Guerra 1939 41 07 26
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Un mes de guerra. La guerra germano-soviética La SI 26&707/41 p. 1-6
De si el Japón va a dar el salto. El Japón está ahí La SI 26/07/41 p. 6-8
Listas negras La SI 26/07/41 p. 8-9
Se inicia el drama en el Extremo Oriente La SI 26/07/41 p. 10-11

 

Un mes de guerra. La guerra germano-soviética
La SI 26&707/41 p. 1-6

a) Durante esos dos años de guerra, el mundo, acaparado noticieramente por Comunicados torpes y por agencias parciales y además mediocres, ha nadado en un mar de incertidumbres mientras se estaban realizando operaciones de guerra fulminantes.  Recuérdense las infra-noticias servidas al “servum pecus” durante las campañas de Polonia, de Noruega, de Holanda y Bélgica, de Francia, de Yugoslavia y Grecia, de Creta, cuando, en los mismos instantes de las más resonantes derrotas, nos explicaban todo un mundo de victorias, de resistencias y de hazañas. Y se quedaban tan tranquilos cuando, a las veinte y cuatro horas, todo resultaba al revés,  y se veía claramente que todo ello había sido un tejido burdo de embustes, cuando no –y eso era peor todavía- un tejido vano de ilusiones.
 Ahora, durante estas horas supremas en que las dos potencias mejor armadas del mundo están decidiendo algo en las vastas estepas moscovitas, a la tradicional inepcia de los Comunicados y agencias aliadas, se une otra voz desentonante y otra razón poderosa: la voz de la Rusia y el silencio de días del Alto Comando Alemán.
 Por fortuna, nos van dando la razón continuamente los mismos que nos critican cuando las emprendemos contra un nombre determinado. Cuando declarábamos inepto al general Wavell en medio de las torpes alabanzas de gentes sin criterio, fue el mismo gobierno británico el que lo relevaba, echándolo a las lejanías hindúes. Constantemente hemos señalado con el dedo como hombre perjudicial al Imperio Británico ese mediocrísimo Duff  Cooper, ensartador de embustes y zurcidor de inepcias. Y ha sido ahora también el Gobierno británico el que acaba de sacarlo del Ministerio de Publicidad, botándolo también a las lejanías  oceánicas de Malaca. Teníamos razón.
  Un crítico que ame el juego limpio no sabe ni puede ser parcial ni aún en sus deseos. Sería grosero aceptar que pelease en un ring un gigante peso pesado con una sutil damisela de 40 kilos. Una sana crítica no puede menos de desear que, en trances internacionales como el presente, a la bien hecha y sana y hábil propaganda  del otro lado, repugnando que, ante ese formidable Goebels, Gran Bretaña hay tenido la humorada de poner a un Duff Cooper, y, antes de él, a otros tres Don Nadie en la técnica crítica y noticiera.
 Sin embargo, no es tan fácil relevar a la caterva de publicistas que lanzan tantas tonteras  sobre las columnas periodísticas. Unos botones de muestra serán necesarios, para no olvidar, al leer el diario, que estamos en medio de un pelotón de embaucadores; peor, todavía, en medio de un pelotón de zonzos.
 Un redactor de la Associated Press ha ganado el premio esta vez. En un cable que manda su compadre, la United Press, a los diarios americanos, que tantas cosas raras se tragan, explica que los jefes rusos tienen “un extraordinariamente y audaz plan para contrarrestar la invasión y el avance de Rusia por Alemania”. Vea el lector la manera de lograrlo, tan original y sabia: “Cómo es imposible detener el ímpetu de los tanques alemanes, en vez de detenerlos, se les dejará que invadan Rusia. Pero en el mismo instante los tanques rusos invadirán Alemania”. Dirá el lector que tal idiotez es inventada. Copiamos: “De manera que mientras los alemanes atacarán las vastas regiones rusas, ya en Alemania, avanzarán hacia Berlín y destruirán cuanto encuentran a mano”.  Copio estas líneas, que no son las más imbéciles de “La Prensa” de Buenos Aires.
 En una revista que se publica en Chile se leen cosas que lindan  en sabiduría con las precedentes. Copiamos (ello era escrito en las mismas horas en que el ejército alemán  derrotaba a los rusos en la mayor batalla histórica, haciéndoles un millón entre prisioneros y muertos entre Bielostok y Minsk): “No hay éxito alguno que merezca la pena. Y aún así es como el avance de las unidades alemanas que alcanzaron a atravesar las fronteras soviéticas, vía Minsk, eran aisladas y separadas por las unidades soviéticas de su propia infantería…”
 Un tal E. W. Beattie, que se desgañitó durante la guerra ruso-finlandesa, explicando que los ejércitos rojos no valían absolutamente nada, ahora se ha repensado: “las  divisiones que fueron lanzadas a la campaña decisiva en Carelia no fueron del todo malas. Estaban bien equipadas, bien adiestradas y de buena moral. Tenían grandes cantidades de tanques, artillería y