Nº 2 Maritain y Bardina
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Nº 2 Maritain y Bardina
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Nº 2 Juan Bardina (1877-1950) y Jacques Maritain (1882-1973) en el segundo cuarto del siglo pasado en Chile

Nº 2 Juan Bardina (1877-1950) y Jacques Maritain (1882-1973) en el segundo cuarto del siglo pasado en Chile

  Podrá resultar raro que, inmediatamente después de la Introducción, inicie estas Notas actuales trayendo a colación juntos a Bardina y Maritain (1)
A este propósito, establezco de antemano que el presente parangón no tiene una motivación extrínseca –cotejarlos puramente de suyo- sino intrínseca, quiero decir más bien personal, o en cuanto lector de ambos.
Lo fui primero de Maritain, transcurriendo los 50 y 60, años de estudios universitarios e iniciales de mi carrera docente en la enseñanza media. Bastante después lo fui de Bardina, a partir del 90, en mis tres últimos quinquenios de profesor en la PUCV hasta ahora.

No está demás evocar que estuve a un tris de conocer a Bardina personalmente en el Curso de Leyes de la U. de Chile, plantel en que debían rendir exámenes los estudiantes del Curso de Leyes de los SS. CC de Valparaíso (2), donde yo estudiaba, que abandoné para irme al Instituto Pedagógico de la U. de Chile en Santiago. Tampoco conocí sus escritos periodísticos adquiriéndolos en algún kiosco callejero recién aparecidos. Estos alcanzaron mis manos bastante después a impulsos, no de un afán meramente noticioso, sino netamente investigativo, que anima a este estudio. Los ejemplares de “La Semana Internacional” (Segunda Época), empastados, siéndome obsequiados una parte por Guillermo Garnham, tío materno, otra por Marta Bardina, hija menor de don Juan, pude leerlos en mi domicilio. Hoy día yacen en una estantería de la Sala Budge de la PUCV. Los restantes hube de consultarlos en tres Bibliotecas. “La Semana Internacional” (Primera Época), que ocupaba una página del diario “La Unión”, los días Lunes, en la Biblioteca Severín de Valparaíso. Numerosos artículos sobre educación –redactados a lo largo de varios años en los 20- en la Biblioteca del Colegio Seminario San Rafael de Valparaíso. Por fin, un elevado número de cuartillas de acentuado interés hispanoamericano publicadas en la entonces excelente revista capitalina “Mundo Español” en la Biblioteca Nacional de Santiago.   

 Siento primeramente algunos hechos que a mi entender distinguen a uno del otro, que los distancian, previniendo más que favoreciendo la comparación. La actividad ejercida: periodista uno, filósofo el otro. El escenario geográfico de su actuación: Chile, el primero (omito su pasado español y europeo), Francia, USA y numerosos países más, el segundo. El renombre alcanzado: grande Bardina en vida, mínimo en Chile tras su muerte, razón de ser de este estudio, grande Maritain  entonces y todavía, aunque menos,  en los ámbitos de la filosofía, teología, ciencia política, etc. Ambos profesores universitarios, Bardina del Curso de Leyes de la Universidad de Chile, en Valparaíso, Maritain del Instituto Católico de París y como profesor invitado de selectas universidades de connotadas ciudades europeas y América del Norte, en ésta de USA principalmente (Columbia y Princeton). Parejamente escritores, abordaron igualmente el tema educacional: Bardina persistentemente en varias revistas, Maritain, más esporádicamente en sus libros cuando la materia lo exigió. Éste, eso sí, le dedicó al asunto un substancioso tomo (1943) cuyo contenido goza aún de plena actualidad: La educación en este momento crucial. Otra manera de contrastarlos, emerge de la producción literaria de Maritain y Bardina, que respectivamente adoptó la forma del ensayo filosófico y del artículo periodístico, intencionadamente más al alcance del vulgo la del postrero que la de primero. Imposible, por último, omitir aquí la referencia a un volumen que contribuyó a divulgar aún más la vida y obra de Maritain escrito  y publicado por su esposa Raissa, “Las grandes amistades” que alude, como lo dice el título, a amigos (León Bloy a la cabeza), cara a la vida cada cual con fervores surtidos no desde las afueras sino desde los adentros, ello  sin duda  una de las causas del incentivo entrañable que impelía a su lectura. 

 Aunados en cuanto maestros universitarios y escritores, conlleva reconocer que los unió sobre todo una singular circunstancia. Bardina conoció a Maritain, algo no recíproco. Fue lector suyo, admirándolo. En un comentario bibliográfico de su revista lo aludió así: “ese magnífico Jacques Maritain”, vinculándolo al desarrollo en Francia “de un renacimiento cristiano intenso”