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Que no vengan… Que vayan   Lux 01/11/26

            Se ha publicado la noticia de que van a contratarse en el extranjero unos cuantos profesores para que traigan a Chile aires nuevos respecto a las cosas educativas.
            La noticia, si no es suficientemente explicada, requiere, cuando menos, un comentario teñido de pesimismo.
            Las misiones pedagógicas extranjeras  han fracasado comúnmente en Chile y fuera de Chile. En la América española  de los pocos años del siglo XX que hemos vivido, no sabemos de una sola misión –y conocemos varias- que haya resultado beneficiosa. Naciones hay, como Bolivia y Colombia, que han contratado misión tras misión, sin acierto por parte de los contratados, sin escarmiento por parte de los contratadores. Y en cuanto a Chile, es cuestión de evidencia el fracaso absoluto, rotundo y fuera de toda discusión de los extranjeros que organizaron el Instituto Pedagógico, padres de nuestros liceos desgraciados y una de las instituciones más llenas de fachada y vacías de alma de la educación mundial.
            El contratar maestros extranjeros para la renovación educativa, solo a base de tres condiciones puede dar algunos frutos. Y estas tres condiciones no pueden darse en el caso actual, si nos atenemos a las distintas condiciones de diverso orden que rodean los contratos que piensan hacer o que ya se están haciendo.
            Han de ser, en primer lugar, educadores y no sabios; quiérese decir, metodologistas y no técnicos en alguna ciencia; o, en otras palabras, maestros y no profesionales excelentes en algún ramo de conocimientos. Traer aquí sabios en jurisprudencia, en fisiología, en psicología, en investigaciones históricas, etc. no surtirá efecto alguno. Los sabios, por eminentes que sean, no tienen la virtud de producir discípulos ni de formar escuela.
            Han de ser, en segundo lugar, creadores. Es decir, no basta que sean buenos maestros o metodólogos. Han de tener la alta cualidad de saber crear, so pena de no saber ni poder comunicar a los educandos el fuego sagrado que convierte al futuro hombre en hombre de acción autónoma.
            Han de ser, finalmente, formadores de maestros y profesores; nunca de alumnos destinados directamente  a la vida particular de la mayoría de los ciudadanos. Quiérese decir, que esos profesores contratados, si pueden producir escuela de maestros, no pueden producir –ni interesaría que produjesen- individuos sueltos en alguna cátedra universitaria. Se busca con ellos tener educadores chilenos por ellos formados.
            Si estas tres condiciones se hacen recaer –y no se puede prescindir de ello- en una misma persona, se verá con qué parsimonia debe acudirse al contrato de extranjeros para las cosas educativas. Reúnen estas condiciones, sólo hombres famosos en los anales educativos, y éstos son muy pocos en número. Han acertado Colombia al contratar a Decroly y Buenos Aires al llamar a Montessori. Pero hombres como éstos no habrá doce entre los cuatrocientos millones de habitantes de Europa.

 

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            Sin rechazar a priori, pues, este medio de contratar profesores en el extranjero para que vengan a Chile, se comprende que, a lo menos hablando en general, ha de ser mucho más fecundo mandar al extranjero a profesores, maestros y técnicos chilenos, para que, situados en centros especiales de gran vida pedagógica, se empapen de cuanto se relaciona con la educación nueva y vuelvan a su país convertidos en focos creadores, sin dejar de ser a la vez algo eminentemente nacional.
            En este sentido –aunque tomando la medida en un sentido muy restringido- hemos abogado desde estas columnas recientemente, porque mande a Bogotá y a Buenos Aires a una decena de maestros y maestras, en contacto íntimo, aunque breve, con los eminentes educadores europeos antes citados.
            Contra estos métodos consistentes en enviar a jóvenes prometedores a aprender en centros creadores, donde, además de la llama genial de un gran inventor educativo, se encuentren engolfados plenamente en la marcha de una organización pedagógica viva, se