Guerra 1939 41 07 12
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Ante la Línea Stalin. La guerra germano-rusa La SI 12/07/412 p. 1-5
Bibliografía Oficial: Armisticio 1918-1940 La SI 12/07/41 p. 10

 

Ante la Línea Stalin. La guerra germano-rusa
La SI 12/07/412 p. 1-5

 a) Napoleón debe estar sacudiendo el polvo de sus huesos en su fría tumba de los Inválidos: de envida y anhelo. Porque rehacen aquel su camino de las heladas estepas  otros genios, que han sabido ahora vencer a las estepas y a su heladez. A las estepas, con sus horrísonos carros de acero, que vuelan cual orugas aladas al ras de esa interminable llanura rusa.  A la heladez, simplemente entendiendo cuando esas estepas  queman de puro heladas, y cuando queman de puro calor estival. Los caminos no son cual entonces rutas de aguas fangosas, sino cauces de polvo cuando no derechas cintas de asfalto. Todavía habitan esas tierras primitivas nubes de mosquitos, pero ahora en compañía: miles insectos de acero zumaban por esos cielos que planean sobre esas tierras solitarias, sembrando la muerte por todas partes.
 Era entonces una larga hilera de soldados, interminable y cansina, que parecía horadar con el ruido de sus cañones el silencio de la estepa infinita. Una especie de larga espada que intentaba abrirse paso entre la carne viva de ese enorme latifundio imperial que era la Rusia zarista. Es, ahora, todo ruido y dinamismo, como si el fragor hubiese prendido en las cuatro dimensiones de ese pueblo hoy gigante.  Por todos lados los enjambres de esos mosquitos férreos. Por todas partes la orugas en interminables hileras, escupiendo fuego.  Por todas partes el redoblar del tambor, el ring-ring del teléfono de campaña, el cañón que retumba, los hayes y los hurras entremezclados como si fuesen -¡y cómo lo son!- hermanos. Cien años atrás, silencio trágico hendido por el genio  en eclipse de un gran emperador. Hoy día, todo ruido, todo en guerra, sin exceptuarse un hombre, una casa, un palmo de tierra, agigantada la tragedia hasta el límite que el humano dolor y el humano empuje pueden tolerar. 
 Y, mientras unos tocan los lindes de la resistencia,  al desespero y a las esperanzas fallidas, tocan otros lindes cimeros de la ciencia aplicada, de la sabia estrategia y de la genialidad. Y, ambos a dos, elevados a aquellas alturas en que los más contradictorios dictados se confunden en un solo y único heroísmo.
 No nos cansaremos, a fuer de remachadores, llamando la atención sobre ese fenómeno gigantesco de esta guerra, que toca ahora los límites más altos de esas escenas en el oriente eslavo. La memoria se recrea, a veces extasiada, a veces asustada, ante las avalanchas bélicas de otros días, cuando había en ese Cercano Oriente quien se llamaba Darío o Alejandro, o Ciro, o Tamerlán o Gengiskán. Más ahora, estamos en días más históricos todavía, aquellos acontecimientos que llenan las páginas de la leyenda  y de las crónicas algo así como enanillos y títeres  al lado de esos sucesos de hoy día, en que la humanidad está de parto con con dolores y heroicidades proporcionales a los avances científicos, demográficos y dinámicos de estas horas apocalípticas.
 Vivimos lo más denso que se haya realizado en el trascurso de la historia de las guerras y de los cambios ruidosos, espectadores privilegiados que podemos paladear ese gigantesco terremoto y podemos decir que hemos estado a dos dedos del mismo ciclón
 La historia usual, entre sus mil y una imposturas, tiene la de tornar a sus devotos supersticiosos y fanáticos. Como si la distancia temporal (al revés de la distancia espacial) agrandara las cosas a medida que están más lejos, estamos dispuestos a cantar odas heroicas a grandes sucesos del pasado que se nos figuran extrahumanos. Y de esotros acontecimientos actuales, como no los hubo jamás, en intensidad y volumen, no solo no sabemos captar  su cabal importancia, sino que los colocamos –infelices que somos- en un plano inferior, indignos de la epopeya,  y solo dignos de lamentos mujeriles y de murmuraciones de conventillo.

 b) Los ejércitos alemanes, a todo lo largo del enorme frente, han llegado a la Línea Stalin. Y hay que saber qué cosa es ésta. Porque los diarios nos explican muchas tonterías sobre ella.
 Las Líneas son cosa tan vieja como la humanidad. Doy por seguro que, al quedar acordes Abraham y Lot sobre las tierras que podían pastar sus rebaños, no dejarían de amojonar la divisoria. Tal como hoy día, tú y yo, levantamos una pared –cuanto más alta mejor- entre mi pequeña huerta y la tuya.  Mis amigos, se supone.  Pero, por encima de la pared mediera y de vieja amistad, levantamos el pescuezo y nos miramos de reojo.