Guerra 1939 41 06 21
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Guerra 1939 41 06 21
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En los flancos del Canal de Suez. Para liberar a Suez La SI 21/06/41 p. 1-5
Atrocidades increíbles. Investigaciones necesarias La SI 21/06/41 p. 5
La batalla de Sollum  La SI 21/06/41 p. 12

 

En los flancos del Canal de Suez. Para liberar a Suez
La SI 21/06/41 p. 1-5

 a) Con la expulsión de Europa de Gran Bretaña, culminada con la gesta –de suprema estrategia- llevada a cabo en Creta por las fuerzas del Eje, era el canal de Suez lo que quedaba puesto sobre la mesa del Estado Mayor alemán como objetivo inmediato.
 Creta conquistada significaba para los británicos tres cosas, entre otras muchas. Primero, la navegación libre para alemanes e italianos en el mar Egeo; y, por lo mismo, la seguridad del Dodecaneso aliado, que quedaba articulado a Europa, aún siendo geográficamente asiático. Esto quiere decir acercamiento a Suez y al Cercano Oriente por manera angustiosa para Gran Bretaña. Segundo, el desencanto de los escasos partidarios  de los británicos entre los musulmanes, y especialmente en Egipto, Arabia y Turquía. Desencanto traducible en peligros, como lo han mostrado las ofensivas aéreas del Eje sobre Alejandría, que han traído la emigración de civiles en la gran ciudad egipcia. Y tercero –y era esto lo capital- la persuasión en el Comando aliado de que Alemania no se enquistaba en cada conquista en cuanto a novedades en los métodos ofensivos, sino que añadía en cada etapa militar una nueva concepción estratégica  y una nueva audacia táctica.
 Todas estas consecuencias eran especialmente graves. Pero esta tercera lo era sumamente, porque contiene entre sus factores incógnitas indescifrables para los que no participan en el planeamiento de los nuevos métodos. Si el escalón de ascenso estratégico entre Grecia y Creta ha sido tan alto como ese invadir una isla enorme a base aérea y conquistarla en una docena de días, clavando además la flota de guerra enemiga en sus fondeaderos egipcios ¿qué tendrían reservado los dioses alemanes de la guerra para la conquista de ese Suez tan cercano, que representa para el Imperio  y la sujeción británica del mundo el anillo central?
 De ahí una consecuencia, al alcance de cualquier Estado Mayor, aunque sea ese tan atrasado presidido por el general Wavell en ese extremo Mediterráneo: la necesidad de proteger los flancos del canal, y de hacerlo inmediatamente mediante una doble ofensiva, una en cada flanco. La pura defensa pasiva está destinada a perder en la inmensa mayoría de los casos.
 Las embestidas británicas en Siria, por un lado,  y la más reciente en Sollum, por el otro flanco, responden a cien causas lógicas, pero al frente de todas, ésta: la defensa activa del canal    afro-asiático.

 b) Digamos, ante todo, que hay en esa doble ofensiva aliada (Siria, Cirenaica) en los alrededores de Suez dos puntos negros para los británicos. Y hay que ponerlos en relieve, porque no se trata de prejuicios, sino de hechos: 1º la mediocridad de los generales dirigentes; 2º la heterogeneidad de sus ejércitos y su mediocridad técnica. Son tan graves esos dos puntos, que sería una verdadera cosa de azar que esas dos ofensivas pudiesen embocar por caminos de éxito.
 No hablemos de los generales subordinados. Wilson es el responsable de la huida relámpago de sus soldados a lo largo de mil kilómetros de costa africana, tanto más deplorable para los aliados cuanto que había antes conquistada en un ataque tortuga contra fuerzas italianas muy inferiores en número y enormemente inferiores en material moderno. Ser derrotado es algo que para un general no dice poco. Pero ganar miles de kilómetros en 2 meses y medio y ponerlos en diez días, a pesar de haber podido tomar medidas en medio, es algo peor que perder una batalla. Wilson, luego de ese descalabro era ascendido. Ese ascenso nada restaba a su incapacidad operativa, que allá se iba del brazo de la del pintoresco general-dentista que dirigía la derrota espectacular de Creta.
 Pero no se trata de los altos jefes subordinados. Es el propio Wavell, canonizado por Londres a falta de algo mejor, el que procedía absurdamente en cuantos pasos daba en esos alrededores de Suez.
Iniciaba las campañas simultáneas de Etiopía y Cirenaica, “confeccionadas”  por ese terceto absurdamente ciego que forman Eden, Dill y el propio Wavell. Era evidente que lo capital era la Cirenaica. De llegar a expulsar los aliados a Italia de toda la costa del Mediterráneo africano, Gran Bretaña quedaba pared en medio de las colonias francesas, para atacar cuando fuese la hora por medio de la traición degaullista; todo el Mediterráneo medio quedaba en manos británicas, y Sicilia e Italia a dos pasos, a una hora de avión bombardero;