Democracia Autopsia 41 02
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Democracia Autopsia 41 02
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Autopsia de una palabra sonora. Democracia (3) La SI 01/02/41 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (4) La SI 08/02/41 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (5) La SI 15/02/41 p. 12
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (6) La SI 22/02/41 p. 12

Autopsia de una palabra sonora. Democracia (3)
La SI 01/02/41 p. 12

6. Una rara censura
 En Gran Bretaña acaba el Gobierno de suprimir el diario comunista no por interés nacional, sino de clase
 En principios de la guerra, el Gobierno británico suprimía todos los periódicos de sir Mosley, de tendencia fascista...
 Meses atrás, recibían todos los diarios británicos órdenes para que no publicasen –ni críticas ni noticias siquiera- sobre cuanto les fuese indicado desde el Gobierno...
 Uno de los distinguidos acompañantes de Lord Willingdon en esa peregrinación por las Américas, hablando en Chile a periodistas, decía así: “En Gran Bretaña en ninguna ocasión y bajo ningún concepto se ha limitado la libertad de la prensa”. Y el buen hombre está feliz, porque cree que engatusó a los que escucharon sus palabras, reproducidas a la mañana siguiente elogiosamente por varios despiertos periódicos. Los había tomado por analfabetos.

7. Gobiernos democráticos que se han nombrado a sí mismos
En 1940, debían celebrarse en Gran Bretaña y Francia, elecciones camarales, de las cuales había de surgir el Gobierno democrático para los próximos años. El acto electoral fue suprimido. Estaban en el país todos los electores. Había paz y orden social. Circunstancias extraordinarias –una guerra- hacían necesario consultar al pueblo. Los gobiernos democráticos de Gran Bretaña y Francia suprimían las elecciones, y un Congreso que no tenía facultad alguna para prolongarse la vida, se elegía a sí mismo para continuar legislando unos y gobernando otros, substituyendo su propio sentir dictatorial a la voluntad popular.
 No es raro, por lo mismo, que de cien, 1200 delegados de sociedades obreras exigieran “su gobierno democrático” en Gran Bretaña. El que está actuando es absolutamente anticonstitucional y dictatorial.
 En cierta ocasión se afirmaba en estas columnas que una de las causas de la guerra era, precisamente, poner una barrera a la voluntad popular eliminando las elecciones mediante un estado de guerra. Nuevos datos para confirmación de esa predicción podemos dar cualquier día. Pero, saliéndonos de esa zona de la finalidad buscada, hay que considerar ahora el hecho escueto: sin autorización de las respectivas Constituciones, unos centenares de caballeros se apoderan en Francia y Gran Bretaña de los órganos gubernamentales del país y se imponen al pueblo por su propia voluntad.
A estos pueblos los llaman en Washington “Países defensores de la Democracia”.
Saltando a Norte América, pero siempre dentro del mismo concepto, el diputado Jorge Tinkman preguntaba la semana pasada a Mr. Cordell Hull “si la ley que se ha presentado autorizaba a Mr. Roosevelt a declarar la guerra sin consultar al Congreso”. Y el secretario de Estado contestó: “no sólo podrá ahora declarar el Presidente la guerra de por sí sin consultar al parlamento, sino que, aún sin esta ley, podría hacerlo”. Contestó el diputado: “Eso no es democracia”.
Ello tiene un precedente. M. Flandín, en unas manifestaciones hechas hace poco, explicaba cómo el Gobierno “democrático” de Francia declaraba la guerra a Alemania.  Quien lo cuenta fue testigo. No solo no consultaban al Parlamento los Daladier y los Reynaud, sino que, días antes, habían prometido a la Cámara que no declararían la guerra, sin esa previa consulta camaral. “En esa misma sesión –añade Flandín- los ministros nos dieron datos absolutamente falsos sobre la situación, para engañar deliberadamente a la Cámara”.  En cambio, si la Cámara nada sabía, estaba al corriente de todo Mr. Bullit, representante de Estados Unidos en París, al cual consultaban diariamente  los ministros, alejados democráticamente del parlamento
 Eran estos los usuales métodos democráticos de que nos hablan constantemente desde Washington, repitiendo esas estrafalarias opiniones numerosos ecos situados muy lejos de Estados Unidos. 

8. La democrática Grecia