Nº 5 Bardina y el suscrito
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Nº 5 Bardina y el suscrito
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Nota actual Nº 5 Juan Bardina y el suscrito

 

Nota actual Nº 5
Juan Bardina y el suscrito

 Las Notas actuales precedentes versan -podríamos decirlo en breves términos- sobre un ilustre educador catalán que, hacia la mitad de su vida,  no yéndole en su patria tan bien en el actuar como en el pensar, o mejor dicho, no consiguiendo compatibilizar a plenitud su ideario e ideales pedagógicos con el éxito empresarial privado en el sector educativo (fundó dos instituciones escolares en Barcelona) llegó a Chile a fines de 1917, donde vivió hasta su muerte en 1950.
Fue profesor y periodista. Extremadamente prolífico en el último campo, que le fue medio para servir al primero. Lo que nos hizo suponer, al concluir la Nota Nº 4, que pudo ejercer gran influjo e intercambio de ideas en el Chile de su tiempo debido a que fue un adelantado o líder en el ejercicio de ese oficio en cuanto a tener por meta adentrar a los lectores en los varios acontecimientos de la vida internacional, de manera sustantiva y no meramente adjetiva, que tal fue el talante de su Revista. Y ello en base a la buena armonía entre el acopio de los hechos vivos, tales cuales fueron, y su interpretación, que permitía abarcarlos con lucidez.  
 Para  concretar o ejemplificar señalé dos planos en los que pudo influir sobre los chilenos contemporáneos suyos: la educación y la política. Aquí quiero dejar de manifiesto una muestra del influjo que ejerció sobre mí –en cuanto docente- 40 años después de su fallecimiento.
 Entonces, como ya lo anticipé, era profesor  del Instituto de Educación de la PUCV. Y me correspondía ejercer docencia en la asignatura denominada Fundamentos Filosóficos de la Educación, uno de los ramos de acento teórico del Programa de Estudios. Amén de teórico, era esencialmente formativo, requiriendo, atendido ese doble carácter, un sólido y selecto apoyo bibliográfico, que facultara un avance en el proceso reflexivo y discusivo del alumno sobre el ser de la educación.
 Ello conllevaba que no bastara la lectura y el estudio del profesor sino también y a la par la de los discípulos sobre la materia en cuestión. De ahí que me propusiera la compilación de  textos sobre aquella susceptibles de ser leídos y aprovechados por cada uno, por grupos y por  todos a la vez. Porque la base del trabajo conjunto descansaría en la lectura en el aula de aquellos textos y en el consiguiente comentario o conversación. Ellos debían prepararla previamente en casa, solos, o con algún o algunos compañeros. La Antología la precedí de un escrito, que denominé  “Justificación”, y que tenía por fin explicitar el método a seguir en clase, constituida ella también por un conjunto de textos ad hoc. Pues bien,  el primero –de los nueve que la componían- lo extraje de un artículo de Bardina íntimamente vinculado al asunto. El nombre de Bardina no fue ignorado por mis alumnos. Tras la lectura del párrafo, les contaba algo ilustrativo de él, como lo hacía también después a propósito de los textos de los demás autores.  
 Queda patente, por consiguiente, la influencia que Bardina ejerció en mí en cuanto docente, cosa que tuvo lugar a partir de 1990. Debió ejercerla -no, ¿por qué ponerla en duda, si “La Semana Internacional lo hizo famoso?- la ejerció  igualmente sobre otros chilenos ya  desde fines de 1917 cuando llegó a nuestro país. Cabe suponer que ese influjo, animador de cavilaciones y debates, debió tener un curso ascendente y creciente a los inicios. También un momento cumbre. Y resulta evidente que tras alcanzar la altura máxima siguió un deterioro, una declinación, la pérdida del reconocimiento tenido alguna vez.
A ello, lo tengo claro, no contribuyó señaladamente la desavenencia pedagógica. Sí, la habida en otros ámbitos de la cultura. Tengo seguridad también que no fue por la supuesta adhesión de Bardina al nazismo –una vulgar paparrucha- sino por otras razones astutas, que era conveniente tapar u ocultar.
Lo que acabo de sostener se presta a discusión. Ello presupone conocer la personalidad de Bardina por sus escritos, en tanto que la revelan. Para eso están en este Sitio Web, que actualiza la posibilidad de su trato con los demás, que le era tan preciado (1). Estoy seguro, asimismo, que la reflexión y el debate vale la pena, ya que Bardina no dejó tema de interés humano -en el marco de su tiempo- sin indagar, meditar y comentar, con efecto expansivo a los chilenos dispuestos a secundarlo en esa bienhechora y loable disposición.