Japón 40 41
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Japón hace suya la Doctrina de Monroe La SI 06/07/40 p. 5-6
Konoye escribe a Roosevelt La SI 06/09/41 p. 7-8
El Japón se yergue LA SI 25/10/41 p.  8
Japón prepara una nueva ofensiva en China La SI 08/11/41 p. 9
Japón y EE. UU conferencian. La paz o la guerra en el Pacífico La SI 22/11/41 p. 6
Japón domina el Pacífico. La guerra en el Asia Oriental La SI 27/12/41 p. 1-6

Japón hace suya la Doctrina de Monroe
La SI 06/07/40 p. 5-6

 Uno de los aspectos más interesantes  de la hora internacional está en los movimientos político-diplomáticos que tienen lugar a estas horas en el Japón, culminando todo lo que Arita ha llamado Doctrina de Monroe asiática.
 El origen de todo esto está en Estados Unidos. Y en una regla práctica de moral, de que Estados Unidos comienza a enterarse con aquel estupor propio de los niños: “lo que haces tu has de reconocer que pueden hacerlo los demás”.
 
 a) Notemos el hecho previamente. Y quedémonos en el terreno de la observación solamente, sin entrar en críticas.
 En estos últimos tiempos ha habido en el Japón numerosos cambios en el gobierno y mucho movimiento entre los grandes partidos. En la superficie estos movimientos indicaban una cosa. En la realidad, otras de mucha mayor envergadura.
 Superficialmente todo tendía a esto: ¿por qué las colonias francesas (Indochina) y británicas (Birmania principalmente) surten de armas y dinero a Chiang kai Shek, el acorralado Presidente de la China del Kuomintang?
 Ciertamente que la queja no tendría asidero internacional, desde el momento en que todo neutral puede vender armas a quienquiera, siempre a base de que un beligerante puede interceptarlas. Y a condición de que quiera vender a ambos –o a todos- los beligerantes. El vender a uno sí y a otro no, es acto de deslealtad internacional y de beligerancia con agravamiento de miedo.
 Japón sabe bien que no tiene razón bajo este aspecto. Pero hace bien, aún así, en moverse. Cuando todos los Gobiernos no hacen más que pescar a río revuelto con razón o sin ella, aquél que realizase lo contrario quedaría aplastado entre la doble pared de su ingenuidad y su nula diplomacia.
Francia y Gran Bretaña están preocupadas de su situación europea. ¿Por qué –se dirán en Tokio, maestros en habilidad- no hay que aprovechar la ocasión, y hacer que China no reciba arma alguna, quedando inerme, y por lo mismo, rendida al ejército japonés? ¿No ha negado Estados Unidos armas al Japón y a Alemania, mientras las vende a un solo beligerante, contra los usos del honrado neutral? Así, bajo los hechos de todos, a cual más desleales, el Japón actúa a base de su propia conveniencia, en la seguridad de que Gran Bretaña y Francia no tendrán más remedio que aceptar esas imposiciones.
Pero hay algo más en el fondo. Esto: si, años atrás, Gran Bretaña y Francia pudieron apoderarse, mediante una guerra, de estos pueblos asiáticos, a pesar de la heterogeneidad de su raza ¿no podrán realizar lo mismo los que pertenecen a la misma raza?
De ahí deriva la intensificación de la corriente japonesa en orden a echar a los europeos del continente amarillo. Por supuesto, aprovechando la circunstancia de la debilidad de los pueblos que tienen colonias que hay que liquidar: Holanda, Gran Bretaña, Francia.
Pero hay otra razón que queremos explicar a los ciegos de Londres. Porque se ve que no entienden, a pesar de que no es más que la repetición de la actitud de Italia durante nueve meses de terrible guerra de varios pueblos poderosos contra Alemania solitaria. Italia, con su no beligerancia, no solo era una puerta de paso para numerosas materias que en los primeros meses bélicos necesitaba su aliada alemana, sino que retenía, por el miedo que daba su posible intervención, numerosos medios de guerra, que no era posible emplear en el frente alemán
 En la hora precisa en que va a iniciarse  el asalto contra Gran Bretaña por un lado, y contra el Mediterráneo como posesión inglesa por otro lado, el Japón realiza una magnífica maniobra, para retener en el Extremo Oriente numerosos medios bélicos: buques de guerra, soldados a punto de combate, aceite y aeroplanos, otros materiales que serían muy útiles en Europa.
 Una amenaza directa sobre la India y Birmania, sobre Málaca y su Singapur formidable (precisamente en instantes en que la palabra “formidable” está de absoluta capa caída), sobre Hong Kong y sus negocios, aún sobre las Filipinas y Australia ¿no servirían de instrumento