Estados Unidos 41 03 15 y 22
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Estados Unidos 41 03 15 y 22
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Mr. Roosevelt, dictador La SI 15/03/41 p. 1-5
Mr. Winant llega a Londres La SI 22/03/41 p. 5-7

Mr. Roosevelt, dictador
La SI 15/03/41 p. 1-5

 En el hemiciclo del Capitolio, en un medio bravío donde se respiraba calor guerrero, y entre ráfagas de tempestad, el Presidente norteamericano ha sido declarado dictador. La trascendencia de este acto no añade una línea de gravedad a la actitud anterior del Presidente. Pero, bajo otros aspectos es tan importante este acto legislativo del parlamento norteamericano, que vale la pena de ser estudiado desapasionadamente, sin prejuicios de ningún lado.
 Es lo que procuraremos hacer, lo cual no es poco. El crítico imparcial está propicio a perder los estribos cuando en el problema criticado asoma la parcialidad y hay alguien que quiere tomar el pelo a los espectadores. Y en esa campaña rooseveltiana para la ayuda a Gran Bretaña, no asoma sino que revienta de densa y dinámica la parcialidad, y las ganas de tomar el pelo al público internacional pasan de la justa medida.
 No nos cansamos de repetir que en estas columnas Mr. Roosevelt ha sido loado muchas veces, especialmente cuando, ocho años atrás, conmovió con sus reformas los mismos cimientos norteamericanos y tenía en su contra al mundo entero. Ahora mismo, cuando hacíamos la crítica de las últimas elecciones estadounidenses, si pudimos demostrar que Roosevelt no habría ganado de desarrollarse la votación en iguales condiciones que su contrincante, sin embargo, ya antes de las elecciones mismas, no titubeamos en preferirlo a Mr. Wilkie, en el cual creían algunos ingenuos que odian a Mr. Roosevelt. Este es cien veces preferible al que parecía su rival y que no hacía más que simular una oposición que no sentía absolutamente. Le vimos las orejas y simplemente las mostramos al lector.
 A la sombra de esa imparcialidad, queremos ahora nuevamente juzgar esa nueva ley, que es la más trascendente que ha votado el Congreso norteamericano desde los días bélicos de Wilson  en 1917.

a) La ley votada –cuyo texto reproduciremos en el número próximo- es de contenido muy sencillo. Para los dos años próximos se conceden al Presidente poderes dictatoriales para todo, incluso vender o regalar la escuadra norteamericana y declarar la guerra, sin consultar a nadie. Sabiendo de donde proceden los vientos que han traído esa ley, quiere decir que ese poder enorme será empleado a favor de Gran Bretaña y sus aliados. Los únicos límites que se han puesto a esa dictadura consisten:
1º En que, tratándose de material bélico, deberá ser consultado el jefe del Ejército o el de la Marina, antes de ser entregado. Consulta. Es decir, que el Presidente podrá realizar  lo que quiera aún contra la opinión pedida. El texto está muy claro en este caso. Se había propuesto que nada pudiese venderse o regalarse sin previa opinión favorable de los jefes de las fuerzas armadas. No se aceptó esa limitación a la dictadura.
2º La ley autoriza a entregar material hasta 1.300.000.000 dólares. Más gastos no puede hacerlos el Presidente. Este ha anunciado que va a pedir inmediatamente una ampliación a 7.000.000.000. Le serán autorizados.
3º La dictadura se entenderá  hasta el 1 de Julio de 1945, es decir,  por el término más de cuatro años. Plazo jamás concedido por parlamento alguno. Si bien habla la ley del 30 de Junio de 1943, este plazo es absolutamente ficticio, anulado por la cláusula siguiente que dice que, después de esta fecha, podrán irse sirviendo todos los pedidos hechos anteriormente hasta el 1 de Julio de 1945. La cláusula que determina que esos poderes dictatoriales no continuarán si ambas ramas del parlamento los liquidan, es baldía e inútil, por evidente.  El parlamento puede revocar en cualquier momento, cualquier concesión que haga al Ejecutivo, en virtud de sus poderes soberanos y de aquel aforismo jurídico según el cual “el que concede puede retirar la concesión”, tratándose de ejercicio del poder.
4º Queda absolutamente prohibido, sin posibilidad contraria, el que Estados Unidos lleve el material o los alimentos que venda fuera del país, y aún que, algún buque norteamericano entre en la zona de guerra.
5º Finalmente la legislación sobre el uso que el Presidente pueda hacer de las fuerzas armadas no queda transformada por esta ley y seguirá en vigencia. Lo cual parece querer decir