Guerra 1939 41 04 05
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Guerra 1939 41 04 05
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Yugoslavia no firma. Dictadura en Yugoslavia  La SI 05/04/41 p. 1-5
La marcha de la guerra La SI 05/04/41 p. 8-9
Matsuoka y la Guerra La SI 05/04/41 p. 9
¡Hambre en Francia! ¿Quién es el culpable? La SI 05/04/41 p. 10
Los profetas de la Vl Columna La SI 05/04/41 p. 10

 

Yugoslavia no firma. Dictadura en Yugoslavia
La SI 05/04/41 p. 1-5

 Festival. Festival para los aliados. Esta semana ha volcado sobre sus alforjas, tanto tiempo vacías, toda una sarta de cosas apetecibles. Ha sido, para ese bando en lucha, semana florida y, para el Eje, semana de complicaciones.
 Cierto que la vida y los acontecimientos son tanto más de temer cuanto son más sencillos. ¿No podríamos decir que la simplicidad perfecta de una pirámide de Egipto es más compleja y misteriosa –por tanto, reventante de incógnitas cosas- que los complicados murales de la Capilla Sextina?
 La vida es tanto más perfecta cuanto más compleja. Un ojo clínico ve más francamente un estado complejo que uno terriblemente simple. Y es de un estado de pujante complejidad de donde salen ordinariamente las soluciones estables. Aunque, ante la lógica estereotipada y superficial, parezca todo lo contrario.
 De ahí el doble aspecto de la palabra Festival para los aliados, festival de cosas rosadas y de acontecimientos que les convidan a afirmar sus leves esperanzas. Para la crítica, festival de problemas, que se van enredando y enserpertinando, ofreciendo un festín convidante para el que ame remover entrañas y desenredar raíces.  

 a) Quien haya leído la crítica que enhebrábamos la semana pasada de la firma del pacto Tripartito por el gobierno sudeslavo habrá notado en ella desgano, debilitaciones, peligros e interrogantes. No en vano hablábamos allá de las diversas naciones que integran Yugoslavia desde solo hace veinte años, así como de la manera de ser un ejército que, por pertenecer entero solo a una de esas razas, Servia, y por su rudimentaria formación, ofrecía peligros evidentes.  
 El Pacto Tripartito firmado por Yugoslavia ofrecía ciertas ventajas. Las desventajas eran mayores. La alegría con que la prensa del Eje celebraba esa firma era en gran parte ficticia. A veces hay que sonreír con desgano. Se nota, aún a través de la forzada alegría, el forzamiento, abriéndose la sonrisa en un ambiente hostil.
 Tenía el Pacto Tripartito una ventaja a la vista. Nos atreveríamos a decir que esa ventaja no se habría realizado jamás. Era esta. Por el artículo 3 de él, Yugoslavia había de declarar la guerra al Estado que, en adelante, la declarase al Eje. Esto es, y poniendo un caso práctico: en el supuesto de que Turquía se alistase bélicamente en el campo aliado, Yugoslavia había de lanzar sus fuerzas contra Turquía.
 El anterior Gobierno yugoslavo forcejeó mucho para que Alemania liberase a Yugoslavia de ese artículo 3. Era imposible. Un Pacto es un Pacto. Y sería absurdo que fuese firmado, y que, a continuación, se firmase otro anulando parte del primero. Al rubricar Yugoslavia, aceptaba esa obligación. Salvo en el caso de un resonante triunfo alemán integral (y en este caso las fuerzas eslavas ya no eran necesarias al Eje) ese artículo 3 no habría sido cumplido. El que dude de ello, quedará convencido después de lo que vamos a decir acerca del estado social y militar de Yugoslavia, a añadir a lo ya dicho la semana pasada.
 Otra ventaja lo era, en realidad, pero muy pequeña. El paso de heridos por los ferrocarriles eslavos, así como de alimentos para el ejército que pueda operar en Grecia. Se trataba del acortamiento del camino en unos 260 kilómetros.  Ni en gastos ni en tiempo era eso algo sobresaliente. Son las pequeñas ventajas que han de aprovecharse siempre, pero que, perdidas, hacen escaso daño.
 A cambio de esas ventajas, el Pacto firmado ofrecía serias desventajas por todos lados. En este número, en Documentación, van el texto del Tratado y las dos Notas que lo complementaban. Esas Notas privaban a Alemania de poder llevar tropas a través de Yugoslavia –al valle del Vardar, por ejemplo- así como a respetar la independencia e integridad total del país. Y ambas exigencias eran absurdas.
 La primera, militarmente absurda. La necesidad más perentoria de Alemania  era poder atacar simultáneamente a Grecia por la Tracia (Oriente) y la Macedonia (Occidente). Medio millón de soldados en ambos flancos, y era más que seguro que la guerra misma a Grecia quedaba eliminada. Una doble embestida alemana, sobre un país que tiene escasamente de ancho 80 kilómetros de la frontera al mar y llevada por ambos flancos, era cosa de asustar al