Guerra 1939 41 03 15 y 22
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Guerra 1939 41 03 15 y 22
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Siam e Indochina se entienden La SI 15/03/41 p. 5-6
La situación bélica  La SI 15/03/41 p. 6-7
Mientras Matsuoka viaja. El Japón en el mar de los amarillos  La SI 15/03/41 p. 1-3
La marcha de la guerra La SI 22/03/41 p. 8-9

 

Siam e Indochina se entienden
La SI 15/03/41 p. 5-6

 Después de innumerables peripecias, zigzagueando el problema empujado por contrarios vientos, se ha llegado a una inteligencia entre Siam y la Indochina, bajo la batuta, que se ha mostrado recia y segura, del Japón.

 a) El pleito era de una sencillez extraordinaria en sí, pero de una complicación también extraordinaria respecto a las circunstancias  que lo rodeaban y condicionaban. Francia, en uso de sus ideales democráticos, había pillado a Sima, en varias ocasiones del siglo pasado, varios territorios. El camino puede suponerse, tratándose de democracia estilo siglo XlX, el cañón puntando a las ciudades indefensas y la guerra y la fuerza por encima de todo.
 Tailandia, es decir Siam, se sentó pacientemente al pie de sus derechos, esperando ocasión. Esta se presentaba ahora, cuando, además de la derrota de Francia, un nuevo orden, a base de ajustamientos de equidad, se iniciaba en el  Lejano Oriente lo mismo que en Europa
 En estos nuevos tiempos que iniciamos, la solución era sencilla e indiscutible. Francia tenía que devolver a Siam lo que le había pillado por la fuerza.
 Pero las circunstancias que rodeaban el pleito eran mucho más complicadas. Y mucho más pintorescas. Porque alrededor de él se estaban agitando las dos grandes naciones democráticas  dispuestas a hacer sentir democráticamente su poder, hasta hace poco decisivo en esos obscuros andurriales del Lejano Oriente.
 El primer paso lo daban ante Siam. Gran Bretaña hizo ofrecimientos en el sentido de apoyarlo para que Francia tuviese que restituir los países anexados por la fuerza. A condición, se supone –do ut des- de que Siam se aliase con Gran Bretaña y Estados Unidos en alianza ofensiva y defensiva.
 Siam es país limítrofe a Birmania, donde se ejerce la dictadura británica. Es, por lo mismo, país peligroso. Podría partir de Tailandia no solo ayuda para rebeliones contra la tiranía,  sino aún, tal vez, una guerra formal a favor de los amarillos birmanos. Había que tener a su lado a los siameses.
 Más, parece que la diplomacia asiática ha aprendido de la de Rusia el arte de engañar a los bobos. Recibía el Gobierno de Siam las propuestas británico-norteamericanas. Hacía como que las estudiaba. Pasaban días. Y ya la prensa aliada hablaba de la alianza como de un hecho, cuando Siam renuncia a ella y se ligaba con el Japón más estrechamente.
 A tenor de ese fracaso, gira la vara de la justicia. Ahora no tiene razón Siam, sino Indochina: que así brujulean los defensores del Derecho. Conferencian asiduamente las autoridades militares francesas en aquella región  con el Estado Mayor británico sentado en Singapore. Se celebran entrevistas entre las respectivas autoridades civiles. Se envían de Manila a la Indochina varios aviones norteamericanos, que son vendidos a Francia. Ahora tenían razón los franceses, es decir,  los que había arrebatado regiones por la fuerza y la conquista.
 Fue entonces cuando al Japón se le hincharon las narices, magüer que chicas. Traslada un ejército a la costa china, entre Hong Kong y la Indochina a punto de invadir Tonkin. La isla de Hainán recibe a 250.000 soldados bien equipados. Una escuadra de treinta unidades desciende a las costas indochinas. A la sombra de estas “razones” –que muchos no entienden otras- propone el canciller Matsuoka un Tratado de arreglo en el cual consta una cláusula: “Siam e Indochina reconocen la tutela del Japón en esa región económica y racial mundial”. Y un ultimátum es enviado a Francia, puesto que Siam había aceptado inmediatamente el plan de arreglo. 
El mariscal Petain entendía inmediatamente. Es posible que algunos gobernantes, por ejemplo los de Estados Unidos, condenen la conquista menos si la realizan ellos. Pero el  mundo no está ya para oír tales tonterías. ¿Qué hubiera podido decir un francés si Alemania les secciona el territorio y se queda parte por conquista, si ellos han aceptado ese instrumento en Indochina?
 Al aceptar Petain el fallo del Japón, que nadie le había pedido, ha dado muestras de criterio, ecuanimidad y modernidad. Lo que se había quitado tenía que restituirse. Y era lógico que el Japón presidiese, aunque fuese por la fuerza contra los blancos, a estos pueblos amarillos,