia del caucásico, se levantaba una victoria de Rusia, a la cual servían sin distingos los que parecían ser los dictadores absolutos de la humanidad.
A los dos dictadorcillos de habla inglesa les bastaba que el mundo los tuviese  y considerase como amos, aunque en sí nada fuesen ni ordenasen, siendo esclavos de Rusia. En cambio a Stalin, hombre de mayor médula, solo le interesaba una cosa: que él mandase a los dos dictadores del mundo, aunque el mundo no supiese que él los mandaba.  
 Acostumbrados a hacer siempre lo que Stalin les ordenaba, los amos de Estados Unidos y de Inglaterra ocultaban sui debilidad y su sujeción a Rusia. Cuanto ordenaba Stalin era obedecido, con tal que lo tratado fuese secreto.
 En Teherán, Stalin dicta, y los pueblos inglés y norteamericano obedecen. En El Cairo y en Marruecos, ordena y es en todo obedecido. En Yalta se llega a lo sumo: exige Stalin que le den carta blanca para hacer Rusia lo que quiera en más de media Europa, aún sin consultar a sus habitantes; ordénales Stalin que se desdigan de su Carta del Atlántico y de todas las mentiras publicadas durante la guerra; y Gran Bretaña y Estados Unidos rompen a pedazos la Carta y entregan a media Europa y a millones de habitantes a la tiranía rusa, por voluntad expresa de esos dos pueblos.
 Tanta farsa, tanto ceder a las órdenes de Stalin ¿se acabará con Roosevelt, que pierde su vida al llegar de Yalta, avergonzado de su misma debilidad y de su sujeción a Rusia? Se publican los Tratados Secretos de Roosevelt (después de haber jurado por su madre que no había firmado Tratado Secreto alguno) y ese farsante es respaldado por Truman y por el Senado norteamericano. Este podía no aceptar ninguno de los Tratados Secretos de su lindo tiranuelo. La Constitución los prohíbe. Pero, se han firmado tantos Tratados Secretos durante los últimos años, que sería absurdo no aceptar éstos; y, no solo los aceptan, sino que su sucesor, Mr. Truman, firma otro Tratado Secreto reconociendo a Rusia su derecho a entrar a saco en tierras del Japón y pillar las Kuriles y otras tierras, a cambio de que los norteamericanos puedan pillar también lo que les acomode de ese Estado. 
 Los Soviets mandan. Con Roosevelt, con Truman, con quien quiera que sea.

 b) Un paréntesis. Vamos a descifrar un verdadero enigma ininteligible. 
 Asistió en Yalta el senador Vanderberg, que ahora ha sido derrocado por el partido republicano para candidato de su partido a la Presidencia. Siendo el candidato mejor preparado para los electores, no encuentra, de súbito, apoyo alguno, y es Vanderberg dejado al lado por sus amigos. 
 Los corresponsales, sin poder decir lo que hay, apelan a mil cosas absurdas. Y hacen responsable de la caída de Vanderberg a la edad del candidato, cuando otros  candidatos eran más viejos y para nada intervenía la edad en sus candidaturas.
 Nada de esto.
 Vanderberg asistió a Yalta. Creyendo ser testigo de todo lo que en Yalta pasaba, marchaba tan ufanoso el senador republicano, que servía de testimonio ante su partido de lo que hiciese Roosevelt. Y éste le tomaba el pelo, firmando Tratados Secretos que él desconocía en absoluto, y de los cuales él no tenía ni la menor noticia, a pesar de ser presidente del Senado.
 Se descubrieron los Tratados Secretos, tras los cuales marchaba atado  el pueblo norteamericano. Y Vanderberg había ejercido de bufón ante las tinterilladas de Roosevelt. Y si Vanderberg no servía ni siquiera de testigo de nada ¿de qué servía ese tonto ante el Partido? Si no había ni siquiera intervenido en los acuerdos de Roosevelt ¿cómo podía fiarse de él el partido