Guerra 1939 41 10 18
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Moscú a la vista. La gigantesca batalla La SI 18/10/41 p. 1-6

Moscú a la vista. La gigantesca batalla
La SI 18/10/41 p. 1-6

 a) Aires de epopeya sobre Europa. Una epopeya viva en la que la nueva hora se está abriendo como una gigantesca flor que, emergiendo entre ruinas enormes, lleva en su seno simientes de nuevas eras. Que los hombres olvidan demasiadas veces esto: que es eminentemente humano que las simientes necesiten de estiércol y que un nuevo sol se alce sobre las ruinas de los cataclismos. Es precisión, para que una nueva época surja moza y fresca, que sus raíces serpenteen dentro del cadáver de los tiempos que se van. La vida es la muerte, decía empesimismado un día Claudio Bernard, ante los misterios de la generación en sucesión perenne. Y le hubiera bastado, para convertir su pesimismo en optimismo, dar vuelta a la frase, con lo cual no le hubiera restado ni un átomo de grandeza: la muerte es la vida.
 De ahí el interés en asistir al panorama sangriento de esos acontecimientos para un ánimo optimista. Sobre la prensa en general los periodistas lloran abundantes lágrimas sobre los sucesos. Y se da, todavía,  la agravante de que, esos escritores, a las órdenes, muchas veces, de los autores de esas grandes guerras, lloren sobre lo mismo que ellos han producido embaucando al mundo. Cierto que las lágrimas son nobles. Pero a condición de tener en cuenta la frase de Pío Xll cuando recientemente hablaba de “la trágica grandeza” de la hora, agradecidos a lo Alto de que se nos haya deparado la ocasión de asistir a ese inenarrable espectáculo de ver como una nueva Edad saca cabeza por entre los dolorosos crujidos de un mundo que se deshace a pedazos.
 Y, si en general era aburridor eso de entender historia por medio de librotes muertos y de letra sin alma, en especial había de doler el estancamiento a cuantos, por razón de oficio o afición, aman el arte militar y la ciencia compleja que constituye sus raíces. Ellos habían de contentarse con maniobras, es decir, con batallas sin batallas y simulacros de cosa viva mediante (absurdo “in terminis”) cosa muerta y mecánica. Y ahora los cerebros ágiles de esa zona  -y de otras zonas también- pueden asistir a realidades vividas, palpitantes y sangrantes, cuya magnitud y grandeza maravilla.
  Especialmente una nota clara podrán los espíritus críticos deducir de esta guerra gigantesca: que la ciencia militar no es un arte subjetivo solamente, sino una confluencia de todas las ciencias que producen, en función viva, los resultados que no son hijos de la casualidad, ni siquiera de aquellas pequeñeces de que querían, antes, hacer derivar los triunfos y las derrotas espíritus antañones. Sobre la plataforma estratégica bailan ahora, agarradas estrechamente, un sin fin de ciencias y especulaciones. Y al verse cada día más que esa plataforma viene sostenida por los dos pilares matrices de la Psicología y la Lógica viva, la educación militar tendrá que dar un paso decisivo, si no quiere perder las posibilidades: introducir esas dos ciencias en la armazón docente, porque ellas constituyen el poder usar con eficacia  de todos los avances de la mecánica y de la química  
 (En rigor hablando, el eje central de ciertas profesiones, como ser la Estrategia, la Abogacía y la Medicina, está formado por la Psicología en función con la Lógica. Y es raro que esa afirmación, que4 tiene todos los caracteres de evidencia, no haya ganado ya a los estructuradotes  de unas profesiones que, sin eso, son cáscara muerta). 
 En ese inmenso mar de las Edades una nueva ola representan los acontecimientos de estos días, de aquellas que dejan huella, no solo en la leve arena de la playa, sino también en la estructuración del porvenir. Y quien considere estos acontecimientos y sepa ponderar su peso y medir en profundidad, no hallará desacertada la afirmación del Führer cuando daba a ese acto de la gran tragedia un valor casi decisivo.   

 b) Esta ofensiva tiene ya tres fases, cada una de las cuales abarca como una semana. La primera, que se iniciaba el día 2, fue de preparación del terreno y primeros pasos, de la cual el mundo no tenía noticia más que cuando, a los varios días de comenzada, el discurso de Hitler la ponía a la vista de todos. Hacía como cuatro días que se había desencadenado con violencia jamás vista y estábamos ayuno de que esa terrible batalla estaba ya en plena marcha. Cosas de los agudos noticieros modernos, aptos para ver, tantas veces, lo que no existe, y de estar ciegos y no saber tocar lo que, no solo existe, sino que crepita estruendosamente. Esta primera fase ha tenido que ser de una dureza excepcional. Se trataba del primer choque, y, por lo mismo, debían