Guerra 1939 41 03 29
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Guerra 1939 41 03 29
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Yugoslavia firma. Yugoslavia adhiere   La SI 29/03/41 p. 1-4
La semana bélica La SI 29/03/41 p. 4-6
Los sajones capitulan ante Francia. Gran Bretaña cede La SI 29/03/41 p. 6-7
Dictadura Serbia en Yugoslavia La SI 29/03/41 p. 8

 

Yugoslavia firma. Yugoslavia adhiere 
La SI 29/03/41 p. 1-4

 El gallardo Eden, sentado ca-pe un remanso del misterioso Nilo (sic), está a estas horas dialogando silenciosamente con su angustia. Como aquellos niños mimados que se creen aptos para coger la luna con la mano y es infinita su tristeza al comprobar su impotencia., el canciller británico, que tenía de sí mismo una idea demasiado optimista, contempla ahora como el eje de sus ensueños balcánicos, base de sus proyectos africanos, se es venido al suelo.  Esa adhesión de Yugoslavia al Eje, cierra definitivamente el camino de Europa a los países anglos, que, a pesar de su lejanía, habían soñado con hacer perdurar ahora su dominio sobre esta parte  tan trasegada de la humanidad nerviosa  por las inepcias de los políticos mundiales de los últimos cien años.
 Probemos de ahondar en el seno de este acontecimiento cuya trascendencia es mayor de lo que pueda calcular el que no comprenda la situación de ese país, demasiado desconocido para tantos como escriben de cosas balcánicas.
 
 a) El hecho ha tenido una larga tramitación, que es necesario conocer en sus bases esenciales.
 Después de Versalles y sus torpezas, la situación de esos pueblos balcánicos no era la misma para todos. Formaban dos grupos: los pueblos amigos de los aliados y los enemigos. Y aquí comienza la debilidad de los versallescos. Quien edifica sobre justicia y derecho de gentes puede esperar, pese a las humanas pasiones, alguna solidez en sus obras y construcciones. Quien edifica sobre la arena móvil de las pasiones, los egoísmos y los premios indebidos a los que nos han ayudado, han de estar seguros –si es que son hombres de mente despierta- de que sus construcciones políticas están a merced de cualquier viento.
 Los cuatro pueblos balcánicos favorecidos por la pobre mentalidad aliada –Checoslovaquia, Polonia, Rumania, Yugoslavia- pudieron por el momento celebrar las gangas que les concedieron los aliados, a condición de actuar sobre ellos como verdaderos Protectorados. Checoslovaquia se veía dictadora sobre millones de extranjeros tiranizados por ella (alemanes, polacos, eslovenos, húngaros). Polonia mantenía bajo su burdo puño de fierro a más de doce millones de ilotas. Rumania podía vantarse de doblar sus habitantes sin ser “sus”,  más que en la débil letra del papel legal, bien inestable cuando no se apoya sobre la objetividad racial. Así, el centro de Europa veíase constituido por la broma pesada de una Dictadura y un Protectorado: dictadura de cuatro países sobre los demás, a base de una descuartización de razas y naciones y la imposición de la tiranía; protectorado de Gran Bretaña y Francia sobre ellos, pues solo a base de constituir esos pueblos y sus ejércitos las fuerzas aliadas antialemanas en Occidente y el Sur, esas injusticias les eran permitidas.
 Arranca de ahí la segura derrota de Gran Bretaña y esa ya terrible derrota integral de la Francia, despreciada, atontada y hambreada por los mismos que habían sido salvados por ella. Porque delata en los políticos una pequeña cabeza y en la realidad internacional una inestabilidad peligrosa, el que los Estados no fuesen constituidos a base de los graníticos cimientos raciales y consultando en todo caso, pero especialmente en el de los pueblos vencidos, la voluntad soberana de los pobladores.
 Los pueblos aliados, que andan masticando noche y día la palabra democracia iniciaban en la misma firma de Versalles su derrota segura al burlarse idiotamente de la democracia que decían salvaguardar y establecer una Europa a base de tiranías y servidumbres.
 Nadie más a punto de reconocer toda la fantástica organización militar y diplomática de Alemania que nosotros, que ponemos ante todo los hechos y sabemos acatarlos sin prejuicios. Y el hecho de la superioridad alemana en esa guerra del año pasado ha sobrepasado todos los límites de la comparación en cualquier época de la historia. Pero sería ciego el que no viese que, bajo esos admirables triunfos militares, había una feble y mezquina estructura política aliada, y es en el subsuelo donde siempre arrancan las causas de los acontecimientos.
 Un día, en un discurso de gran interés, formulaba Hitler el siguiente pensamiento,  que es fundamental y entra de lleno en la zona de la ciencia política internacional: “el gran margen de opinión que lográbamos en Alemania no era fruto, solamente, de nuestros ideales. Fueron causas muy importantes en ello las injusticias de los gobiernos aliados contra Alemania, así