Democracia Autopsia 41 04
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Democracia Autopsia 41 04
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Autopsia de una palabra sonora. Democracia (12) La SI 05/04/41 p. 15
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (13) La SI 12/04/41 p. 7
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (14) mLa SI 19/04/41 p. 16
Autopsia de una palabra sonora. Democracia (15) La SI 26/04/41 p. 12

Autopsia de una palabra sonora. Democracia (12)
La SI 05/04/41 p. 15

80 “Le roi soleil” (continuación).
Es el hombre de “el Estado soy YO”, con mayúscula bien gruesa. Y no estaba es rey por dejar de hacer lo que decía, sino que sabía realizarlo al pié de la letra. El Estado, el país era él en persona. El dictaba leyes, sin consultar a nadie. El no toleraba que representante alguno popular o gremial se metiese en leyes o disposiciones. El se decía y se creía “rey por la gracia única de Dios” aunque Dios lo tenía muy sin cuidado, porque no era precisamente un místico, sino un gran vividor, un “bon vivant”, que tenía por costumbre recorrer alegremente todas las zonas del pecado. Es decir, que se trataba del déspota sumo, del dictador extra, del tirano perfecto.
 Que sus contemporáneos hallasen bien esa tiranía amarillentosa, desde los ignaros cortesanos al gran Bossuet, es cosa que los historiadores no alcanzan a explicarse. Pero que los demócratas de la República francesa, en plenos siglos XlX y XX, pongan a ese hombre en las nubes y tengan su época como la más grande de Francia, ello resulta un verdadero absurdo. Sin embargo, es así. No podéis tocarles a esos demócratas al “Roi Soleil” ni en la punta de un cabello. Lo adoran. Lo ponen en las nubes. Lo santifican. Para ellos es el sol de la Francia. Y la nación, bajo su égida, fue gloriosa y feliz.
 Un contrasentido. Un verdadero absurdo. Pero es un hecho. Del cual puede decidirse una de dos: o que los sedicentes demócratas aceptan y loan hasta el cielo la dictadura de un hombre solo, y ciertamente que bien poco inteligente; o que dictadura y democracia pueden ser para ellos, lo mismo en un instante determinado.

81. Libertad de palabra
 Un cable nos explica cómo el Gobierno británico acaba de  confiscar el material fotográfico y científico con que uno de sus altos empleados, el Dr. Hermes, iba a pronunciar en Irlanda  una serie de conferencias. El tema de ese conocido hombre de ciencias era “la neurosis en la guerra”, desarrollando su tesis a base de hechos y fotografías. No lo dejan hablar.
 Podemos asegurar que el equipaje del Gobernador del Canadá, recientemente nombrado, Mr. Mac Donald, fue reducido a la mitad, con gran extrañeza de su dueño, cuando él mismo realizó el embarque. Por orden de Mr Churchill se le había confiscado  cuanto podía dar a conocer al pueblo canadiense algo que se relacionase con huelgas, fortificaciones, incendios, bombardeos, multitudes menesterosas, etc.
 La correspondencia de lady Astor, alcaldesa de Plymouth, ha sido sujetada a la censura, a pesar de su carácter de diputado, porque se vino a saber que en cu carteo con eminentes hombres de letras de otros países, la lady decía la verdad acerca de sucesos que no quiere el Gobierno que sean conocidos.
 Estos ejemplos tocantes a tres nombres muy conocidos indican qué cosa se hará con los demás mortales que no han logrado escalar esas alturas. “La opresión sobre el libre pensar –ha escrito recién Wells- en Gran Bretaña es tan absoluta como en el país menos democrático”.

82. Rupias 840.000.000
 Dos noticias iluminan plenamente la democracia de los pueblos democráticos cuando tratan a 380 millones de seres vivos que vegetan en la India bajo la dictadura extranjera.
 1º El Gobierno metropolitano ha aprisionado a 70 ex ministros, a 60 diputados y a unos 3.000 líderes, por manifestar en discursos políticos lo que ellos piensan sobre Gran Bretaña y la guerra.  El virrey no solo no ha aceptado las exigencias del Parlamento, sino que ha amordazado y castigado a sus componentes.
 2º Por orden del virrey, la India tendrá que contribuir a los gastos de la guerra británica con la cantidad mínima anual de 840 millones de rupias, además de los soldados hindúes, que pasan ya de 220.000