Vietnam 48
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Vietnam 48
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La República de Vietnam. Vietnam, nuevo Estado La SI 21/08/48 p. 3

 

La República de Vietnam. Vietnam, nuevo Estado
La SI 21/08/48 p. 3

 En Asia acaba de nacer un nuevo Estado, en posición algo ficticia, que servirá de base  a la verdadera revolución de mañana.
 En el sudeste del Asia, entre los paralelos 10 y 20, tocando a China por el norte y a Siam por el occidente, está el conglomerado que los franceses han llamado “Indochina”. No es una raza especial, sino un conjunto de modalidades participantes de la índole china y de la manera de ser siamesa.
 Los franceses, en la historia general de pillajes imperialistas del siglo pasado, en los cuales Inglaterra y Francia iban de tronco, se apoderan de estos países, cuya historia era más antigua y civilizada que Francia. Para ello hicieron surgir una serie de conflictos provocados (artificiales) cuyo fin era siempre el mismo: unos acorazados que se situaban en los puertos; matanzas abiertas u ocultas a granel, y al fin el imperialismo haciéndose presente, incorporando a los naturales al imperio francés.
 Cinco especialmente son los pueblos que formaron lo que ellos llamaron la Indochina: Tonkin, Annam, Laos, Cambodge y Cochinchina. Los dos primeros están en la parte norte del país; los dos últimos en la parte meridional.
 Son de lejana historia estos pueblos Porque el imperialismo no respeta nada. Cuando los tonkinenses se gobernaban a su manera y el imperio de Annam era un gobierno reconocido, Francia no llevaba aún babero. Eran depuestos sin razón alguna los emperadores del país, y los naturales eran cargados de cadenas de todos los órdenes, después de atacada en todos sentidos  la tradición general del país.
 Después de muchos años de dictadura ejercida por el pueblo que “pasaba” como ejemplo de democracia, la última guerra trajo al país al ejército nipón, que señala el despertar de estos pueblos. Se ve entonces la debilidad de Francia, la incapacidad inglesa, la impotencia de los europeos, batidos por los amarillos japoneses. Y el espíritu nacional resurgió  y la “voluntad de independencia” fue un hecho.
 En otras crónicas hemos tratado de de la independencia del Asia, expulsando a los europeos, probada su debilidad, y derechos de los pueblos amarillos. Y de ahí ha venido la soberanía del Manchukuo, la independencia de la Mongolia exterior,, la autonomía de la Mongolia interior, la independencia de la India, y las insurrecciones del Timor, de Java, de Sumatra, de Siam, de Birmania, de los países árabes, en suma, el resurgir del Asia toda en los últimos diez años.
 Con ello quedó mostrada la apariencia de civilización blanca y esta apariencia de un Cristianismo fingido, en el cual, casi todo apariencia, no podía fecundizar la labor civilizadora que se atribuían los recién llegados, a los vientos de un imperialismo y de fuerza
 Acabada la segunda guerra mundial, los naturales no se rindieron. Y los imperialismos, batidos ya los alemanes, que los habían vencido, comenzaron a ayudarse. Las tropas inglesas lucharon en islas holandesas, y cada ejército imperialista recibía auxilios, contra los indígenas, de los otros.
 Casi dos años han durado estas guerras. Y los que se morían de hambre, como los franceses, gastaron durante esos dos años, con sus 100.000 soldados, muchas millonadas de pesos. La economía nacional no tiene conciencia.  Gastan millones en atropellar a un tercero, mientras sus hijos no tienen qué comer.
 El sentido de la revitalización asiática, ha tenido en todas partes un carácter comunista. Por culpa exclusiva de los europeos, que los estaban atropellando.
 Francia hambrienta, derrochaba a manos llenas los francos en Asia, para bien del capitalismo francés, no de los franceses. Y hallando cada pueblo imperialista que le era dura la reconquista de esos países, se han puesto de acuerdo para adoptar un mismo método: fingir que cedían a la democracia popular, “independizando” a esas naciones dentro de la Unión Francesa (u holandesa, o británica, etc.). Es decir, interviniendo en todo lo que les ha parecido útil, buscando un nuevo método de engañar a los nativos.