Nº 3 Bardina y el Bicentenario
Índice del Artículo
Nº 3 Bardina y el Bicentenario
Página 2
Página 3
Página 4

 Nota actual Nº 3 Juan Bardina y el Bicentenario

 

Nota actual Nº 3
Juan Bardina y el Bicentenario

 He dado comienzo a estas Notas actuales atinentes al estudio sobre Juan Bardina faltando casi un año para la celebración del Bicentenario. Esta se verificará el 18 de Septiembre del 2010, a doscientos años del establecimiento de la Primera Junta de Gobierno (18/09/1810), primer paso del proceso que llevó a Chile a convertirse en una nación independiente. El último  tuvo lugar al procederse a la declaración de la independencia siete años después, en el primer aniversario de la victoria de Chacabuco, en el que se efectuó la jura de la independencia (12/02/1818), casi dos meses antes de la batalla de Maipú, que dio fin a todo el proceso  (05/04/1818). 
   
 Pues bien, sabemos que después de una breve estadía –de medio año- en La Paz, Bolivia,  Bardina llegó a Chile (Arica-Valparaíso) en Diciembre de 1917, diez meses después del centenario de Chacabuco, cuatro antes del de Maipú, quedándose en el país hasta su muerte el 10 de Julio de 1950. Arribó a Chile, por consiguiente, a fines de un lapso de siete años muy singular, iniciado incluso antes del 18/09/1910 y que prosiguió aún más allá de la conmemoración de Maipú el 05/04/1918 (1).

 La historia de Chile a partir de la independencia (XlX al XX) se la divide en cuatro etapas: conservadora (1831-1860), liberal (1861-1891), parlamentaria (1891-1920) y democrática. Bardina puso pie en suelo chileno estando por concluir la etapa parlamentaria y por comenzar la democrática. Ese lapso de siete años previo a su llegada se caracterizó sobre todo por encontrarse los chilenos pensantes abocados a examinar lo que había sido la historia del país en sus primeros cien años de vida autónoma. Y este período les parecía podía dividirse en dos momentos: uno de consolidación y desarrollo de la república en los diversos planos de la vida nacional hasta el penúltimo decenio del XlX, en el que las dificultades y reveses no fueron de fondo, y otro que comenzó a evidenciar una situación a partir de la cual la marcha del país se tornó incierta, no ascendente y hasta preocupantemente declinante. Que hizo perentorio examinar la coyuntura, delinear las causas que la habían provocado, detectar los medios conducentes a la solución de la detención o retroceso y darse todos bríos para  remontarla felizmente. 

 Ese transcurso de tiempo ha sido abordado por algunos historiadores nacionales, refiriéndose a su inicio y decurso, a sus caracteres, a sus más destacados personeros. Viene al caso tener presente que estos provinieron de diferentes campos del saber y la cultura. Y desde los más variados enfoques intelectuales y doctrinarios. Cabría hacer mención particular de los provenientes del ámbito educativo, y en éste igualmente desde la perspectiva de diversas visiones teórico-prácticas del mismo. Sus escritos tuvieron un marcado acento crítico, en cuanto a hacer hincapié de hallarse la nación chilena enfrentada a una crisis nacional de adversas consecuencias de no reaccionarse frente a ella con inteligencia y voluntad. Ello implicaba a parejas ahondar en torno a las facetas de la identidad nacional en vista a compatibilizar el ser y el deber ser en juego cara a esa situación. Para contribuir al mejor entendimiento de ellos acudiré a una sucinta expresión, que engloba a los numerosos comentaristas y enjuiciadores de su país en esa circunstancia, emanada de un distinguido sociólogo chileno, Hernán Godoy Urzúa, a saber: podrían caracterizarse esos testigos “como la generación de ensayistas del centenario, que recuerda en algún aspecto a la generación española del 98 por su visión crítica y redefinición de los valores de la nacionalidad” (2). A fin evocar el tono que asumió ese enjuiciamiento a los años que precedieron y siguieron a la fecha del Centenario me parece conveniente traer a colación una vez más los términos empleados en un famoso discurso por Enrique Mac Iver, uno de los primeros críticos de esos días: “…Me parece que no somos felices; se nota un malestar que no es de cierta clase de personas ni de ciertas regiones del país, sino de todo el país y, de la generalidad de los que lo habitan. La holgura antigua se ha trocado en estrechez, la energía para la lucha en laxitud, la confianza en temor, las expectativas en