Guerra 1939 41 11 15
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Guerra 1939 41 11 15
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¿Un paréntesis en la guerra? La guerra en la entrada del invierno La SI 15/11/41 p. 1-3
Imperialismo desbordante. Imperialismo a ultranza La SI 15/11/41 p. 4
Bibliografía Gorner, Alexander: L’ economie de Guerre Allemande en 1914 et en 1919. Bruselas La SI 15/11/41 p. 9

 

¿Un paréntesis en la guerra? La guerra en la entrada del invierno
La SI 15/11/41 p. 1-3

 ¿Semana de calma? Seguramente que no. Semana, más bien, de marcar el paso en estrenuos combates. Lo cual no quiere decir que los ejércitos del Eje no hayan realizado progresos. Es que el público está viciado con avances relampagueantes, extraordinarios. y cuando lo ordinario adviene y se impone, nos crispa los nervios el paso regular, que se nos antoja tortuguesco.
 Esta “calma” –que no es calma- nos hace reflexionar ventajosamente sobre ciertas circunstancias de la lucha, inclinados como estamos todos más bien a lo espectacular y a la truculencia que a la normalidad

a) Ante todo, el hecho, es decir la realidad que se ha desarrollado esta semana.
En el extremo sud, los germanos han ocupado la totalidad de la costa meridional de Crimea, en una extensión de unos 150 kilómetros accidentados, descendiendo de los altos pasos de la cordillera que ribetea esas playas famosas. Con ellas ha caído Jalta, la capital de esa ribera balnearia, que en los días dorados de los zares recibía al amanerado rebaño de lindas grandes duquesas, que iban a esas lejanías desde Peterbursgo a recuperar fuerzas perdidas y salud desgastada, y a desgranar –la eterna comedida de amor- sus días sentimentales tras un galante oficial o un violinista de enrevesadas melenas. Y no menos ahora, en los días rojos de los Comisarios soviéticos. Jalta era muy frecuentado también en estos tiempos por los altos políticos, que venían aquí a rehacer energías. Si las desgastaban, además, por los senderos del amor, es cosa que no sabemos: un secreto absoluto rodea la vida sentimental de los dioses del olimpo bolchevique.
 Las tropas alemanas están a estas horas sitiando las dos ciudades extremas de la península. A poniente, Sebastopol, el famoso puerto militar ruso de todos los tiempos, llave del mar Negro; a oriente, la pequeña urbe de Kertsch, la cual, si demográficamente carece de importancia (unos 30.000 habitantes probablemente), la tiene enorme por constituir el último reducto crimeano que defiende el salto al Kuban antecaucásico, a orillas del estrecho –muy estrecho- de Yenikalé. Detrás de él esta vigilando nerviosamente Timoschenko, que se vanta de poder defender solo la antepuerta del Cáucaso, deseoso de no necesitar la ayuda del ejército británico sin británicos, que espera su hora en el Irán, al atrayente olor de los espesos petróleos caucasianos. 
 Al decir que los germanos son dueños de esa gran península, no se quiere afirmar que, tras ellos, no existan todavía focos enemigos. El avance fue demasiado rápido, llegando en tan pocos días a capturar una región mayor que Suiza, para que no queden todavía núcleos de resistencia retaguardiera. El principal parece estar en la ciudad de Eupatoria, en la costa occidental, donde un fuerte núcleo de cercados se defiende gallardamente para ver de tocar al mar y saltar a algún vapor que los transporte al Cáucaso.
 No se hará esperar la limpia absoluta de la península, sin quedar rusos a la retaguardia. Sebastopol es cañoneado por artillería de calibre y bombardeada constantemente desde el cielo. A ejemplo de Odesa, su resistencia indefinida no traería ventaja alguna a los sitiados, desde que sus naves de guerra no pueden permanecer en el puerto, expuestas a un hundimiento seguro.
 El mapa de la portada nos muestra este campo de batalla meridional, con la ubicación de las ciudades nombradas y la situación de la línea de fuego alemana a ambos extremos de la península.
 En el extremo contrario, zona de Leningrado (mapa 2), una imprevista embestida ha tenido lugar, apoderándose los germanos de la ciudad de Tichvin, en la línea férrea que de Leningrado va a la ciudad de Vologda, cuya situación es bueno observar detenidamente. La embestida cogía de sorpresa a los rusos que dejaban en manos alemanas varios miles de prisioneros y abundante material, amén de la ventaja de ser esa ciudad nudo de caminos en las estepas norteñas.   
 Al decir que está esta ciudad en la línea férrea que va a Vologda, queda evidenciado que el adjetivo “imprevisto”, que hemos usado en el párrafo anterior, es impropio, o, cuando menos, muy discutible. El lector es testigo de la importancia que hemos dado constantemente a la